Lecturas para el XXII domingo del tiempo ordinario

La 1 lect. de hoy nos invita a proceder con humildad y sencillez porque así alcanzaremos el favor de Dios, que revela sus secretos a los humildes, y el afecto de los demás. El Evangelio nos invita a ocupar los últimos puestos porque el que se humilla será enaltecido, como Jesucristo, que no vino a ser servido sino a servir. También se nos llama a dar y a darnos gratuitamente sin esperar a cambio recompensa alguna en esta vida. Es lo que ha hecho Cristo por nosotros, que se entregó gratuitamente por todos, solamente por su deseo de ser nuestro Salvador. La 2 lect. opone la experiencia de los israelitas en el Sinaí con la de los cristianos en la eucaristía, pues la liturgia que celebramos en esta vida es un anticipo de la liturgia del cielo, como lo expresamos, por ejemplo, en el canto del Santo. (Comentario del Calendario Litúrgico-Pastoral 2018-2019).

Aleluya, aleluya, aleluya
Tomad mi yugo sobre vosotros -dice el Señor,
y aprended de mi,  que soy manso y humilde de corazón.

Lc 14, 1. 7-14. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Un sábado, Jesús entró en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando.

Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».

Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».

Otras lecturas del día:

– Eclo 3, 17-20. 28-29. Humíllate, y así alcanzarás el favor del Señor.

Hijo, actúa con humildad en tus quehaceres, y te querrán más que al hombre generoso. Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y así alcanzarás el favor del Señor. Muchos son los altivos e ilustres, pero él revela sus secretos a los mansos. Porque grande es el poder del Señor y es glorificado por los humildes.

La desgracia del orgulloso no tiene remedio, pues la planta del mal ha echado en él sus raíces. Un corazón prudente medita los proverbios, un oído atento es el deseo del sabio.

– Sal 67. Tu bondad, oh, Dios, preparó una casa para los pobres.

Tu bondad, oh, Dios,
preparó una casa para los pobres.

Los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.

Cantad a Dios, tocad a su nombre;
su nombre es el Señor.

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece.

Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh Dios,
preparó para los pobres.

– Heb 12, 18-19. 22-24a. Vosotros os habéis acercado al monte Sion, ciudad del Dios vivo.

No os habéis acercado a un fuego tangible y encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni al estruendo de las palabras, oído el cual, ellos rogaron que no continuase hablando.

Vosotros, os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a las miríadas de ángeles, a la asamblea festiva de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos; a las almas de los justos que han llegado a la perfección, y al Mediador de la nueva alianza, Jesús.

(Conferencia Episcopal Española)

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