XI Simposio de Derecho Matrimonial y Procesal Canónico

Simposio de Derecho Matrimonial y Procesal Canónico
Asistentes al Simposio de Derecho Matrimonial y Procesal Canónico

Simposio de Derecho Matrimonial y Procesal Canónico, que se celebra esta semana en la Diócesis de Granada, en cuya primera ponencia se abordó la incidencia en los procesos de nulidad matrimonial de la adicción al sexo o pornografía por parte de alguno de los cónyuges.

Durante esta semana, jueces, abogados, defensores del vínculo, peritos, psicólogos y terapeutas de toda España vuelven a congregarse un año más al inicio del curso académico en el marco del Simposio de Derecho Matrimonial y Procesal Canónico, que este año cumple su XI edición, con el tema “El matrimonio hoy, situaciones y circunstancias”.

Organizado por el Tribunal Eclesiástico de Granada, el Simposio aborda cuestiones actuales a las que se enfrentan los profesionales que trabajan en el ámbito de los Tribunales Eclesiásticos a la hora de afrontar especialmente las nulidades matrimoniales.

Adicción al sexo y nulidad matrimonial

Una de esas cuestiones emergentes, desarrolladas en los últimos años y fomentada por la sociedad globalizada y constantemente conectada por las redes sociales y el auge de internet en este siglo XXI, es la pornografía y adicción al sexo, tema que ha abordado en la primera sesión de este Simposio D. Francisco Carrasco, Juez en el Tribunal Eclesiástico del Obispado de Jaén. Carrasco, que ha investigado la relación entre adicción al sexo y nulidad matrimonial y ha publicado una sentencia sobre dicha relación, subrayó que ésta es una cuestión que a partir de ahora habrá de tenerse en cuenta a la hora de plantear las demandas en los tribunales.

Y es que –como explicaba el juez del Tribunal Eclesiástico de la Diócesis jiennense- los profesionales que afrontan estos casos de nulidad matrimonial deben tener en cuenta todos los aspectos y no quedarse en el argumento recurrente de la inmadurez afectiva, para afrontar situaciones como la adicción al sexo y el consumo de pornografía que son causas directas de una ruptura matrimonial y de la destrucción de la persona. Carrasco, que habló de un auge en los últimos años de estas situaciones, fomentada también desde los medios de comunicación o la publicacidad, o las aplicaciones de citas por internet, que contribuyen en ocasiones a banalizar la relación afectivo-sexual, concluyó que es necesario que tanto jueces como psicólogos, y los profesionales vinculados a los Tribunales Eclesiásticos, a la hora de afrontar la instrucción de una nulidad deben antes hablar, y preguntar más y profundizar verdaderamente en los motivos que llevan a esa nulidad.

En este sentido, Carrasco reconoció que es difícil por el rubor que conlleva a los cónyuges y a quienes instruyen las causas preguntar estas cuestiones personales, pero es necesario hacerlo. «Yo insisto en que seamos conscientes de que un porcentaje muy alto de personas que asisten a nuestros tribunales vienen con un desarrollo psico-afectivo sexual con problemas y eso ha tenido mucho que ver en el fracaso de su matrimonio. Entonces, es una cuestión que, sin moralismos, lo afrontamos desde un punto de vista psicológico y desde un punto de vista canónico, es decir, la incidencia de ese problema en la nulidad o no de ese matrimonio”. “Que lo abordemos sin miedo y siempre queriendo ayudar a las personas”, destacó.

“Es un problema no sólo de derecho canónico, que se puede plantear en un problema de nulidad en un matrimonio, sino que también es un problema personal y también pastoral”, explicó D. Francisco Carrasco, que recordó que en la actualidad el consumo de pornografía está normalizado en el contexto de los medios de comunicación, la publicidad, el cine o internet. “La pornografía afecta a la unidad y fidelidad conyugal”, señaló D. Francisco Carrasco, que explicó cómo, según los estudios y publicaciones sobre este tema, estos comportamientos se dan más en los hombres que en las mujeres, quienes además sufren más las consecuencias de estas situaciones.

El Simposio propone una mirada multidisciplinar a la hora de afrontar los casos. Por ello, en su programa aborda también cuestiones referidas al ámbito de terapia familiar. En la misma jornada, y con el título “Identidad personal y matrimonio”, la psicoterapeuta Mª Carmen Boceta partía del don que es ser creados por Dios y el amor también en la diferencia y complementariedad entre el ser hombre y el ser mujer, entre el lenguaje femenino y el lenguaje masculino. «Mi vida es relación con el Misterio y es don. Se trata de trasladar esto al matrimonio, porque muchos no ven a la otra persona como don», explicó Boceta.

La Eucaristía, relación esponsal

Por su parte, en su saludo de bienvenida a los participantes, nuestro arzobispo Mons. Javier Martínez destacó la profundidad que tiene el amor esponsal en relación con el Amor de Dios, y recordó el magisterio de san Juan Pablo II, que habló de la teología de los cuerpos y una antropología que tenía en cuenta la totalidad de la persona. Una totalidad que mira a la otra persona como Dios nos mira.

En este sentido, Mons. Martínez recordaba que la sociedad globalizada en la que hoy vivimos incide especialmente en la vida matrimonial y subrayaba también –recordando a san Juan Pablo II- la vocación de la Iglesia y de cada cristiano, especialmente desde ámbitos como los Tribunales Eclesiásticos, de acompañar a los matrimonios de forma concreta. Para ello, es necesario conocer a los cónyuges y acompañarlos en sus dificultades y preocupaciones. “Acompañamos a seres humanos y eso significa escuchar y quererles bien”, explicó D. Javier.

La primera jornada concluyó con la Eucaristía en el monasterio de la Cartuja, con los participantes del Simposio, y en cuya homilía nuestro arzobispo explicó que la Santa Misa es “una relación esponsal” y donde los matrimonios aprenden a ser esposos.

(Paqui Pallarés, Archidiócesis de Granada)

 

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