Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

El domingo 29 de septiembre celebramos la Jornada mundial del migrante y del refugiado. En un mundo en el que no cesan los conflictos, las injusticias, las discriminaciones ni los desequilibrios económicos y sociales, “son los pobres y desfavorecidos quienes más sufren las consecuencias de esta situación” (Mensaje del papa Francisco). La presencia de personas de otros países y culturas que han tenido que dejar su tierra, es un fenómeno que forma parte de nuestra cotidianidad. La mayoría de ellos lo han hecho movidos por el deseo legítimo de buscar mejores condiciones de vida y asegurar, de este modo, un futuro digno para su familia; o huyendo de situaciones de conflicto; o buscando una vida en libertad, un lugar donde se respeten los derechos humanos. El papa Francisco quiere que esta jornada nos ayude a reflexionar la respuesta que como cristianos hemos de dar ante un fenómeno que no deja indiferente a nadie.

La reacción normal en una sociedad económicamente avanzada es ver al extranjero como un problema. De este modo asistimos a una “globalización de la indiferencia” frente a los migrantes, refugiados, desplazados y víctimas de la trata de personas, que “se han convertido en emblema de la exclusión porque, además de soportar dificultades por su misma condición, con frecuencia son objeto de juicios negativos, porque se les considera responsables de los males sociales”.

El Papa, en el mensaje que ha dirigido a la Iglesia para esta jornada y en muchos de los gestos de su pontificado, hace un llamamiento a nuestra conciencia cristiana para que nos planteemos si el problema está en ellos o en nosotros: en los miedos que tenemos a los desconocidos, marginados o forasteros hasta el punto de que nos convertimos en personas intolerantes “y quizás, sin darnos cuenta, incluso racistas”; en la falta de caridad hacia quienes no pueden corresponder y tal vez ni siquiera dar gracias; en la falta de humanidad, que nos hace perder la capacidad de compadecernos; en nuestro mundo desarrollado que, para defender sus intereses económicos, provoca conflictos en las regiones más pobres del planeta; en la resistencia a hacer vida las palabras de Jesús, que nos invita a poner en primer lugar a los últimos; en la incapacidad de nuestra sociedad para generar un sistema político y económico en el que la persona ocupe el primer lugar. No se trata solo de migrantes, sino de todos nosotros: “A través de ellos, afirma el Papa, el Señor nos llama a una conversión, a liberarnos  de la indiferencia y de la cultura del descarte, a reapropiarnos de nuestra vida cristiana en su totalidad y a contribuir a la construcción de un mundo que responda cada vez más al plan de Dios”.

Para ello, el Papa nos vuelve a recordar las cuatro actitudes que los cristianos hemos de cultivar para responder a este hecho: acoger, proteger, promover e integrar. Y nos advierte que “estos verbos no se aplican solo a los inmigrantes y a los refugiados. Expresan la misión de la Iglesia en relación a todos los habitantes de las periferias existenciales”. Y es que muchas veces ocurre algo que nos cuesta admitir: que el miedo al inmigrante es, en realidad, miedo al pobre; que la xenofobia esconde muchas veces aporofobia.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
Acerca de Mons. Enrique Benavent Vidal 139 Artículos
Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España.CARGOS PASTORALESEn su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana.Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral.Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004.El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.