«Virgen de la Merced, princesa de Barcelona»

El 10 de agosto de 1218, en la catedral románica de Barcelona, se celebró el acto fundacional del Orden de la Merced (los mercedarios) que ha quedado grabado para siempre en la memoria de nuestra historia religiosa. El próximo martes, precisamente, celebraremos la Solemnidad de la Virgen de la Merced, patrona de nuestra ciudad desde 1687.

El año pasado, la familia mercedaria celebró su año jubilar con motivo del 800 aniversario de aquella efemérides. Este año propuso que tengamos en cuenta dos rasgos característicos y genuinos de la Virgen de la Merced: la redención de cautivos y la acogida de forasteros.

¿Qué sentido tiene hoy la redención de cautivos? Las cautividades modernas en el mundo occidental tienen poco que ver con antiguas esclavitudes  en tierras extranjeras, esclavitudes forzadas por conquistas, incluso, con penas de prisión en países lejanos. Las nuevas formas de esclavitud se han sofisticado de tal manera que, incluso, pueden ser imperceptibles: podemos estar sutilmente encarcelados sin ser conscientes de nuestro encarcelamiento.

Hoy, la Virgen de la Merced sigue siendo redentora de aquellos que se sienten atrapados en formas de dependencia que nos ofrece la sociedad actual. Por ejemplo, muchos jóvenes están atrapados en la prisión de una pantalla,  en la adicción a mundos de fantasía propiciados por tecnologías mal utilizadas, atraídos por la singularidad de egos mal entendidos. Estos jóvenes esperan aplausos remotos y no saben disfrutar del contacto cotidiano más cercano. Muchas personas también se han encontrado sin fuerza, anuladas en medio de la oscuridad, en la dependencia de las drogas y otras adicciones o en la explotación sexual, cuando tal vez intentaban encontrar alivio y alguna solución en su vida.

Estos son algunos ejemplos de las esclavitudes del siglo XXI, formas de encarcelamiento que, finalmente, convierten la vida en un callejón sin salida. La Virgen de la Merced, «princesa de Barcelona», como escribió Jacint Verdaguer, en su advocación de redentora de cautivos, nos quiere ayudar a liberarnos de estas formas modernas de «cautiverio». Bajo su amparo, sentimos el afecto de quien nos quiere y disfrutamos de la alegría de vivir.

La Virgen de la Merced también es la madre que acoge a sus hijos forasteros. Es la madre de personas desesperadas por circunstancias extremas, que huyen de situaciones de peligro y de miseria. Nuestra patrona les acompaña hacia una vida mejor, recorriendo un camino que transforme su existencia. María, nuestra Madre, nos anima a acoger con el corazón abierto a todos aquellos que, de una manera u otra, son cautivos de vidas de sufrimiento y de dolor, y que, después de dejar sus países, aquí encuentran un poco de luz.

Queridos hermanos y hermanas, que la Virgen de la Merced nos libere de toda esclavitud y nos dé fuerza para acoger y ayudar a todos aquellos que buscan nuevas oportunidades en nuestra diócesis.

+ Card. Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire.El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño.Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.