La Catedral, centro de la vida litúrgica de la diócesis

Mons. Francisco Conesa                       Queridos diocesanos: Se dice en el Ceremonial de obispos que la Catedral ha de ser considerada “el centro de la vida litúrgica de la diócesis” (n. 44). La razón de ello la expuso el Concilio cuando dijo que “el obispo debe ser considerado como el gran sacerdote de su grey, de quien deriva y depende, en cierto modo, la vida en Cristo de sus fieles” (SC 41). Llama la atención los dos verbos que se utilizan para explicar la relación entre el obispo y los fieles: “derivar” y “depende”.  El Concilio añadía: “Por eso, conviene que todos tengan en gran aprecio la vida litúrgica de la diócesis en torno al obispo, sobre todo en la Iglesia Catedral” (LG 21). Ciertamente, sólo Cristo es la Cabeza de la Iglesia. Pero, por la imposición de manos recibida en su ordenación, el obispo ocupa en la iglesia diocesana el lugar de Cristo cabeza; es su imagen viva. “En él se hace presente nuestro Señor Jesucristo, Sumo sacerdote, en medio de los creyentes” (LG 21).

En todas las celebraciones litúrgicas presididas por el obispo se pone de relieve lo que es la Iglesia como sacramento de salvación que, a través de unos signos sagrados, pone a los hombres en relación con Cristo. La misa presidida por el obispo, acompañado por los sacerdotes y diáconos y junto al pueblo de Dios es una espléndida epifanía de nuestra Iglesia. El Concilio lo expresó con claridad cuando en la constitución sobre la liturgia dijo que “la principal manifestación de la Iglesia tiene lugar en la participación plena y activa de todo el pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones litúrgicas, especialmente en una misma Eucaristía, en una misma oración, junto a un único altar que el obispo preside rodeado por su presbiterio y sus ministros” (SC 41). Los presbíteros aparecen junto al obispo, como compañeros y colaboradores suyos. Los diáconos ayudan al pueblo cristiano a descubrir la variedad de ministerios que enriquece la Iglesia y la importante función que en ella desempeñan. Y después la vida consagrada y todo el pueblo santo de Dios, que se une en torno al obispo, los presbíteros y diáconos en la escucha de la Palabra y la celebración del misterio eucarístico.

Por eso es tan importante que el obispo celebre en el altar de la Catedral al menos los tres momentos litúrgicos que se pueden considerar fontales para la vida cristiana: la Vigilia Pascual, que es centro de las celebraciones dominicales, eucarísticas y bautismales; las ordenaciones, origen del ministerio en la Iglesia diocesana y la Misa crismal, que es manifestación de la plenitud sacerdotal y signo de la unión de todos los presbíteros con el obispo. Además, en estas tres ocasiones, la concelebración de los presbíteros con el obispo y el ministerio de los diáconos expresa la unidad del sacerdocio ministerial en Cristo y la Iglesia. Es Él, el Señor, quien, sentado a la diestra del Padre, no deja de estar presente y operante en la Iglesia, por el ministerio jerárquico, sobre todo en las celebraciones litúrgicas (cf. LG 21, SC 7). Participar del altar donde celebra el obispo, concelebrar con él en su altar, es la forma más expresiva de reafirmar y confirmar la comunión eclesial. En estas ocasiones es especialmente importante manifestar la unidad del pueblo cristiano en torno a su obispo, evitando su dispersión en pequeñas comunidades. La Eucaristía celebrada en torno al obispo significa de modo singular la realidad de la iglesia particular.

+ Francesc, bisbe de Menorca

Mons. Francisco Conesa Ferrer
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Rector de la Basílica de Santa María de Elche desde 2014 Francisco Simón Conesa Ferrer nació en Elche el 25 de agosto de 1961. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario diocesano y fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1985. Es doctor en Teología (1994) y en Filosofía (1995) por la Universidad de Navarra. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Orihuela-Alicante, donde ha desempeñado los siguientes cargos: vicario parroquial de la parroquia ilicitana de Nuestra Señora del Carmen (1985-1987), de la Inmaculada de San Vicente del Raspeig (1994-1996) y de Nuestra Señora de Gracia de Alicante (1997). Desde 1998 al 2014 fue el vicario general de la diócesis. En la actualidad es profesor del seminario diocesano, donde imparte Filosofía del Lenguaje y Teología Fundamental, desde 1992; profesor asociado de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, desde 1994; canónigo magistral de la Catedral de Orihuela, desde 2001; y rector de la Basílica de Santa María de Elche, desde 2014. Fue nombrado prelado de honor de su Santidad en el año 2012.