Lecturas para el XXI domingo del tiempo ordinario

Al comienzo de la celebración pedimos mantenernos firmes en la verdadera alegría, en medio de las vicisitudes del mundo (1.ª orac.). La fuente de esa alegría es saber que nos Dios nos ha adquirido como un pueblo de hijos, por el único sacrificio de Cristo (cf. orac. sobre las ofrendas). En nosotros, congregados de todas las partes del mundo, se han cumplido las profecías, y nos hemos sentado a la mesa en el reino de Dios, que se nos hace presente ya en la celebración de la eucaristía (cf. 1 lect. y Ev.). Pero no podemos quedarnos encerrados en nosotros mismos, sino que cuando al final de la misa se nos diga: «Podéis ir en paz», nos sentiremos llamados a llevar a los demás lo que aquí hemos contemplado: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio» (sal. resp.). (Comentario del Calendario Litúrgico-Pastoral 2018-2019).

Aleluya, aleluya, aleluya
Yo soy el camino y la verdad y la vida -dice el Señor-;
nadie va al Padre sino por mí.

Lc 13, 22-30. Vendrán de oriente y occidente, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

En aquel tiempo, Jesús pasaba por ciudades y aldeas enseñando y se encaminaba hacia Jerusalén. Uno le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». Él les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos”; pero él os dirá: “No sé quiénes sois”. Entonces comenzaréis a decir: “Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”. Pero él os dirá: “No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad”. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros os veáis arrojados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos».

Otras lecturas del día:

– Is 66, 18-21. De todas las naciones traerán a todos vuestros hermanos.

Esto dice el Señor:

Yo, conociendo sus obras y sus pensamientos, vendré para reunir las naciones de toda lengua; vendrán para ver mi gloria. Les daré una señal, y de entre ellos enviaré supervivientes a las naciones: a Tarsis, Libia y Lidia (tiradores de arco), Túbal y Grecia, a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria. Ellos anunciarán mi gloria a las naciones.  Y de todas las naciones, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos,  a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi santa montaña de Jerusalén —dice el Señor—, así como los hijos de Israel traen ofrendas, en vasos purificados, al templo del Señor. También de entre ellos escogeré sacerdotes y levitas —dice el Señor—.

– Sal 116. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Id al mundo entero
y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor todas las naciones,
aclamadlo todos los pueblos.


Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. 

– Heb 12, 5-7. 11-13. El Señor reprende a los que ama.

Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos. Soportáis la prueba para vuestra corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues ¿qué padre no corrige a sus hijos?

Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella. Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, no se retuerce, sino que se cura.

(Conferencia Episcopal Española)

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