Contemplación y acción. Plegaria y reflexión sobre el evangelio del domingo

En el evangelio de este domingo se comenta una escena familiar entrañable: la acogida de Jesús en casa de tres hermanos, Lázaro, Marta y María, en Betania. Jesús y sus discípulos se hallaban a gusto en aquella casa, en compañía de todos ellos. Después de recorrer los caminos, de predicar, de sanar, de perdonar, de escuchar… encuentran acogida, afecto y un lugar donde descansar. En dicho ambiente acogedor aparecen las hermanas con actitudes bien manifiestas: Marta se desvive en atender y servir, y María permanece tan solo sentada escuchando a Jesús. Acción y contemplación.

Marta acoge a Jesús en su casa, quiere obsequiarlo como se merece y no deja de servirle. Es por ello que está inquieta y atareada. Es la fe de las personas activas.

La figura de María manifiesta la actitud contemplativa. Se trata de abrirse a Jesús, de escuchar su palabra, una palabra que ilumina, que serena, que ofrece esperanza. Es la fe de las personas contemplativas.

Marta se queja de que su hermana la ha dejado sola sirviendo. No se da cuenta de que escuchar sencillamente a Jesús y contemplarlo es importante para que se sienta acogido. Y escucha la respuesta de Jesús: “María ha escogido la mejor parte y no le será quitada”. Es un comentario comprensivo, donde se da importancia a una palabra de bendición de Jesús a María ante su actitud en la acogida.

Jesús aprovecha una ocasión del todo corriente para decir algo ya repetido: “Te preocupas de muchas cosas, cuando solo hay una que es necesaria”. Él mismo es la única cosa necesaria.

Pero la alabanza a María no supone menosprecio a la acción servicial de Marta.

Hoy en día, como cristianos, debemos vivir y asumir ambas actitudes.

La advertencia de Jesús nos es hoy especialmente necesaria dado que estamos inmersos en la acción, el cambio, la precipitación, y tenemos un desasosiego muy hondo que no nos permite saber qué es lo que vale realmente la pena. Estamos decepcionados, acabamos por dejarlo todo de lado experimentando un gran vacío interior. Necesitamos momentos de contemplación, de escucha de la Palabra de Jesús, de plegaria, de celebración de la fe. Es así como debemos acoger al Señor.

Pero la acogida se ha convertir en testimonio, en servicio, en ejercicio de las responsabilidades, para que Jesús sea también acogido, conocido y servido entre los hermanos.

Y no olvidemos la actitud de acogida. Más bien dicho, recuperémosla. Dios viene a nuestra vida y su visita es imprevisible, sobre todo por Jesucristo, a quien hay que conocer y escuchar, pero también a todos aquellos rostros humanos que junto a nosotros realizan el camino de la vida.

Así han vivido y viven muchas personas consagradas a Dios. Se trata de una invitación a cada uno de nosotros. Nos es necesario orar y actuar, escuchar y trabajar, celebrar i servir.

Señor, que vuestras visitas no nos encuentren distraídos y ocupados. Que seamos personas de fe contemplativa que manifestemos así nuestra acogida. Pero también es necesario ser cristianos de vida activa para que os podamos acoger en las personas con las que nos vamos encontrando, sirviéndolas de muchas maneras. No cerremos el corazón a aquellos que necesitan nuestra acogida y hospitalidad.

¡Por todo ello debemos ser al unísono, Marta y María!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 370 Artículos
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.