Las razones del corazón

Mons. Francisco Pérez                 El mes de junio tradicionalmente tiene como punto de mira la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Es un mes donde se muestra la cercanía a la imagen que solemos tener en nuestras casas, en el ambiente parroquial y en nuestras plazas y puertas de nuestras casas. Las razones del corazón son mucho más extensivas que la de la misma razón y el motivo fundamental es porque el Hijo de Dios nos mostró hasta donde llegaba el Amor del Padre. La Sagrada Escritura tiene una denominación muy propia de Dios: “Y nosotros hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene. Dios es Amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1Jn 4, 16). A veces buscamos, por caminos equivocados, la presencia o la visibilidad de Dios y lo tenemos en el corazón que ama. Ahora bien no debemos confundir el amor verdadero con los amores interesados y egoístas. Tal vez las circunstancias que nos rodean pudieran llevarnos a confundir el amor auténtico con el amor falso.

Durante este mes tenemos la oportunidad de mirar con alegría y orgullo al Sagrado Corazón de Jesús y decirle que nos enseñe a amar y a dar razón de nuestros actos para que se realicen en el amor verdadero. Y su carta de identidad nos lo expresa el Señor: “Nosotros amamos, porque Él nos amó primero. Si alguno dice: ‘Amo a Dios’, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1Jn 4, 20). No se entiende el amor a Dios si no lleva consigo el amor al prójimo. “Es como si yo soñase que estaba caminando. Sería sólo un sueño: no caminaría. Quien no ama al prójimo no ama a Dios” (San Juan Clímaco, Scala paradisi 33). Esta es la única razón del corazón y sólo por ella se entrega la vida si es necesario. Lo vemos en los mártires que han entregado su vida al lado de aquellos que han servido por amor y sólo por amor. Ante los misioneros nadie pone objeciones y su razón fundamental es el amor de entrega y nunca huyen, a pesar de las dificultades y las guerras, del lugar donde se encuentran.

Me conmueve ver personas de toda índole y vocación cómo encaran la vida y se ponen en una actitud de amor puramente gratuito. He visto hijos que han estado al lado de sus padres enfermos y han ofrecido su vida por ellos. He visto sacerdotes que, sin pretensiones de ningún tipo, y sobrepasando su edad han seguido o siguen atendiendo a sus fieles. He visto matrimonios que, en medio de grandes dificultades, han sabido ser fieles simplemente porque lo único que les unía era un amor oblativo y gozoso. He visto enfermos que desde pequeños están en la cama y sus padres siguen cuidándoles con mimo y entrega. He visto empresarios, políticos, gestores públicos… que emplean todo su tiempo por amor a sus trabajadores y a sus ciudadanos. He visto auténticos milagros de personas que se gastan y desgastan por los demás. Generalmente no salen en los medios de comunicación. El amor verdadero no hace ruido porque “es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso, ni jactancioso, ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor” (1Cor 13, 4-5). Este es el himno a la caridad que vale mucho más que todos los himnos que pudiéramos inventar.

Los santos son como pequeños guías que nos ayudan a mirar con los ojos más limpios. Ellos tienen muy claro que si está dentro de uno la raíz del auténtico amor, ninguna otra cosa sino el bien podrá salir de tal raíz. Y por eso cuando el amor crece dentro de uno mismo, la belleza crece. Porque el amor es la belleza del alma. Cuántas veces recordamos personas que no tienen encantos exteriores, pero son tan limpias de espíritu que muestran una belleza especial y todo lo contrario, puede suceder, que personas al tener encantos exteriores no fascinan porque les falta la belleza interior. Se comprende bien que el amor nada tiene que ver con la soberbia puesto que en ella no cabe Dios porque el que está lleno de amor está lleno de Dios mismo. Esta es la única razón del corazón.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).