«El impacto económico de la Iglesia diocesana»

He de confesar que escribo con cierto respeto sobre la economía de la Iglesia, tema delicado y que requiere unos conocimientos técnicos no siempre fáciles de exponer. Sin embargo, considero que es oportuno dedicar esta carta semanal a un informe presentado recientemente por la Conferencia Episcopal Española.

Este informe ha sido elaborado por una importante consultora internacional (Ernst & Young –EY-). En dicho estudio se evalúa únicamente el impacto socioeconómico de las 69 curias diocesanas y de las 23.000 parroquias que hay en España. Todo ello sin tener en cuenta la extraordinaria labor que hacen tantos laicos y consagrados así como instituciones católicas en campos como la educación, la sanidad, la asistencia social, entre otros.

A la pregunta de dónde proceden sus recursos, el estudio señala las diversas fuentes y destaca como principales: las aportaciones voluntarias de los fieles (36%), la asignación tributaria (24%), otros ingresos corrientes (20%) y los ingresos del patrimonio y otras actividades (12%). Lo que la Iglesia recibe mediante la asignación tributaria (0,7% del IRPF) proviene de lo que los ciudadanos deciden libremente al marcar la casilla correspondiente a la Iglesia católica en la declaración del IRPF. Conviene recordar que, desde los acuerdos de diciembre de 2006 entre el Gobierno Español y la Santa Sede, en los Presupuestos Generales del Estado no existe ninguna dotación presupuestaria para el sostenimiento de la Iglesia católica.

La Iglesia diocesana lleva años trabajando para lograr los recursos que necessita. Actualmente, más de tres cuartas partes de sus ingresos proceden de fuentes propias. Esto diferencia a la Iglesia de otras instituciones como partidos, sindicatos u ONG que se sostienen básicamente de dinero público.

Según este informe, la repercusión económica de la labor social realizada por las 23.000 parroquias distribuidas por todo el territorio español fue de 1.386 millones de euros. Además, si nos fijamos en la labor asistencial, descubrimos que la Iglesia diocesana multiplica por 2,5 cada euro que recibe.

Conviene conocer todos estos datos, pero no olvidemos que lo que mueve la acción de la Iglesia es la misión recibida de Jesucristo. La verdadera repercusión social de la Iglesia se manifiesta en el anuncio de Jesucristo y en la edificación de una sociedad más humana, fraterna y esperanzada. Si eso además da beneficios económicos, ¡bendito sea Dios!

A la misma hora en que este estudio era presentado en Madrid, el papa Francisco recibía a los nuevos embajadores ante la Santa Sede y les decía: «Permitidme referirme a la alta responsabilidad que compartimos en la protección de los más vulnerables (…). La necesidad urgente de prestar atención a los más pobres de nuestros ciudadanos es un deber claro. Esto se expresa cuando nos unimos para promover su desarrollo integral. Esta unión tiene un nombre concreto: ¡fraternidad!».

Ojalá la Iglesia, la familia de los cristianos, reciba de Dios la fuerza y la luz necesarias para poder continuar la misión de acrecentar el amor, la esperanza y la confianza en el mundo.

+ Card. Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.