Dios íntimo y actual

Se equivocan quienes piensan que el Dios cristiano solamente está al inicio de todo y al final de la historia, de manera que deja a la persona humana la inmensa tarea de gestionar el mundo en solitario, con su sola inteligencia y libertad. Algunas parábolas que utilizó Jesús pueden dar pie a pensar que es así (“Un rey se fue de viaje y dejó…”; “una vez un propietario plantó una viña…”, etc.) Pero con estas parábolas Jesús únicamente pretendía apelar a nuestra responsabilidad y, en todo caso, prevalece aquella palabra decisiva que Él nos dijo despidiéndose: “Estoy con vosotros todos los días, cada día, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). “No os dejaré huérfanos… El Espíritu vendrá a vosotros” (Jn 14,18).

Iniciar una tarea, proyectar un curso, y hacer de ello motivo de oración, requiere pensar en el “hoy de Dios”. Esto significa recordar que nuestro Dios es el Dios de la historia humana: ni un instante, ni un lugar, ni un movimiento del corazón humano, escapa a su mirada ni a su posible acción; su amor es permanente y universal. Él ha querido estar presente en todo y a cada instante, y así desea ser encontrado.

Esta es una de las razones por las cuales Jesucristo deseó fundar una Iglesia. En ella, por medio de su Espíritu, quiso estar presente, cercano y visible a todos y cada uno de los seres humanos, de cualquier lugar y tiempo. Éste es el sentido profundo de todo cuanto existe en la Iglesia.

Ordenamos dos nuevos sacerdotes para nuestra Diócesis. Es un verdadero don de Dios para nuestra Iglesia. Ellos también están al servicio del “hoy de Dios”, del Dios presente y cercano, que se quiere hacer accesible a su Pueblo y a cualquier hombre o mujer que lo busque. Ellos forman parte de esa gran mediación, ese gran instrumento de la presencia y la acción del Espíritu de Jesucristo en el mundo y en la historia. Los presbíteros, sacerdotes y ministros ordenados, han nacido de aquella voluntad de Dios de acompañar nuestras vidas como solo Él, Dios amor, Padre de Jesucristo puede y desea hacerlo.

Aunque esta voluntad de Dios cercano a nuestras vidas más cotidianas y concretas se realiza mediante toda la Iglesia (todo el Cuerpo de Cristo, laicos, consagrados, ordenados), pero los presbíteros son una presencia totalmente especial y absolutamente necesaria: son presencia de ese amor, propio de Cristo como Pastor y Cabeza.

Nunca nos dejará de sorprender este misterio. ¿Cómo es esto posible?; ¿quién es capaz de llevar adelante esta misión? En realidad, como respondió Jesús a una pregunta semejante de sus discípulos, “para los hombres esto es imposible, mas para Dios todo es posible” (cf. Mt 19,26).

Jordi Mondragón y Javier Ojeda se han preparado durante años para poder ofrecerse humildemente a la Iglesia, de forma que en ella y con ella el Espíritu les tome a su servicio y les convierta en presencia de amor pastoral. Sólo quien haya intentado penetrar en la riqueza del sacerdocio ministerial, adivina la magnitud del reto que comporta para una vida humana: ¿qué palabra, qué mirada, qué rostro, qué trabajo, qué afecto, qué inteligencia, qué oración, qué personalidad, requiere el “hoy de Dios”, el amor específico pastoral, que hace a nuestro Dios una presencia tan íntima y cercana?

No nos han de preocupar tanto nuestros méritos o deficiencias, cuanto la confianza agradecida en Dios, que ha querido amarnos “humanamente” por medio de su Iglesia.

 

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia.Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998.El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat.En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades.En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.