La Virgen de la Merced

La celebración  de la Virgen de la Merced, advocación mariana vinculada al compromiso liberador que la orden de los mercedarios ha vivido desde sus orígenes y que todavía hoy mantiene vivo por su presencia en tantos centros penitenciarios, nos ofrece la ocasión para que en nuestras comunidades cristianas recordemos a quienes están privados de libertad. También debemos conocer y valorar el testimonio de los voluntarios que, en fidelidad a su compromiso evangélico y en comunión con la Iglesia, colaboran en la pastoral penitenciaria. Ellos, con su presencia, su actitud de escucha y acompañamiento personal, con pequeños gestos de solidaridad y el testimonio de la fe siembran esperanza en la vida de muchos presos.

Quienes colaboran en la pastoral penitenciaria deben ver a los presos con la mirada que nace de la fe. Esto les lleva a tener claro, en primer lugar, que la persona privada de libertad en cumplimiento de una pena, sea cual sea el delito que haya cometido, no pierde la dignidad de ser humano y, por tanto, puede reorientar su vida. Para un cristiano cualquier persona es, además, un hijo de Dios amado por el Padre con un amor fiel. Ayudarles a recordar que, a pesar de que muchas veces puedan pensar que nadie les ama, Dios continúa amándoles, les puede llevar a tomar conciencia de la grandeza de su dignidad como personas y como hijos de Dios. Los creyentes no podemos olvidar tampoco que Jesús se ha identificado con ellos: “estuve en la cárcel y vinisteis a verme”. Lo que se les haga a ellos se lo estamos haciendo al Señor.

Esta visión cristiana nos lleva a no caer en el peligro tan extendido en nuestra sociedad de entender la justicia y las penas como un castigo o venganza por lo que hayan podido hacer. Esta actitud no es cristiana y tampoco soluciona los problemas de la sociedad ni de las personas, porque impide que puedan crecer en el bien que hay en todo ser humano.

El trabajo de los voluntarios cristianos en los centros penitenciarios, desde la relación y el acompañamiento personal, busca humanizar en la medida de lo posible a la persona, servir de puente entre la sociedad y la cárcel, sensibilizar a la comunidad cristiana, ayudarnos a no caer en actitudes anticristianas ante estas situaciones y evangelizar, que es el camino de la Iglesia para sembrar el Reino de Dios en nuestro mundo. Muchas veces han visto como algunos se han encontrado con Dios en este entorno, donde la privación de libertad conduce a muchos a sentirse abandonados por su familia y a la soledad. El encuentro con Dios les hace recuperar la esperanza. Los voluntarios quieren ayudar a los reclusos a superar la desorientación y confusión que se produce cuando se ingresa en prisión y a encontrar sentido a su vida, tanto en este tiempo como cuando recuperan la libertad.

Que la Virgen de la Merced nos ayude a todos a tener una mirada cristiana sobre las personas privadas de libertad y a valorar el testimonio y el trabajo de los dos grupos de pastoral penitenciaria que tenemos en nuestra diócesis.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.
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