Termina otro curso pastoral

Queridos diocesanos:

Con el mes de julio se completa prácticamente lo que venimos llamando el “curso pastoral diocesano”. El curso 2018-2019, el cuarto del quinquenio 2015-2010, ha estado fundamentado en el mandato del Señor: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio”. Bajo esta perspectiva, todos los responsables y colaboradores de la misión de nuestra Iglesia diocesana de León hemos tenido como objetivo global, tanto de la actividad general como de las funciones y tareas específicas de cada uno, este objetivo global: “Intensificar la acción misionera de la Iglesia diocesana reconociendo el actuar de Dios en los sacramentos y en la vida litúrgica”.

Al recordarlo pretendo que los fieles diocesanos, especialmente los que colaboran en las parroquias, comunidades, sectores pastorales, grupos de apostolado o de espiritualidad, etc., y por supuesto quienes tiene un ministerio o responsabilidad, miren también si lo han tenido en cuenta y hasta qué punto se han implicado en ese objetivo. Hacer esto es un ejercicio sano de autocrítica constructiva no exenta de valor moral delante del Señor, especialmente en nosotros, los ministros de la Iglesia y los responsables de las diversas funciones, dedicaciones y tareas pastorales de cierto alcance, bien sea diocesano, parroquial o sectorial.

No pretendo que cada uno realice un balance de resultados, entre otros motivos porque en los asuntos del Reino de Dios y, por tanto, de la vida y de la misión de la Iglesia cuentan más las actitudes y motivaciones personales que las cifras y relaciones de logros y fallos. ¿Os acordáis de la parábola de los jornaleros de la viña (cf. Mt 20,1-16)? Todos recibieron la misma paga independientemente del tiempo en que estuvieron trabajando. Y sin embargo, lejos de parecer una injusticia, el Señor nos hace ver que el dueño fue extremadamente generoso. ¿Dónde está la explicación? Jesús narró la parábola para mostrar el modo como funciona el Reino de los cielos: Dios recompensa a cada uno según sus obras (cf. Apoc 22,12), sí, pero la salvación no viene de las obras sino de la gracia de Dios (cf. Tit 3,4-7) para que nadie se gloríe (cf. Ef 2,8-9).

Naturalmente, esto no puede ser una excusa para la indolencia o la pasividad sino todo lo contrario. Cada uno debíamos “poner a trabajar” el don o los dones que el Señor nos ha dado. El contar con una programación pastoral de alcance diocesano, sectorial, parroquial o de otra índole, es ante todo una ayuda en línea de sugerencias y apoyos para la comunión en la acción pastoral en la que desde el obispo hasta los más jóvenes colaboradores, debemos sentirnos convocados.

Para facilitar ese ejercicio sano de reflexión autocrítica os remito de nuevo a la carta pastoral de comienzo del curso pasado y especialmente al ejemplo de la actitud de la Santísima Virgen María como modelo de fidelidad y entrega generosa. En la citada carta pastoral escribí lo siguiente: “El mejor referente para que todos estos deseos y propósitos se hagan realidad en nuestra Iglesia diocesana… será la figura de María proclamando gozosa la grandeza del Señor… El Canto de María, es la expresión de su respuesta personal al designio de Dios sobre ella”. Con los mejores deseos de un descanso merecido y en la espera de un Nuevo curso pastoral. Feliz verano y que el Señor bendiga a todos:

 

+ Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
Acerca de Mons. Julián López 146 Artículos
Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma.Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968.CARGOS PASTORALESFue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984.Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983).Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993).Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989).El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril.El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede.En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella