«Somos miembros unos de otros» (Ef 4,25)

Mons. Julián Ruiz Martorell                Estimados hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

Vivimos en la sociedad de la comunicación rápida y ágil; pero, al mismo tiempo, tan veloz como frágil. Existe una comunicación interpersonal superficial, epidérmica, fragmentada. Las comunicaciones sociales están teñidas de falsedad, falta de rigor e improvisación. La comunicación social es veraz cuando refleja, como un nítido espejo, la realidad, sin tergiversaciones, sin selección arbitraria y poco profesional, sin manipulaciones. La genuina comunicación social está al servicio de la sociedad; de todos y para todos. Transmite noticias, comunica acontecimientos, contribuye a relacionar unas personas con otras, entreteje vínculos, construye comunidad.

Los auténticos comunicadores verifican el contenido, contrastan las fuentes de información, valoran la oportunidad y difunden lo que han recibido y comprobado con el objetivo de prestar un servicio para el bien común.

Comunicar significa desarrollar la capacidad de relación, intensificar el contacto entre personas, superar el individualismo y la autosuficiencia, compartir tiempo y vida. Comunicar es un arte que requiere unas cualidades y una destreza. Crece la comunicación cuando aumenta el respeto, cuando se cuida el proceso de la información, cuando se vive una apasionante experiencia llena de afecto y de alegría. También aquí se necesita la formación del corazón. No basta con la calidad profesional. Es imprescindible la calidad personal.

El Santo Padre Francisco, en su Mensaje para la 53 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, cuyo lema es: “»Somos miembros unos de otros» (Ef 4,25). De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana”, nos invita a reflexionar “sobre el fundamento y la importancia de nuestro estar-en-relación”; y a redescubrir, “en la vastedad de los desafíos del contexto comunicativo actual, el deseo del hombre que no quiere permanecer en su propia soledad”.

El Papa Francisco afirma: “por un lado, las redes sociales sirven para que estemos más en contacto, nos encontremos y ayudemos los unos a los otros; pero por otro, se prestan también a un uso manipulador de los datos personales con la finalidad de obtener ventajas políticas y económicas, sin el respeto debido a la persona y a sus derechos. Entre los más jóvenes, las estadísticas revelan que uno de cada cuatro chicos se ha visto envuelto en episodios de acoso cibernético”.

Además de la “red”, es preciso pensar en la “comunidad”. Por ello, escribe el Papa: “Cuanto más cohesionada y solidaria es una comunidad, cuanto más está animada por sentimientos de confianza y persigue objetivos compartidos, mayor es su fuerza. La comunidad como red solidaria precisa de la escucha recíproca y del diálogo basado en el uso responsable del lenguaje”.

La capacidad de comprensión y de comunicación entre las personas “tiene su fundamento en la comunión de amor entre las Personas divinas. Dios no es soledad, sino comunión; es amor, y, por ello, comunicación, porque el amor siempre comunica, es más, se comunica a sí mismo para encontrar al otro”. Según el Papa, “de la fe en un Dios que es Trinidad se sigue que para ser yo mismo necesito al otro. Soy verdaderamente humano, verdaderamente personal, solamente si me relaciono con los demás”.

A quienes se dedican a la tarea cotidiana del las comunicaciones sociales les agradecemos su trabajo, valoramos su esfuerzo, reconocemos su tarea y les animamos en su responsabilidad.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+  Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.