Vivir en una época neopagana

Hay una nueva cultura, muchas culturas o apariencias de ella, en la sociedad en la que vivimos. Ya sabemos que es necesario el pluralismo porque muchas de estas “culturas” aparecen además como una nueva religión. Son muy activas y quieren en muchas ocasiones afirmar que la Iglesia Católica se ha convertido en enemiga, en todo caso opuesta, del mundo y de la vida. Pero, sobre todo, aparecen estas culturas tantas veces como cántico al amor y a la belleza, a la juventud, al sexo libre, a la ideología de género (que no es, desde luego, igualdad entre los sexos), abiertas a las delicias del placer y a los deleites refinados. Y con otro rasgo: los que piensan así se extrañan de que este “su credo” no nos resulte aceptable a los católicos.

Ciertamente el programa de esta nueva cultura neopagana es atrayente: amar la vida, gozar del cuerpo y de la belleza del mundo, desarrollar la inteligencia y la sensibilidad, crítica de situaciones. Perfecto. ¿Hay quién dé más? Pero ocurre, no pocas veces, que estas maneras de ver el mundo y nuestra sociedad lanzan acusaciones inaceptables hacia la fe o la Iglesia Católica, que tiene muy poco de objetivas. No se trata de defender aquí que los hijos de la Iglesia hacen todo perfecto, no pecan nunca y no haya conductas que rechazar con toda la fuerza de la que seamos capaces: conductas como la pederastia en algunos sacerdotes o personas vinculadas a las instituciones eclesiales.

Todos sabemos el tremendo revulsivo que ha supuesto en la Iglesia Católica la inaceptable pederastia de sacerdotes y cómo cortar radicalmente esta lacra que, por cierto, tienen toda la sociedad española y europea, no sólo unos clérigos, y en estos en unas proporciones cuyos porcentajes de condenas por el juez están ahí y pueden ser consultados por todos. Por ello, resulta insultante la grotesca exposición que se desarrolla actualmente en la ciudad de Toledo, y cuyos “argumentos” son de este tono: “quien se dice llamar santa madre iglesia no cuida de sus hijos, y ampara abusos y violaciones a niños tanto por parte de obispos, cardenales e incluso papas”. O este otro: la Iglesia española “es una garrapata aún más grande que el perro Estado del que sigue chupando sin parar, y en el que sus clérigos ejercen derecho de pernada sobre niños de sus feligresías, cual auténticos señores feudales, sin que el resto de cristianos decentes ni la sociedad en general reacciones contra ellos con la contundencia debida”.

Yo quisiera distinguir entre quienes no pertenecen a la Iglesia o están alejados de ella, pues nada o muy poco comparten con ella dentro del respeto normal en una sociedad plural, y quieres exhiben esta serie de insultos impresentables sin pruebas. A los primeros los respeto; a los segundos, tengo que decir sencillamente que se insultan a sí mismos, por mucho que crean que están en primera línea de pensamiento crítico. No lo demuestran.

Nosotros, los católicos y, entre ellos los sacerdotes y obispos, somos pecadores y muchas veces nos quedamos en los amores pequeños y egoístas, pero ni yo, obispo de Toledo, soy un “obispóptero”, lleno de lujuria, ni los sacerdotes toledanos, de los que soy responsable, son lo que dice semejante exposición en un ¡Círculo de Arte! La pederastia es problema de toda la sociedad española y sabemos en qué ámbitos abunda más: familia, centros deportivos y otros. El porcentaje de los que han abusado de menores es tan bajo respecto a toda la población española, que es un insulto a la inteligencia hacer afirmaciones que no son verdad, aunque haya sacerdotes pederastas, sí, pero en un nivel tan bajo respecto a la población española. No es en absoluto admisible la pederastia, tampoco la que haya cometido algunos sacerdotes, si está probado, pero tampoco condenar si tener seguridad y dejándose llevar de tópicos o lo que inventan determinados medios de comunicación.

Nosotros podemos aguantar insultos, calumnias hasta límites insospechados; también sabemos perdonar y no queremos reaccionar histéricamente con violencia, cuando, si esos insultos fueran dirigidos contra otra religión, tal vez se daría otro tipo de contestación. Lo estamos demostrando en tantos países donde los cristianos son perseguidos sólo por ser cristianos. Utilizando, además, para esas exhibiciones un antiguo templo. Nada de esto tiene que ver con la libertad de expresión y si con la responsabilidad en lo que se dice y acusa. También de esa responsabilidad participa el actual propietario del inmueble.

 

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo, Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.