Ecología cristiana (IV). Hermano sol

En la  cima de la ecología cristiana están mensajes tan tradicionales como: la creación considerada vía para acceder a Dios (san Pablo, santo Tomás de Aquino), lo bueno y lo bello natural como manera de expresar a Dios y la relación con Él (san Agustín), la instalación de monasterios en extraordinarios parajes naturales (monaquismo), la contemplación en el desierto (monjes, Charles de Foucauld), la tradición de la pobreza franciscana y la contemplación carmelitana (san Francisco, san Juan de la Cruz), la teología del Cristo cósmico (Teilhard de Chardin); la tradición ortodoxa (Olivier Clément, Patriarca Bartolomé) y la profundización de la moral social ecológica de los tres últimos papas (“Laudato si´”).

Pero, sin duda, la expresión paradigmática de la ecología cristiana es el “Cántico de las criaturas”, de San Francisco de Asís. Es la más bella oración nacida de la experiencia genuinamente “cristiana ecológica”. Para algunos es la síntesis vital del su carisma.

¿Nos imaginamos a un turista en vacaciones que se pasa horas tomando el sol en la playa o en la montaña, con un vaso de Coca Cola en la mano, para lograr el tono piel adecuado y al mismo tiempo recitando esta oración?:

“Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,

especialmente el hermano sol,

el cual hace el día y nos da la luz.

Y es bello y radiante, con grande esplendor:

de Ti, Altísimo, lleva significación”.

Según los estudiosos, esta estrofa es tan importante que a veces da título a todo el Cántico: “Cántico del hermano sol”. El sol es la primera criatura motivo de la alabanza.

La profundidad de la fe cristiana ha llevado a san Francisco a una sintonía insospechada con la naturaleza: le ha permitido abrir los ojos a un significado poético, y más que poético, de las cosas creadas. Éstas son consideradas “hermanas”; no señoras ni siervas, sino vinculadas con amor fraterno, participantes del amor filial debido al Padre creador.

El sol es mucho más que una fuente de energía, más que un cuerpo astronómico, más que un bronceador dermatológico, más que un foco de luz colocado en un cuadro o una fotografía: San Francisco dice “(el sol) de Ti, Altísimo, lleva significación”.

El valor del sol, su sentido, radica en que habla del Dios altísimo, es decir, el Dios trascendente, inefable, que está más allá de todo. Sin ser Dios, como dirían algunas religiones, lo puede significar, y su contemplación estimula la alabanza al Padre Creador. El Cántico había comenzado con la alabanza al Dios tan grande que “nadie podía hacer de Él mención”. Pero, contemplando el hermano sol (la tierra, el agua, el viento, el fuego) podemos dirigirle la alabanza debida.

Un ejemplo típico de la mirada ecológica cristiana sobre la naturaleza y el medio ambiente. ¿Cómo no respetarla, sentirnos vinculados a ella, tratarla para el bien común de la humanidad, al servicio de todos, especialmente de los desvalidos, los preferidos del “Dios Altísimo y bondadoso”…?

Alcanzar esta cima de actitud y sensibilidad ecológica no es posible sin el espíritu de pobreza y humildad que nacen de la fe en Jesucristo, a cuya luz el cosmos resplandece.

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
Acerca de Mons. Agustí Cortés Soriano 275 Artículos
Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.