‘Emigrantes’

Los medios de comunicación nos ofrecen cada día noticias impactantes sobre los millones de personas que se ven forzadas a dejar su tierra para huir de la guerra, del hambre o de la persecución por razones económicas, religiosas o políticas. La contemplación de la realidad nos dice que estas migraciones forzadas son una amenaza y un riesgo, sobre todo, para la vida y la seguridad de los mismos migrantes.

En el camino hacia la “tierra prometida”, estos hermanos suelen encontrarse con traficantes sin escrúpulos, vinculados con frecuencia a la venta de drogas y de armas, que los explotan económicamente, los humillan en su dignidad, los someten a todo tipo de vejaciones y los tratan como simples objetos de consumo.

Cuando llegan hasta nosotros, muchas veces, en vez de encontrar la acogida, la protección y la seguridad que merecen y esperan, son vistos con recelo y con miedo. Estos miedos, que condicionan frecuentemente nuestra forma de pensar y de actuar en la relación con los emigrantes, nos privan también del encuentro fraterno con los otros y del encuentro con el Señor, que ha querido identificarse con cada uno de ellos. El individualismo y la defensa a ultranza de nuestros derechos pueden conducirnos, sin ser conscientes de ello, a la búsqueda de los propios intereses, impidiéndonos ver el sufrimiento de los necesitados y escuchar los gritos de dolor de los emigrantes y refugiados. ¡Cuánto sufrimiento y dolor soportan cada día estos hermanos para encontrar un lugar donde poder vivir con paz y dignidad!

Ante esta realidad nadie debería cerrar los ojos o mirar para otro lado como si el

problema no fuese con él. Como hijos de un mismo Padre, además de acoger con profundo respeto y cariño a los emigrantes, deberíamos poner los medios para que otros puedan contemplarlos como hermanos, que han de ser acogidos, acompañados y respetados, para construir con ellos un mundo más fraterno y solidario.

La celebración de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, el día 29 de septiembre, es una magnífica ocasión para dar gracias a Dios por el servicio generoso de los miembros de la Delegación de Migraciones, de Cáritas y de otras instituciones eclesiales que acogen, acompañan, cuidan y protegen a los migrantes y refugiados. Al mismo tiempo, es una oportunidad para pedirle al Señor que conceda esperanza y fortaleza interior a los emigrantes ante las dificultades del camino.

La contemplación del rostro de Cristo en la oración tiene que ayudarnos a descubrirle presente, especialmente, en el rostro de aquellos con los que Él mismo ha querido identificarse. No es posible decir que amamos a Dios, a quien no vemos, si no amamos a los pobres y marginados, con los que compartimos cada día nuestra vida.

Con mi sincero afecto y bendición, feliz día del Señor.

 

+ Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.