Las Jornadas del SIC animan a plantear nuevas experiencias catequéticas

Si bien la catequesis ofrece el mensaje de Jesús a pequeños y jóvenes, el eco de este servicio debe llegar a todo el entorno parroquial. Tanto el equipo de catequistas como a los familiares de los niños que no llegan a cruzar la puerta. Así lo ha sabido captar el Secretariado Interdiocesano de Catequesis (SIC), que el viernes y sábado, días 5 y 6 de julio, dedicó las jornadas de responsables de catequesis de Cataluña y las Islas Baleares a hablar de nuevas experiencias dirigidas a las familias de la catequesis.

«Vamos a anunciar el Evangelio a los padres, no nos quedamos sólo con la catequesis de primera comunión». Mons. Antoni Vadell, presidente del SIC, explicó que este fue el planteamiento de las reuniones de delegados de catequesis. Y desde aquí formularon las sesiones que este año ha reunido a unos ciento treinta participantes en el Seminario Conciliar de Barcelona. Una convocatoria que busca, de fondo, volver a motivar al personal. Levantar los ánimos de los equipos de catequistas en un contexto muy poco favorable. Y recordar, de paso, tal como apuntaron los organizadores, que «el mejor método con un catequista sin pasión tendrá un impacto menor».

Experiencias atrevidas en comunidad

El director del SIC, Mn. Juan Águila, ubicó las jornadas con la imagen de un aguacate diseccionado, que les ha servido para ilustrar esta decimoctava edición. Una fruta que representa la comunidad cristiana con la catequesis en su corazón.

Un encuentro anual que favorece el conocimiento mutuo. «Cuando nos conocemos, preferimos y esto es una pasada», dijo el obispo Antoni Vadell. Desde aquí invitó a entender «la plasticidad» de la parroquia y en «reflexionar sobre experiencias nuevas y atrevidas». Las diócesis de Cremona, en Italia, Getafe, Tarragona y Barcelona son las que han presentado experiencias exitosas entre viernes y sábado.

«Un lugar donde todo el mundo aporta y donde todo el mundo recibe algo»

Desde un contexto cultural de pueblo, Mn. Simón Gras presentó el esfuerzo de revisión que ha llevado a cabo la parroquia de Santa María de Montblanc. El proceso ha implicado un pequeño grupo motor que se ha dedicado a pensar que querían ser y qué querían hacer como parroquia. Todo un trabajo conjunto que les ha servido para identificar sueños, pero también insatisfacciones. Y poner medios para revertir retos concretos.

Como pilar han establecido «hacer de la parroquia una familia» y, tal como ha especificado el plebeyo, «un lugar donde todo el mundo aporta y donde todo el mundo recibe algo». En este sentido ha criticado la figura del catequista que asume más tareas de lo que le corresponde. Un clásico también en la figura del mismo rector. En la parroquia de Montblanc practican un trabajo real en equipo.

«Identificamos que no somos capaces de proponer nada a los adultos de mediana edad», explicó Gras como fruto del análisis previo. Un vacío que han dado con el formato de las sesiones Alpha. Un método de primer anuncio importado de la iglesia anglicana que incluye cenas y diálogo. En Montblanc en tres años han hecho pasar 120 adultos por la parroquia. Muchos de los que no habían entrado antes. Y muchos de los cuales quizás tampoco volverán. Para los que buscan una continuidad han creado lo que llaman ‘Pequeñas fraternidades parroquiales’. En esta segunda propuesta hoy ya son una cincuentena de adultos que se encuentran cada quince días.

Simón Gras también ha hablado del espacio dedicado al oratorio con los pequeños: «Hemos habilitado una capilla en la plebania que ha hecho más bien a las catequistas que los niños», dijo con picardía Simón Gras. Este año se han propuesto también abrirlo también como a los adultos. Con el listado de propuestas sobre la mesa, Gras también alertó con no perder la calidad del servicio por la voluntad de expansión.

«Ofrecer a los padres algo que valga la pena»

El delegado episcopal de catequesis de Barcelona, ​​Mn. Alberto Para, compartió la experiencia pastoral de la parroquia de Santa Eulalia de Vilapiscina, de donde es rector. Un proyecto que reúne 29 catequistas y un centenar de niños y niñas. El formato es de dos domingos al mes, con sesiones de mañana que finalizan con la celebración de la eucaristía. «Siempre que vienen los niños, venden a los padres», explicó Para.

El rector de Vilapiscina también pidió «no tener miedo en relación a si tendré o no catequistas; sino en relación a que los queremos ofrecer ». Para él, el objetivo es que niños y padres «tengan familiaridad con Jesús». Y lo trabajan a partir de la formación, la oración y el ir a misa.

Comunicar la fe como criterio

Por su parte, Mn. Jesús Úbeda, rector de la parroquia de la Natividad de Nuestra Señora de San Martín de la Vega, de la diócesis de Getafe, hizo hincapié en la actitud y la fe de las personas responsables de evangelizar. «Si falta Jesucristo, podemos hacer los juegos más divertidos que no servirá para nada». Se refirió la misma persona que después explicaba como hace juegos de magia mientras explica el evangelio a los niños.

En una sociedad donde los adultos no tienen tiempo de jugar con los más pequeños, su parroquia ha consiguió reunir 320 niños y niñas, y propicia espacios de juego compartido entre padres e hijos. «Es apasionante», reconoció Úbeda. También apuntó el éxito de propuestas de cine en familia y excursiones mensuales a la montaña.

La pastoral que haría Jesús

El profesor del Ateneo Universitario San Paciano y rector de la parroquia de Sant Cugat del Vallés, Mn. Emili Marlés, defendió en el trabajo del viernes por la mañana que «hoy en día enseñar a orar es muy fácil» »y recordó que« el niño pequeño se deja evangelizar por su madre porque es la persona que ama ». Con su ponencia describió el ecosistema de una parroquia, con una clasificación de las familias para prototipos.

Marlés preguntó «como hace la pastoral Jesucristo?» Y se sirvió de la imagen de los círculos de proximidad a Jesús. A su alrededor, sus seguidores: los más reacios, a las capas externas; los más comprometidos, cerca del centro del círculo. «Jesús nos pide que vayamos entrando en los círculos más interiores de seguimiento», defendió Marlés. Y se preguntó: «Tenemos montada una pastoral que ayude a entrar en los círculos más íntimos?».

El peligro de clasificar

Los participantes compartieron por diócesis como incluyen las familias en la catequesis. En la puesta en común alertaron del peligro de clasificar los feligreses, las familias o el equipo de catequistas en un ranking. En el diálogo también se formuló el miedo a hacer proselitismo y la necesidad de respetar la libertad de las personas.

Algunos pidieron hacer la catequesis desde el corazón, sin priorizar siempre los libros, otros expresaron el miedo de los padres a implicarse directamente y la dificultad de algunos catequistas para acercarse. Entre las preocupaciones compartidas: la dificultad de encontrar catequistas, la voluntad de ofrecer más formación y de cohesionar los equipos. Entre las soluciones, una de muy primaria: encontrarse los que se sientan motivados para que crezca la motivación de la parroquia.

(Archidiócesis de Tarragona, Catalunya Religió)

 

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