“Me gustaría que el encuentro del 28 de septiembre fuera una expresión de acción de gracias, de alegría y de comunión”

Ha sido este verano especialmente mariano, así como también lo será este próximo fin de semana. Estos días ha predicado la novena de la Virgen de la Cinta.

Pues sí. Para mí ha sido una experiencia muy bonita el poder, durante unos días, reflexionar sobre la Virgen, que nos ayuda a encontrar nuestra identidad cristiana, como modelo de la vida del discípulo. El hecho de haber estado varios días orando con tantas personas que asisten a la Catedral y haciendo esa contemplación más reposada de la Virgen ha sido para mí una experiencia muy estimulante y muy positiva.

El próximo 28 de septiembre tenemos una cita en La Rábida para celebrar juntos la finalización del Plan Diocesano de Evangelización y conocer los objetivos de cara al próximo curso.

El encuentro tiene, sobre todo, el sentido de dar gracias a Dios por estos cuatro años de Plan Diocesano de Pastoral. La clausura es un momento en que nos damos cuenta de que hemos trabajado juntos, marcamos etapas de tiempo y, en este plan, lo que hemos querido resaltar es “La alegría de ser y vivir como cristianos hoy en Huelva”. Es una experiencia en que tantos grupos, que a veces no se conocen, tienen la oportunidad de dar gracias, verse y expresar la alegría juntos. El toque que ha tenido el plan de pastoral es que las parroquias sean familias de familias, es decir, ese sentido de la alegría por compartir la misma fe, por conocer a Jesucristo, junto a la responsabilidad de presentarlo a nuestro mundo. Yo invito a que tengamos esa experiencia de alegría y de comunión. A veces conocemos nuestro grupo y nuestra parroquia, pero no el conjunto de nuestra diócesis y a mí me gustaría que este encuentro fuera una manifestación de tantos dones como el Señor reparte entre nosotros a través de carismas, de grupos, de personas que trabajan en la catequesis, en la caridad, en la liturgia, en las parroquias… En definitiva, que sea una acción de gracias y un momento de alegría por ser miembros de esta gran familia diocesana.

 Como balance, ¿Qué destacaría de lo vivido estos últimos cuatro años en cada una de las vicarías?

En el caso de la Transmisión de la Fe, el encuentro de catequistas fue algo muy festivo y hermoso. Hay que reconocer la labor de los catequistas, que día a día dedican tiempo a los niños y a los adolescentes para que puedan conocer el mensaje de Jesucristo. En cuanto a la Celebración de la Fe, el esfuerzo que se ha hecho por la formación de los hermanos y por resaltar la caridad en las hermandades. Yo estoy muy agradecido porque, gracias a ese gesto del euro, podemos llevar adelante algunas iniciativas de servicio a otros hermanos que lo necesitan. En ese sentido, conectamos con la vicaría para el Testimonio de la Fe, que ha marcado un estilo muy promocional. Es muy importante que las personas no se limiten solo a recibir unas ayudas, sino que encuentren la oportunidad de desarrollar sus mejores cualidades para que puedan ser autónomas. La Iglesia no quiere crear dependientes sino personas que puedan descubrir lo que pueden hacer por sí mismas.

Y este curso vamos a volver la mirada a los jóvenes, ¿no es así?

Sí, yo creo que es un objetivo prioritario para este curso que realmente responde a lo que la Iglesia ha querido hacer en los últimos años. El sínodo de los jóvenes, el encuentro del Papa con ellos… Los jóvenes son, de alguna manera, el símbolo de nuestro mundo, por las nuevas formas de comunicarse y los nuevos retos, los encuentros con ideologías que chocan con la vida cristiana… Como ha dicho el Papa, no solo son futuro, sino también presente. Precisamente, este verano hemos organizado un campamento para promover una misión juvenil y lo que queremos el próximo curso, sin descuidar el día a día, es centrarnos en cómo podemos acercar el Evangelio a los jóvenes, cómo escucharles, cómo darles cabida en nuestras comunidades y cómo contar con ellos para que sean los mejores evangelizadores de sus propios compañeros jóvenes.

+ José Vilaplana

Obispo de Huelva

Mons. José Vilaplana Blasco
Acerca de Mons. José Vilaplana Blasco 34 Articles
Nació en Benimarfull, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia, el 5 de diciembre de 1944. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario metropolitano de Valencia, recibiendo la ordenación sacerdotal el 25 de mayo de 1972. Durante el curso 1980-1981 realizó estudios de Teología Espiritual en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Tras su ordenación sacerdotal desarrolló su ministerio, de 1972 a 1974, como coadjutor en la parroquia Cristo Rey de Gandía (Valencia). Desde ese año y hasta 1980 fue Rector del Seminario menor de Játiva y Responsable del Instituto de BUP de la misma población. Fue Vicario Episcopal de la zona de Alcoy-Onteniente y párroco de Penáguilla, Benifallim y Alcolecha entre 1981 y 1984. En 1984 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante). El 20 de noviembre de 1984 fue nombrado obispo auxiliar de Valencia y recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. El 23 de agosto de 1991 fue trasladado a la sede episcopal de Santander. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión Episcopal del Clero. Con fecha 17 de julio de 2006, fue nombrado por S.S. el Papa, Benedicto XVI, Obispo de Huelva, sede de la que toma posesión el día 23 de septiembre de 2006.