La pregunta por la vida

El evangelio nos sitúa ante el mensaje central de Jesús —el amor a Dios y al prójimo— con la parábola del buen samaritano. En estas cuestiones, es importante formularse preguntas, y en el evangelio de hoy encontramos dos fundamentales. ¿Qué he de hacer para heredar la vida eterna? ¿A quiénes he de amar?”.

Solemos expresarlo de diferentes maneras:

¿Qué he de hacer para vivir y vivir para siempre, para ser feliz? ¿Qué he de hacer para no perder la vida, para no malgastarla? ¿Qué he de hacer para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios?

Dicho esto fijémonos en las respuestas de Jesús: ¿Qué dice la ley? Es decir, ¿qué hemos aprendido en la catequesis? ¿Qué nos dice nuestra fe? ¿Qué leemos cada domingo en el evangelio?

“Ama al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, y con toda tu alma, con toda tu fuerza… Y a tu prójimo como a ti mismo. Haz esto y tendrás la vida”.

Amar a Dios con todo tu corazón… Y a los demás como a ti mismo.

Hoy día, como entonces, ésta es la manera cristiana de entender la vida. Hacemos un mal servició al evangelio y a las personas si silenciamos el amor que hay que tener a Dios, pensando que vivimos en una época en la que Dios ha perdido relevancia. Precisamente por ello hay que insistir en al amor a Dios. Pero todavía hacemos un peor servicio si ignoramos la profunda unidad entre el amor a Dios y el amor al prójimo. Precisamente porque vivimos en un mundo en el cual se hace difícil la relación con Dios —y no nos engañemos: también con los demás— debemos profundizar y vivir el sentido evangélico de dicha unidad.

¿Quiénes son esos otros a los que he de amar?

La respuesta de Jesús es que no has de preguntarte a quién has de amar, los encontrarás a lo largo del camino de la vida. Por lo tanto, actúa como el buen samaritano.

El buen samaritano es aquel que sabe descubrir la persona que lo necesita al cruzarse con ella. Es aquel que sabe descubrir con realismo y cordura quién le necesita.

El buen samaritano es aquel que actúa con toda naturalidad, sin solemnidad alguna, haciendo lo que ha de hacer. Una ayuda normal y sencilla es la que Jesús reclama si deseamos un mundo humanizado desde la razón y el amor.

El buen samaritano es aquel que no se pregunta quien es aquel hombre que le necesita, no condicionando su ayuda a si se trata de un conocido, o de una persona de la misma raza, religión, cultura, situación social, amigo o enemigo.  Es aquel que le necesita ahora, y con ello es suficiente.

Compadeciéndose, se le aproxima, lo atiende, le presta su medio de transporte, lo traslada a un alojamiento, sufraga la estancia; e incluso añade que si se ocasionan más gastos de los previstos, correrá con ellos a su regreso. El buen samaritano se hace cercano —prójimo— de quien que le necesita.

El cristianismo es la religión que ama no solo a los más cercanos, sino la actitud religiosa y humana que estimula a convertir en personas cercanas, con nombre y rostro, a cuantos lo necesitan.

Para cada uno de nosotros, el Buen Samaritano ha sido y es Jesús.

Escuchemos de nuevo el imperativo de Jesús: “¡Anda y haz tu lo mismo!”

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 364 Artículos
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña.Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany.El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.