«Un año en la vida de la Iglesia»

En la carta dominical del pasado domingo me refería al impacto socioeconómico de las parroquias en todo el territorio español. Esta semana quiero hacerme eco de la Memoria anual de actividades de la Iglesia católica del 2017, realizada por una importante consultora internacional (PwC) y presentada recientemente por la Conferencia Episcopal Española.

En este documento queda cuantificada económicamente la actividad de la Iglesia: cada euro invertido genera casi cinco veces su valor en la sociedad. Milagrosamente los euros se multiplican gracias a la labor de las personas que, de manera desinteresada, colaboran en las celebraciones y en la actividad pastoral, evangelizadora, educativa, cultural, caritativa y asistencial de la Iglesia. Las cifras son ciertamente espectaculares. En la actividad evangelizadora, hay que destacar los 11.018 misioneros y las 536 familias en misión por distintas partes del mundo, o los 253 proyectos financiados por el Fondo Nueva Evangelización con un importe superior a los 2 millones de euros. Por lo que se refiere a la aportación en educación, los 2.452 centros católicos concertados generan al Estado un ahorro de 3.324 millones de euros. Tampoco podemos dejar de destacar la actividad socio-asistencial de los 9.171 centros de la Iglesia, que llegan a 4.379.554 beneficiarios. Y qué decir de las peregrinaciones, celebraciones y fiestas populares, que suponen un impacto de 9.800 millones de euros y crean 134.000 empleos. Por último, vale la pena destacar que el impacto del patrimonio cultural de la Iglesia española alcanza los 22.620 millones de euros, generando más de 225.000 empleos.

Detrás de estas cifras hay mucho más que números. Está el calor que dan muchas personas, parroquias, institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, movimientos, asociaciones e instituciones de la Iglesia como Cáritas, Manos Unidas, Obras Misionales Pontificias, Ayuda a la Iglesia Necesitada… La colaboración en las necesidades que atiende la Iglesia es el resultado de una reflexión desde la fe: los cristianos somos Iglesia y debemos colaborar humana y económicamente en la misión de la Iglesia.

La publicación de esta Memoria anual es un gran ejercicio de transparencia hacia la sociedad que la Iglesia hace desde el año 2008. Va especialmente dirigida a todos aquellos que colaboráis, para que podáis conocer de primera mano qué hace la Iglesia con vuestras aportaciones. La transparencia es un camino que vamos haciendo todas las entidades y personas que formamos parte de la Iglesia. Es muy importante ver y agradecer nuestra misión de anuncio del Evangelio y de atención a los más necesitados. Rendir cuentas a toda la ciudadanía es, también, nuestra responsabilidad.

Estamos muy contentos y agradecidos de contar con el apoyo de la gente año tras año. Los datos que afloran en la Memoria anual de actividades de la Iglesia en España nos dan la oportunidad de explicar mejor nuestra misión.

Gracias, una vez más, a todas las personas que aportáis vuestro granito de arena. Entre todos, conseguimos llevar el testimonio de Jesús a todos los rincones del planeta.

+ Card. Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.