Beatificación de Benedetta Bianchi

Beata Benedetta Bianchi
Beata Benedetta Bianchi
El 14 de septiembre a las 10.30 horas en la Catedral de Forlì, se llevaba a cabo la beatificación de Benedetta Bianchi. La ceremonia era presidida por el Cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, junto con el próximo Cardenal Matteo Zuppi, Arzobispo de Bolonia en compañía de otros obispos.
Benedetta nació en Dovadola, un pequeño pueblo de la provincia de Forlì, el 8 de agosto de 1936. A los tres meses enfermó de polio: se recuperó, pero permaneció con una pierna más corta que la otra. A pesar de su estado de salud, se matriculó en la Facultad de Física de la Universidad de Milán, pero al cabo de un mes se trasladó a la Facultad de Medicina. Fueron precisamente estos estudios los que le permitieron, en 1957, reconocer por sí misma la naturaleza de la enfermedad que entretanto la había dejado ciega y progresivamente sorda: la neurofibromatosis generalizada o la enfermedad de Recklinghausen.

Murió en su casa de Sirmione a las 10:40 de la mañana del 23 de enero de 1964, a la edad de veintisiete años, con un «Gracias» como última palabra. Desde el 22 de marzo de 1969, sus restos mortales descansan en la iglesia abacial de San Andrés de Dovadola. Fue declarado Venerable el 23 de diciembre de 1993. El 7 de noviembre de 2018, el Papa Francisco autorizó la promulgación del decreto sobre un milagro obtenido por intercesión de Benedetta.

Fiesta de la Exaltación de la Cruz

El Cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, en la homilía afirmó: “La cruz nos muestra a un Dios que nos ama, que no permaneció impasible y distante de nosotros, sino que vino entre nosotros, compartió nuestros sufrimientos y se sacrificó por nuestra redención”, y continuó: “La cruz de Cristo continúa hoy dando testimonio del amor imparable de Dios que, con su poder de misericordia y perdón, supera la arrogancia del odio y del mal. Sólo el amor de Dios puede liberarnos de las inconsistencias y redimirnos de la esclavitud del pecado y de la muerte”.

Benedetta Bianchi, testigo de la cruz

El Cardenal Becciu describe cómo Benedetta Bianchi es una verdadera testigo de la cruz: “Ella sacrificó su vida siguiendo el ejemplo de Jesús y en unión con Él. Nos encontramos ante una existencia fascinante: la grandeza humana y espiritual de una joven extraordinariamente dotada, que supo superar valientemente y traducir en clave evangélica las condiciones más negativas que pueden acompañar a un individuo. Una chica guapa, dotada de inteligencia y rica en personalidad, pronto se transformará por patologías debilitantes y por dolores insistentes y apremiantes, que desfigurarán su cuerpo. Al final, todo su cuerpo se había convertido en un crucifijo viviente: sordera, ceguera, parálisis, insensibilidad, privación del sentido del olfato y del olfato, afonía, casi la cancelación de la comunicación con las personas y el medio ambiente”.

Todo este caminar lleno de sufrimiento, no la aleja de Dios, al contrario, afirma el purpurado: “Si toda su vida estuvo bajo el signo creciente del sufrimiento, fue también bajo el signo creciente de la santidad, que fue notada por la gente que se acercó a ella y recibió de sus maravillosas enseñanzas de fe y caridad”.

Debilidad humana y fortaleza divina

Becciu subraya que “Su espíritu aparece más exuberante y claro a medida que sus energías y posibilidades corporales disminuyen. En este estado, mezclado con la debilidad humana y la fortaleza divina, su principal característica será la alegría”. El Cardenal insiste: “Benedetta irradiaba paz, serenidad y fe a sus jóvenes amigos que constantemente rodeaban su cama y sobre los que ejercía una profunda influencia”.

La eucaristía, su alimento indispensable

“La Eucaristía era su alimento espiritual indispensable; quería la comunión todos los días, así como necesitaba alimento material todos los días”. El Cardenal cita las palabras de Benedetta: «En mi prueba no estoy desesperada. Sé que Jesús me espera al final del camino. He encontrado que Dios existe y eso es amor, fidelidad, alegría y certeza hasta la consumación de los siglos. Pronto no seré más que un nombre, pero mi espíritu vivirá aquí entre los míos, entre los que sufren, y no habré sufrido en vano tampoco».

Benedetta Bianchi. Beata

La historia de Benedetta, entrelazada con el amor a la vida y las pruebas cada vez más dolorosas, nos muestra a toda la centralidad permanente del Crucificado en la experiencia cristiana y nos hace redescubrir el carácter salvífico del dolor humano cuando se vive como Jesús en la cruz. El humanismo cristiano tiene en este joven beato un nuevo testimonio, precisamente por la paradójica plenitud de vida vivida en condiciones cruciales: el sufrimiento humanamente insoportable, cuando se une al sufrimiento de Jesús, se transforma en una auténtica experiencia mística y en un apostolado excepcional, realizando lo que falta en la pasión de Cristo.

Becciu recuerda las palabras pronunciadas por la madre de Benedetta: “Las palabras con las que la madre de Benedetta resumió la vida de su hija resuenan con profecía: «Murió con nosotros para que aprendiéramos a vivir» (Informatio., 81). Sí, Benedetta nos enseña hoy, a poner la construcción de nuestra existencia firmemente no sobre la arena de lo efímero y transitorio, sino sobre Jesucristo, la roca que no está arañada por el desgaste del tiempo”.

¡Beata Benedetta Bianchi Porro, ruega por nosotros!

(Manuel Cubías – Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

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