Un corazón orante y misionero

Mons. Manuel Sánchez Monge                El domingo de la Santísima Trinidad, la Iglesia en España celebra la Jornada de la Vida contemplativa. Todo el pueblo de Dios agradece este año 2019 el corazón orante y misionero de los que no dejan de contemplar el rostro de Dios y nos ayudan a abandonar los hábitos de vida mundana para vivir como hijos del Padre.

En la vida ordinaria de los monasterios se ora intensamente. En la oración los monjes y las monjas  buscan el rostro de Dios y se convierten en el corazón orante de la Iglesia. Rezan no sólo por ellos mismos, sino sobre todo por tantos hombres y mujeres que sufren y a veces no saben expresar su dolor y por los que no saben, no quieres o no pueden orar. Interceden ante el Señor por el bien de la Iglesia y de la humanidad entera. Así se convierten para nosotros en testimonio y profecía. Porque nos enseñan a perseverar en la búsqueda del rostro de Dios, nos recuerdan que el Señor ha de ser nuestro tesoro, nuestro bien principal, lo único que necesario: “sólo Dios basta”. También testimonian cómo se pueden ver los acontecimientos con los ojos de Dios.

Los contemplativos tenéis una hermosa misión: “La Iglesia –os ha recordado el papa Francisco- aprecia mucho vuestra vida y vuestra entrega total. La Iglesia cuenta con vuestra oración y con vuestra ofrenda para llevar la buena noticia del Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. La Iglesia os necesita”.

Los monjes y monjas de clausura no sólo tienen una hermosa misión, sino que nos impulsan a vivir la dimensión misionera de toda la Iglesia. Son como faros, antorchas y centinelas, nos dice el Papa actual. Son como faros en el mar porque indican la ruta para llegar al puerto ansiado. Son antorchas que nos iluminan en la travesía que debemos recorrer a lo largo de nuestra vida, aunque tengamos que atravesar noches oscuras y tinieblas. Son como centinelas que vigilan mientras nosotros dormimos o andamos demasiado agitados entre quehaceres y responsabilidades de cada día. Su constante oración vigilante nos protege muchas veces de manera imperceptible de riesgos y tentaciones.

“Evangelizar constituye la dicha y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar”, nos enseñó el papa S. Pablo VI. Desde sus monasterios, los monjes y las monjas animan y sostienen a los misioneros de lejos o de cerca. No en vano una monja de clausura, Santa Teresita del Niño Jesús es la Patrona de las misiones. Todos ellos contribuyen a hacer realidad el sueño de Francisco: una «Iglesia en salida misionera’.

Agradezcamos a Dios el regalo de la vida contemplativa y pidamos que el Señor nos bendiga con nuevas vocaciones a la vida contemplativa también en nuestra diócesis.

+Manuel Sánchez Monge,

   Obispo de Santander

Mons. Manuel Sánchez Monge
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Mons. Manuel Sánchez Monge nació en Fuentes de Nava, provincia de Palencia, el 18 de abril de 1947. Ingresó en el Seminario Menor y realizó luego los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor Diocesano. Cursó Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo en 1974 la Licenciatura, con una tesina sobre la infalibilidad del Papa y ,en 1998, el Doctorado con una tesis sobre "La familia, Iglesia doméstica". Fue ordenado sacerdote en Palencia el 9 de agosto de 1970. Fue Profesor de Teología en el Instituto Teológico del Seminario de Palencia (1975), Vicario General de Palencia (1999) y Canónigo de la Catedral (2003). Fue ordenado obispo de Mondoñedo-Ferrol el 23 de julio de 2005. En la Conferencia Episcopal Miembro de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada desde 2005 Desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar