Descanso

De nuevo estamos en la cercanía del mes de agosto, donde muchos toledanos descansan unos días. Otros han gozado o gozan en estos días últimos de julio sus vacaciones. Es necesario el descanso, para, en palabras de un hermano mío en el episcopado, “volver a lo más necesario”, volver al Señor que nos dice: “venid a mí todos los que estáis cansado y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11, 28). Estas palabras del Señor se refieren a otro descanso, pero también es verdad que es muy importante al ser humano encontrarse consigo mismo e igualmente ese descanso nos lo regala Jesucristo cuando nos encontramos con Él.

Sé también que muchos entre nosotros no tienen descanso y menos vacaciones: los que no tienen trabajo; los que lo tienen y reciben algunos no buen trato, como, por ejemplo, algunos trabajadores temporeros o los que carecen de seguridad suficiente en el trabajo, con riesgo de accidente, que también se da en tiempo de verano. No olvido a los enfermos que no pueden descansar por sus dolencias. Quiera Dios que encuentren alivio en sus familias, en los sanitarios y médicos que les atienden y, siempre, en Dios nuestro Señor, que en su Hijo es buen samaritano. La Virgen, Santa María, en su advocación de el Sagrario, de Guadalupe, la Patrona de Extremadura, de El Prado, de la Caridad, y de tantas otras advocaciones en nuestras tierras, estará cerca cuando la invoquen los enfermos en su valiosa oración.

Y ninguno de nosotros debe olvidar a Dios, que no es “enemigo a la puerta”, sino valedor y que nos acoge en su misericordia por este su Hijo, el Misericordioso. ¿No creéis que en estos días de vacaciones es bueno relajar las tensiones en que nos movemos continuamente cada día? No me refiero únicamente a muchos de nuestros políticos que, con sus peleas, nos tienen un poco cansados sin ponerse de acuerdo en lo más elemental. También los demás necesitamos de ese relajamiento, los que descansamos un poco del ajetreo diario de trabajo, de las preocupaciones del sueldo que no llega a fin de mes, de los colegios y otros avatares. Utilizad la ternura en el encuentro con los demás, incluso con los “adversarios”. Es una de las recomendaciones que más repite el Papa Francisco.

Hay que acoger a los demás; es ésta una buena práctica, y los católicos debemos acoger nosotros el amor de Jesucristo y con este amor acogerse los unos a los otros en la familia, sobre todo. Son los que se encuentran más cerca de nosotros; pero también a aquellos que se encuentran más lejos física o afectivamente. ¿Y a los que nos llevamos mal? Pues éstos, tengamos con ellos la misericordia de Dios. Debemos ser capaces de decir las palabras más bellas del Evangelio: “¿Ninguno te ha condenado? No, ninguno Señor. Tampoco yo te condeno”. Son recomendaciones muy prácticas. Ensayad a hacer esta práctica cristiana este verano. No os arrepentiréis.

Porque este amor de Jesucristo tenemos que vivirlo también con los alejados, los que “pasan de la Iglesia y de los curas”. De éstos pueden pasar en cierto modo; pero no de la Iglesia, porque sin ella no hay Jesucristo, no llega la ternura de Dios tan necesaria. Los curas no somos tan malos. Los hay muy buenos y otros nos esforzamos en serlo. Y, por fin, hay también que vivir el amor único de Jesucristo con los más desfavorecidos, a los que ayuda ciertamente Cáritas Diocesana, pero no basta para atender a todos. Debemos ser todos los cristianos quienes estemos dispuestos a ayudar, a reflexionar sobre las causas de la pobreza, y quienes seamos capaces de ver y acercarnos a los que son pobres de verdad y tocarlos con la ternura de Jesucristo. Hay más alegría en dar que en recibir, sin duda.

Queridos hermanos: este es el final de este periodo de “PADRE NUESTRO”, nuestra Hoja Diocesana, hasta septiembre. Os deseo lo mejor y sin duda mi bendición, pero sobre todo la de Dios, la de Jesucristo y la intercesión de la Virgen. Feliz verano.

 

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo, Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.