La Iglesia en el mundo del silencio

Burgos está siendo estos días sede del Encuentro Nacional de Pastoral del Sordo y del Sordociego, organizado por la Conferencia Episcopal Española a través de la Comisión Episcopal de Pastoral. Más de cien agentes de pastoral de toda España, muchos de ellos sordos, se han acercado a nuestra ciudad para vivir unos días de encuentro, para compartir experiencias, para orar juntos, para crecer en fraternidad y reflexionar conjuntamente sobre temas fundamentales para el trabajo pastoral en favor de la comunidad de personas sordas. El tema central de este año es la Eucaristía, bajo el lema: «Haced esto en conmemoración mía».

Es para nosotros un auténtico gozo poder acogerles en nuestra ciudad, que siempre ha destacado por su sencilla y cálida acogida. Además, nos ayuda a retomar una tradición que viene desde antiguo. Se dice que en el Monasterio de Oña, en el s. XVI, desarrolló su actividad uno de los precursores de la lengua de signos: Fray Pedro Ponce de León. Según está documentado, en el monasterio benedictino estableció una pequeña escuela para acoger a niños sordos a los que dotó de las herramientas necesarias para que pudieran ellos mismos desenvolverse autónomamente en la vida. En aquella obra llevada a cabo por este sencillo fraile tenemos escrita una página más de las muchas acciones silenciosas que la Iglesia ha hecho a favor del desarrollo humano y social de nuestra sociedad, especialmente de los más desfavorecidos.

Además de los agentes de pastoral, los destinatarios de estos encuentros son, en definitiva, las personas sordas. También las personas oyentes que manifiestan sensibilidad y acogida hacia esta comunidad que se significa por el lenguaje de los signos. Pero este encuentro nacional se convierte también en una verdadera gracia para nuestra Iglesia en Burgos, porque nos ayuda a visibilizar una realidad social y eclesial con la que quizás estamos poco familiarizados. De esta manera, su presencia entre nosotros contribuye a reforzar y profundizar en la atención pastoral que necesitan las personas sordas. Precisamente el año pasado comenzábamos en nuestra Diócesis un pequeño grupo de pastoral del sordo que trata de acoger y acompañar a este colectivo, y en ello hemos de continuar con la necesaria atención personal y comunitaria.

La realidad de las personas sordas pertenece a ese amplio mundo de la discapacidad en el que hoy viven tantos hermanos nuestros. Ciertamente que la senda de los derechos se ha ido abriendo en este amplio colectivo, consiguiendo una mayor visibilidad y una mejor integración en la sociedad. Muchas son las personas que han contribuido a este desarrollo. Pero siempre hay mucho camino por hacer. Las condiciones de fragilidad en las que tienen que desarrollar su vida no debe de llevarles a situaciones de inferioridad o de descarte social. Al contrario, las sociedades que quieren tener una talla auténticamente humana, son aquellas que son capaces de integrar estas fragilidades y hacer todo lo posible por introducirlas en su seno y aportar así sus potencialidades al conjunto de la sociedad.

También Jesús, en el relato evangélico de la curación del sordomudo (Marcos 7, 31-37) se nos presenta acercándose a la realidad de las personas sordas. Ellas viven unas circunstancias peculiares que Él sabe acoger con tremenda ternura y delicadeza. De esta manera, nos da pautas a la comunidad cristiana para hacer nuestras estas actitudes y convertirnos, en medio de nuestro mundo de excelencia, en un signo profético de encuentro y de acogida de la diferencia y de la fragilidad.

Bien podríamos decir que la pastoral del sordo hace visible la presencia de la Iglesia en el mundo del silencio. Una circunstancia que es precisamente donde Dios se hace especialmente presente. Por eso, en este contexto social, las personas sordas se convierten en un don para la Iglesia como recordaba recientemente el Papa Francisco. Quiero terminar con sus palabras esta reflexión de hoy: «La presencia de Dios, dice, no se percibe con las orejas, sino con la fe; por tanto, os animo a reavivar vuestra fe para advertir cada vez más la cercanía de Dios, cuya voz resuena en el corazón de cada uno y que todos pueden oír. Podréis así ayudar a cuantos no “oyen” la voz de Dios a estar más atentos a ella. Esto es una significativa contribución que las personas sordas pueden dar a la vitalidad de la Iglesia».

+ Fidel Herráez

Arzobispo de Burgos

Mons. Fidel Herráez Vegas
Acerca de Mons. Fidel Herráez Vegas 137 Artículos
Fidel Herráez Vegas nació en Ávila el 28 de julio de 1944. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Madrid, donde ingresó en 1956. Fue ordenado sacerdote el 19 de mayo de 1968. Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1968. Es Licenciado (1974) y Doctor (1977) en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense en Roma. Es autor de varias publicaciones sobre Teología Moral Fundamental. Ha desempeñado los siguientes cargos:1968-1972: Formador, Secretario y Profesor de idiomas del Seminario Menor de Madrid. 1977-1995: Profesor de Teología Moral Fundamental en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequética “San Dámaso” de Madrid. 1977-1995: Director de la Formación Permanente de las Hermandades del Trabajo de Madrid y Consiliario de jóvenes de las mismas. 1977-1996: Capellán de las Religiosas Irlandesas (Instituto de la B.V. María). 1979-1996: Delegado diocesano de Enseñanza de Madrid. 1979-1995: Miembro Asesor de la Comisión Episcopal de Enseñanza. 1983-1995: Secretario Técnico de la diócesis de Madrid para las relaciones con la Comunidad Autónoma en los temas de Enseñanza Religiosa. 1986-1995: Presidente del Consejo diocesano de la Educación Católica. 1986-1995: Representante de los Delegados diocesanos de Enseñanza en el Consejo General de la Educación Católica. 1992-1997: Presidente del Forum Europeo para la Enseñanza Religiosa Escolar. 1993-1996: Catedrático de Teología Moral Fundamental en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid. 1995-2015: Vicario General de la Archidiócesis de Madrid. Desde el año 2011 es el consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas. El 14 de mayo de 1996 fue elegido Obispo titular de Cedie y Auxiliar de Madrid, recibiendo la ordenación Episcopal el 29 de junio del mismo año. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Permanente y pertenece a la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 1996. El 30 de octubre de 2015 el papa Francisco lo nombra arzobispo de Burgos, tomando posesión de la archidiócesis el 28 de noviembre del mismo año.