«¿Qué hacéis mirando al cielo?»

Mons. César Franco               Los cristianos confesamos en el Credo que Jesús subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre. Son dos imágenes que no pueden interpretarse literalmente, porque el cielo al que sube Jesús no es el que contemplamos sobre nuestras cabezas ni el Padre tiene derecha e izquierda como si fuera un ser humano. Los evangelistas utilizan imágenes asequibles para visualizar los misterios de la fe. Cuando Jesús habla de su partida de este mundo creado, dice que se va al Padre. Este mundo, por hermoso que sea, es creación de Dios, obra suya. Por la resurrección, Jesús ha trascendido esta creación, ya no está sujeto a las leyes de este mundo ni condicionado por el espacio y el tiempo. Ha entrado para siempre en el mundo de Dios. Antes de encarnarse —dice el prólogo de Juan— estaba junto a Dios, y, resucitado, vuelve a Dios. «Elevarse al cielo» es afirmar que Cristo retorna al Padre como Señor de todo lo creado. Eso significa sentarse a la derecha de Dios, imagen bíblica que subraya la idea de que el Hijo posee la misma gloria que el Padre.

En el relato de la Ascensión, según dice Lucas en los Hechos de los Apóstoles, hay otro aspecto de este misterio que nos afecta a nosotros. Dice el relato que, mientras Jesús ascendía al cielo, sus discípulos se quedaron con la mirada fija en el cielo, viéndole irse. Dos hombres de blanco —una forma de designar a los ángeles— les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo» (Hch 1,11). Sin decirlo expresamente, Lucas está indicando la misión de los cristianos y de la Iglesia. Entre la partida de Jesús y su retorno al fin de la historia, los seguidores de Cristo no deben permanecer con los brazos cruzados. El cielo no es nunca una excusa para desentendernos de la tierra. Antes de su partida, Jesús dice a los suyos que serán sus testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo. Partiendo de Jerusalén se dispersarán por todo el mundo para testimoniar todo lo que Jesús ha dicho y hecho. El cristianismo es misión, testimonio, vida apostólica. La mística cristiana no nos separa de este mundo, sino que nos introduce en él con la fuerza del Espíritu para transformarlo según el proyecto de Dios. Por eso, celebramos en este día la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, subrayando con ello que la fe cristiana es un anuncio gozoso de salvación que debe ser comunicado a todos los hombres. Silenciar esta Buena Noticia es un atentado al núcleo mismo del evangelio, una infidelidad al mandato de Cristo: id y enseñad a guardar lo que yo os he mandado.

Es frecuente escuchar hoy que la religión es un asunto privado. Nada hay más opuesto a la entraña de la religión, y del cristianismo, que este despropósito. La religión es un hecho social y público indiscutible. Los creyentes no vivimos censurándonos a nosotros mismos ni ocultándonos ante la opinión pública. La fe religiosa pertenece al patrimonio universal de los pueblos. Cuando Jesús predica el evangelio, lo hace públicamente, en las calles, plazas y sinagogas. Sólo quienes pretenden imponer su «religión» a los demás tienen la osadía de censurar la libertad de los creyentes para expresar sus creencias y convicciones. Los cristianos, y los hombres de fe en general, no estamos en el mundo para quedarnos mirando al cielo en un misticismo desencarnado de la realidad. Somos artesanos, trabajadores, cooperadores de la verdad de Cristo en un mundo que necesita la presencia de Aquel que ha sido constituido Señor de cielos y tierra y ha revestido a los suyos con su mismo poder y autoridad.

 

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).