Dios tiene nombre

Este domingo celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, la fiesta de nuestro Dios que proclamamos y confesamos que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Sí, nuestro Dios no es un Dios solitario, es un Dios en comunión de amor y de vida: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Éste es nuestro Dios y ningún otro. Es fundamental conocer y vivir que es en este Dios en quien creemos.

Algunos hechos me ayudan a descubrir su importancia, tanto en lo que se refiere a Dios Unidad y Trinidad (UN SOLO DIOS CON TRES PERSONES) como en lo que se refiere a su acción para con nosotros.

En algunas de mis visitas a les escuelas cristianas para saludar, animar y mantener un diálogo con los alumnos, con frecuencia, especialmente en los cursos superiores, me formulan preguntas de todo tipo. Pero en un momento u otro siempre aparece la pregunta sobre Dios: “¿Usted cree en Dios? ¿Cómo es Dios? ¿Cómo lo sabe? ¡Tengo amigos o amigas que no creen en Dios y nunca sé que decirles!”.

Ciertamente, hay que valorar —y mucho— que una de las cuestiones que preocupan a los jóvenes sea preguntar sobre Dios, porque es la gran pregunta que en un momento u otro, de muchas maneras, todo el mundo se plantea.

De todas formas, constatamos que en el momento actual existe un gran silencio cultural y social sobre Dios. Aparentemente Dios ha desaparecido del ámbito público para quedar restringido a los ámbitos de los “creyentes”. Por ello, cuando hoy hablas de Dios, puedes oír cosas como: “¿De quién me hablas? ¿Quién es éste?” Porque Dios parece estar ausente de la vida cotidiana, marginado de la cultura, como alguien abandonado en la buhardilla de la historia que “no sirve”. Digámosle secularismo, indiferencia, ateísmo práctico, dado que ni siquiera se molesta en negarlo ni en luchar… Aún me resuenan expresiones como: “Dios, ¿para qué? ¡No lo necesito! ¡Tengo cosas más importantes que hacer que estar pendiente de estas historias!”.

Es precisamente en este entorno cultural que nosotros creemos y anunciamos el Dios que tiene nombre, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y ¿por qué?

Pues porque nos fiamos totalmente de Jesucristo, de sus primeros testimonios apostólicos, de la Iglesia que en muchos momentos ha reflexionado y formulado la fe en Dios Trinitario, le ha invocado en las celebraciones litúrgicas, ha confiado en las plegarias invocándolo confiadamente,  y de los creyentes que han vivido el amor de Dios Padre que en Cristo ha sido proyectado sobre nosotros por medio del Espíritu.

En ocasiones, puede que no sea fácil, incluso complicado, explicar que nuestro Dios es Trinitario, pero es en el que creemos, celebramos y vivimos. No hemos de pensar que se trata únicamente de un tema para teólogos y especialistas, sino que es al mismo tiempo una experiencia fundamental en la vida cristiana.

Dios es amor y allí donde existe el amor existe una trinidad: un amante, un amado y la fuente del amor, como señala san Agustín. Por ello:

  • Hacemos la señal de la cruz diciendo: “En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. Es decir, cuando hablamos de Dios lo hacemos refiriéndonos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
  • Cuando recibimos el bautismo el oficiante invocó a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
  • Así finalizan casi todas las plegarias.
  • Cuando rezamos el Credo manifestamos que creemos en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Éste es el verdadero nombre de Dios, el Dios en quien creemos. Y es muy importante afirmarlo y experimentarlo.

Recuerdo una imagen: un niño junto al mar contemplándolo con una concha llena de agua, y san Agustín le decía: “tienes en la mano agua del mar y no la tienes toda, no te cabe en la concha; así tienes a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo en ti, pese a que no lo puedas comprender del todo, porque tu comprensión es limitada”.

 

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 424 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.