Corpus: comunión, contemplación y caridad

COMUNIÓN

“Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros”. Por medio de estas palabras del sacerdote o del obispo en la plegaria eucarística, el pan se convierte en el Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo. Se repite la expresión del Señor en la última cena, el jueves víspera de su pasión, instituyendo la Eucaristía. Celebramos la vida, muerte y resurrección de Jesucristo por todos nosotros. Actualizamos la alianza de Dios para con todos nosotros, que se convierte en fuerza ante nuestras debilidades, alimento para nuestro camino junto a Cristo en comunión. Comiendo su cuerpo se une a nosotros convirtiéndose en carne de nuestra carne. Hay que afirmar que la vida cristiana es fundamentalmente comunión con Jesucristo. Recordemos su enseñanza: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí” (Jn 15,4).

Lamentablemente algunos consideran que no es necesaria “la comunión” para ser buena persona y buen cristiano. Que la participación en la Eucaristía es sencillamente un acto de piedad, no necesario para vivir en cristiano. Más aun, se puede llegar a pensar que somos nosotros quienes hacemos un gran favor al Señor asistiendo a Misa y comulgando.

La Iglesia, desde siempre, ha considerado fundamental la participación de la Eucaristía para reconocer a Jesucristo, creer en Él, estar en comunión y por ello dar fruto. De aquí que la Misa dominical se ha convertido en un precepto de la Iglesia.

CONTEMPLACIÓN

El Cuerpo de Cristo, el Pan Eucarístico, se guarda en el sagrario de nuestras iglesias, ya sea para administrar la comunión a los enfermos o impedidos que no pueden desplazarse para la Eucaristía, ya sea para para hacer la visita, para la exposición del Santísimo y en algunas ocasiones para las procesiones.

Este domingo, en las procesiones del Corpus y actos eucarísticos, ciertamente contemplamos a Cristo presente en el pan consagrado. Pero hay que reconocer que se ha debilitado la conocida como “visita al Santísimo”. Es importante disponer de unos momentos para “visitar” a Jesucristo, presente en el pan consagrado de la reserva. Ya sabemos que Él siempre está con nosotros, pero somos humanos y tenemos necesidad de vivir su presencia, de estar cerca de Él unos instantes, en silencio, escuchándolo, dándole gracias, pidiéndole, adorándole, alabándole. “La visita al Santísimo” ha de ser un tiempo privilegiado de la jornada o de algunos días de la semana.

Alguien puede preguntarse porque el Señor necesita de nuestra adoración y alabanza. No, Jesús no la necesita, pero nosotros sí la necesitamos. Sin espacios para la intimidad, la comunicación, el reconocimiento, el agradecimiento… no podemos hacer experiencia personal de “estar con Él”, que es del todo necesaria para poder creer en Él y seguir su camino.

CARIDAD

Corpus nos hace vivir, al mismo tiempo, la presencia de Jesús entre los más necesitados y vulnerables, entre aquellos que van quedando en la cuneta de la vida y que es necesario rescatar. El reconocimiento de Cristo en los hermanos con necesidades, sean las que sean, está profundamente unido al reconocimiento de Cristo en la Eucaristía, en la que compartimos su cuerpo, el pan partido y repartido. Desde siempre se ha vinculado la Eucaristía con la Caridad, comunión con Cristo y los hermanos.

En la Iglesia partimos el pan y lo repartimos, especialmente por medio de Cáritas, de sus acciones y propuestas. Tú, yo… somos Cáritas, aunque no trabajemos directamente, pero sí que es necesaria nuestra contribución para garantizar su sostenimiento.

Necesitamos recibir a Cristo para estar unidos a Él, en comunión; necesitamos adorar a Cristo presente en la reserva eucarística y necesitamos acoger a Cristo en los hermanos, preferentemente entre los más necesitados…

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 411 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.