En la misión: «¿Qué quieres que haga por ti?»

Introducción
En estos cuatro últimos años hemos realizado un camino largo en nuestra archidiócesis de Madrid. Ha venido marcado fundamentalmente por procesos, aunque hemos vivido también algún evento que nos ha ayudado a profundizar en ellos. Ha sido un camino marcado por la necesidad de abrir a todos los hombres a la alegría que nace de la fe, la esperanza y el amor, fruto del encuentro con Jesucristo que engendra en el corazón de todos esa pasión por darlo a conocer. Creemos que Él es la Vida, el Camino, la Verdad, y la Salvación para toda la humanidad. Y con este convencimiento asumimos y queremos
vivir con todas las consecuencias las palabras del Papa Francisco: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo, siempre nace y renace la alegría. Me parece tan importante que a todos los fieles cristianos los quiero invitar a una nueva etapa evangelizadora, marcada por esa alegría, indicando, así, caminos para la marcha de la Iglesia, en los próximos años»1.

El Papa Francisco nos recuerda que «también los creyentes corren el riesgo […] Y muchos caen en él, y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida»2. Precisamente para no caer simplemente en la queja, hemos estado tres años realizando el Plan
Diocesano de Evangelización, el PDE como lo hemos venido llamando, que lo que pretendía era que los propios cristianos, a través de grupos de reflexión y trabajo y con el método de la lectio divina3, fuesen descubriendo entre todos, con todos y para todos los retos que consideraban más urgentes que acometer en la misión de la Iglesia diocesana en estos momentos. Quiero manifestar aquí mi agradecimiento a todos los grupos de parroquias, comunidades e instituciones diversas de la Iglesia que han realizado este trabajo y que, como ellos mismos han manifestado, han visto que el origen de nuestra alegría es el encuentro con Jesucristo. En definitiva, las palabras del Papa Francisco se hicieron evidentes en estos grupos: «Nos hace tanto bien volver a Él, cuando nos hemos perdido! […]. ¡No huyamos de la resurrección de Jesús!, ¡nunca nos declaremos muertos!, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida, que nos lanza hacia adelante!»4.

Después de los trabajos de estos tres años del PDE, recopilando todo lo que los grupos han aportado y que se recoge en el Documento final del Plan Diocesano de Evangelización5, discerniendo las aportaciones de todos los grupos, se han concluido tres líneas de fuerza que coinciden con algunos de los temas tratados en los últimos Sínodos: familia, jóvenes y presencia de los laicos en la vida social. Será sobre estas tres líneas sobre las que trabajemos y diseñemos el Plan Misionero Diocesano (PDM). Hemos de cuidar el estilo de evangelizar, de realizar la misión. Lo hemos de hacer desde una convicción que deberíamos tener clara, expresada también por el Papa Benedicto XVI: «La Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción»6.

¿Dónde está el lugar preferente de la misión? Podemos decir que «la actividad misionera representa, aún hoy día, el mayor desafío para la Iglesia […] y que la causa misionera debe ser la primera. Tomarnos en serio estas palabras significa reconocer que la salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia […], nos hace falta pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Esta tarea sigue siendo la fuente de las mayores alegrías para la Iglesia»7.

Desde estas convicciones quiero acercar a vosotros esta carta pastoral que os escribo al iniciar el primer año del Plan Diocesano Misionero. Quiere ser coherente con lo que al inicio de mi ministerio episcopal en Madrid comenzamos. Todos sabéis la gracia que ha sido el curso pasado el celebrar el Año Jubilar Mariano. Tenía un fin muy preciso: aprender junto a María a ser discípulos misioneros. Con María, discípulos misioneros de Jesucristo, como decía el lema. Os confieso que para mí fue un año de gracia el contemplar, vivir y anunciar que en María nuestra Madre tenemos el prototipo del discípulo misionero. Fue una gracia recibir las peregrinaciones de vicarías, algunos arciprestazgos, asociaciones, movimientos, colegios e instituciones muy diversas, así como impartir tres catequesis sobre el santo rosario en cada una de las ocho vicarías de la diócesis.

Pero lo más importante es volver hoy a constatar junto a vosotros que «pueden ser diferentes los caminos, pueden ser variadas las metodologías, son distintas las espiritualidades», pero sabiendo que «en la Palabra de Dios, aparece permanentemente este dinamismo de salida, que Dios quiere provocar en los creyentes […]. Todos somos llamados a esta nueva salida misionera […]. Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar esta llamada: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio»8. Quiero daros las gracias a todos los sacerdotes y miembros de la vida consagrada y al laicado por el protagonismo que tenéis en hacer verdad que «la Iglesia sabe involucrarse […]. La comunidad evangelizadora se mete, con obras y gestos, en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación, si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente
de Cristo en el pueblo. Los evangelizadores tienen así olor a oveja y estas escuchan su voz»9.

(Sigue…)

Cardenal Carlos Osoro,

Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.