‘Salir para no ahogarse’

El papa Francisco nos recuerda insistentemente que la Iglesia necesita salir al encuentro de los hermanos para no ahogarse, para anunciar la alegría del Evangelio a todos y para tocar la carne sufriente de Cristo en los hermanos más pobres y necesitados. Esta invitación del Santo Padre tiene su fundamento en el mandato misionero del Señor a cada cristiano en el sacramento del bautismo.

Para ofrecer una respuesta consecuente con la invitación del Santo Padre, además de cuidar con mimo la pastoral parroquial ordinaria, deberíamos estar dispuestos a emprender otras acciones pastorales, especialmente orientadas a la evangelización de los alejados y de los indiferentes. Todos ellos tienen que ser los destinatarios de una auténtica pastoral misionera y evangelizadora.

El hombre moderno que, en ocasiones, presume públicamente de ateísmo y de agnosticismo, sufre y experimenta también la ausencia de Dios. Al igual que los creyentes, el no creyente necesita conocer y experimentar el amor de Dios para poner en Él su confianza y para fundamentar adecuadamente su esperanza.

Jesús, a pesar de las críticas y de la incomprensión de los escribas y fariseos, durante los años de su vida pública no cesó de salir al encuentro de los pecadores y de invitarlos a compartir la mesa. Sin disimular ni pasar por alto sus pecados y sus incongruencias, les mostró con gestos y palabras la entrañable misericordia del Padre celestial, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.

¿Por qué actúa de este modo el Señor? Sin duda, la razón última de estos comportamientos de Jesús está en el profundo conocimiento que tiene de la pobreza e indigencia que experimentan en lo más profundo del corazón quienes viven al margen de Dios y en la convicción de que todo ser humano es capaz de conversión.

Los pecadores, al reconocer sus pecados, son justificados y reciben el abrazo misericordioso del Padre. Quienes se consideran justos, por el contrario, no tienen justificación pues, aunque se confiesen creyentes y cumplidores de la ley, cierran su mente y su corazón a Jesucristo, el enviado del Padre para la salvación de todos.

Estos comportamientos de Jesús con los pecadores nos indican que toda acción evangelizadora, para provocar la conversión a Dios, debe estar acompañada de su amor y misericordia. Para poder evangelizar hoy, deberíamos tener muy presente que Jesús vino al mundo para salvar lo que estaba perdido. Por lo tanto, en la actividad pastoral nadie puede ser rechazado, aunque piense y actúe de forma distinta a la nuestra.

Con mi sincero afecto y bendición, feliz día del Señor.

 

+ Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
Acerca de Mons. Atilano Rodríguez 325 Articles
Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.