La nueva Iglesia (VI). En comunicación

Mons. Agustí Cortés               “Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas… Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo”, rezamos con el Salmo 46.

La Iglesia ora y vive este salmo contemplando a Jesucristo el día de su Ascensión. Para los cristianos no hay más Señor que Jesús, el Dios con nosotros, que, habiendo compartido la vida humana, hasta lo más bajo y humilde, ahora “asciende” a lo más alto de la gloria. Así mismo, la llamada a la música, el aplauso, el clamor de júbilo, se dirige a toda la creación, los astros, las montañas, los árboles, el mar, el aire… y a todos los pueblos.

Hace años se eligió este día como Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. La preocupación pastoral de la Iglesia se centraba, entonces y ahora, en la comunicación interna, es decir, de los fieles y comunidades entre sí; pero, sobre todo, en las comunicaciones sociales en general, en el mundo que llamamos “mediático”, donde la Iglesia quiere estar presente como tal o a través de sus miembros, inspirados en el humanismo cristiano. ¿Por qué esa coincidencia del día de la Ascensión con la Jornada de las Comunicaciones Sociales?

La Iglesia sueña con un mundo realmente “comunicado”, por la misma razón que sueña con un mundo fraterno, con una comunidad universal. Este sueño es imposible si la comunicación no está al servicio de la verdad y del amor.

Primero hay que comunicarse. Es una necesidad natural. Sin embargo el mensaje del Papa nos recuerda que estar en contacto, ligados por la red social a través de los medios, por ejemplo la nueva tecnología, facilita la comunicación, pero no asegura la comunicación que libera de la soledad y hace crecer la persona (muchas veces engaña y esclaviza). Por eso añade que la comunicación se perfecciona cuando busca crear unidad, lazos comunitarios, vínculos solidarios y respetuosos. Pero la comunicación más profunda se da cuando uno mira al otro como miembro suyo, tal como entendemos los cristianos, que nos reunimos en un solo Cuerpo de Cristo: en él todos y cada uno, en su diversidad, “es necesario”, porque compartimos la misma vida. Dice el Papa que el ansia y la necesidad de comunicación y la respuesta que hallamos en la Iglesia–Cuerpo de Cristo, tiene su origen en la comunicación y comunión de la Trinidad y se verifica en la Eucaristía.

Desde aquí, desde la Trinidad y la Eucaristía, deberíamos saber volver a las redes sociales. Esto sí que sería un auténtico sueño hecho realidad.

El libro del Apocalipsis, que nos acompaña en la contemplación de la Iglesia nueva, dice que esa Ciudad resplandeciente y bella, no asciende, sino que baja del cielo como don de Dios (si desciende es porque Jesucristo ascendió glorioso). Pero hay quienes no pueden vivir en ella, porque, entre otras oscuridades, “viven de la mentira” (“aman y practican la mentira”: Ap 22,16). ¿Cómo se comunican quienes realmente la habitan?

Esa Ciudad, la Iglesia salida del Resucitado, es luz brillante para todo aquel que desee recuperar su alegría y su ser en la verdadera comunicación. Los discípulos contemplaban a Jesús que ascendía, después de haber dado su vida por amor. Pero inmediatamente escucharon la voz que les enviaba a comunicar a todo el mundo la Buena Noticia, lo que habían visto y oído.

Dios quiera que ese anuncio introduzca en nuestro mundo algo de aquella luz que hace de la comunicación un encuentro en la verdad, una ocasión para aproximarnos al amor fraterno.

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.