Los greco-católicos ucranianos son testigos de unidad

Entrevista a Su Beatitud Shevchuk

En una conferencia de prensa el Arzobispo Mayor de Kiev-Halyč, Svjatoslav Shevchuk, hizo balance del Sínodo de la Iglesia greco-católica ucraniana, que se celebró del 1 al 10 de septiembre en Roma. La unidad y la comunión con el Sucesor de Pedro son las líneas que surgieron de los trabajos, a la vez que el pensamiento también se dirigió a Ucrania, afligida por cinco años de guerra

Ser “testigos de la unidad, tanto hacia los hermanos ortodoxos como hacia los latinos”. Con estas palabras Su Beatitud Svjatoslav Shevchuk, Arzobispo Mayor de Kiev-Halyč, enmarcó los frutos del Sínodo de la Iglesia greco-católica ucraniana que concluyó ayer en Roma sobre el tema: “La comunión en la vida y en el testimonio”. En una rueda de prensa celebrada esta mañana en el Palacio Pío y en vísperas del encuentro de los obispos de las Iglesias católicas orientales de Europa, la cabeza de la Iglesia greco-católica ucraniana se refirió a los trabajos realizados ante la presencia de todos los obispos de esta realidad de rito oriental en el mundo, unos cincuenta, y de los encuentros con el Papa – que en julio había reunido en la Ciudad del Vaticano al mismo arzobispo de alto rango junto con los metropolita y los miembros del Sínodo Permanente – y con los representantes de la Curia romana.

Un momento especial, de “gran afecto”, confió, fue el de la visita, ayer, al Papa Emérito Benedicto XVI, en el Monasterio Mater Ecclesiae del Vaticano que realizaron Su Beatitud Shevchuk acompañado por los metropolitas. Frente a la actual “fragmentación”, la incitación de Joseph Ratzinger fue, precisamente, a la unidad, según refirió el Arzobispo Mayor, hablando también de la “preocupación” del Papa emérito por la “militarización de las fronteras en Europa del Este”.

Diversidades y riquezas

“Somos una Iglesia global” que, en estos días en Roma, se ha confrontado – recordó el jefe de la Iglesia greco-católica ucraniana – sobre “diversidades y riquezas” para hacer comunión, con una mirada ad intra, sobre los “desafíos de hoy”. Y al ser preguntado por los periodistas, abordó la cuestión de la crisis de las vocaciones, un “desafío para todos” – dijo Shevchuk – que no se siente tanto en Ucrania donde hay cinco seminarios activos, como en “otros países”, en el momento de la reflexión sobre los “viri probati”, sobre la posibilidad de que los laicos casados puedan llegar a ser sacerdotes, si bien en condiciones particulares.

“ La vida humana no es una ‘mercancía’ de intercambio ”

La mirada ad extra condujo la atención sobre las relaciones con las demás Iglesias, porque el ecumenismo “forma parte de la misión” de los greco-católicos ucranianos. A la vez que la mirada, cuando se alude a la cuestión de la autocefalia, se dirige a la Iglesia ortodoxa que está en “busca de unidad”. Por esta razón Shevchuk evocó un camino para superar la “fragmentación”, y es el del “carácter conciliar” en una dimensión no local pero universal. Una Iglesia local que se cierra “en sí misma” se pierde – señaló – pero universal.

El conflicto en el este de Ucrania

No menos importante es el pensamiento hacia Ucrania, ensangrentada por más de cinco años de conflicto en sus regiones orientales, “la mayor catástrofe humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial”, reiteró. Una visita del Papa Francisco al país – repitió el Arzobispo Mayor, como había hecho hace unos meses, “realmente podría poner fin a la guerra”. Y añadió que el Sínodo habló de ello en Roma con el Secretario de Estado de Su Santidad, el Cardenal Pietro Parolin, teniendo en cuenta las “condiciones” para realizarla y la sensibilidad “de la mayor Iglesia en Ucrania, la de Moscú”.

Ucrania es un “gran país”, pero “es el más pobre de Europa”, que además corre el riesgo de una catástrofe ecológica precisamente a causa de las armas: una realidad, por tanto, que implica “las tres sensibilidades del Papa”: la de los pobres, la de la defensa de la Creación y la de la paz. Hoy “el mundo entero busca una solución diplomática a la guerra” – aseguró – porque la militar “no existe”. Y añadió:

“ Estamos felices por el reciente intercambio de prisioneros entre Rusia y Ucrania, definido por la OTAN como un paso en la dirección correcta hacia la reconciliación ”

Sí, porque como Iglesia – afirmó  – “hemos colaborado en todos los niveles”, trabajando por el “bien de las personas, de los prisioneros de guerra y de los familiares que se quedaron en casa”. “Imploramos – concluyó – que “todos los rehenes vuelvan a casa”, porque la vida humana no es una “mercancía” de intercambio.

(Giada Aquilino – Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

 

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