En la Ascensión del Señor

Mons. Gerardo Melgar             Celebramos este domingo la solemnidad de la As­censión del Señor a los cielos.

La Ascensión nos si­túa en el tiempo de la Iglesia. Jesús ha cumplido su misión hasta el final y ahora deja su misma misión en ma­nos de la Iglesia.

Con gran solemnidad les había dicho a sus discípulos, la Iglesia na­ciente: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

En el evangelio de hoy les recuer­da todo lo que ha sucedido con él y cómo deben esperar al Espíritu San­to y cuando les está diciendo esto, lo ven marchar al cielo.

Comienza así el tiempo de la Igle­sia. Jesús ha ido al Padre, y nosotros nos hemos quedado en este mundo para cumplir la misión que nos ha encomendado de llevar su evangelio al corazón del mundo.

No nos ha dejado solos, sino que desde el cielo nos va a enviar su Es­píritu para que nos ayude y nos asis­ta en todo cuanto necesitemos para cumplir bien nuestra misión

Desde este momento, la misión que Cristo trajo a este mundo queda en nuestras manos y esa será a partir de ahora nuestra misión: anunciar a todos los hombres de todos los tiem­pos la Buena Nueva de la salvación de Dios que Cristo con su muerte y resurrección nos ha traído.

Esta es una misión que Cristo deja a toda la Iglesia, representada en aquellos apóstoles. Todos somos responsables del cumplimiento de la misma. El Papa dice claramente que «todo bautizado, por el hecho de es­tarlo, debe ser un auténtico agente de evangelización».

Esto quiere decir que ninguno de los que nos consideramos seguidores de Jesús y discípulos del maestro po­demos sentirnos al margen de la mi­sión de toda la Iglesia de anunciar a todo los demás la Buena Nueva de la salvación.

Además, lo tenemos que hacer de una doble forma: primero, viviendo nosotros el mensaje de Jesús en nues­tra vida, porque somos sus discípu­los y seguidores. Segundo, haciendo partícipes, comunicando, contagian­do esa fe a los demás por medio de nuestro testimonio cristiano.

No olvidemos aquellas palabras que decía san Juan Pablo II: «El único Evangelio que muchos de los cristia­nos de nuestro mundo y de nuestro tiempo van a leer es el testimonio que demos los cristianos».

Esta misión de llevar el mensaje salvador de Cristo a los hombres de todos los lugares y tiempos es una misión urgente. No podemos que­darnos embelesados con las cosas de esta sociedad y de este mundo y no cumplir la misión. La misión que ha dejado en nuestras manos como Igle­sia del Señor es una misión urgente y principal preocupación de cada uno de los cristianos.

Por eso cuando aquellos discípu­los se quedan desorientados ante la ascensión de Jesús al cielo, se les van a presen­tar dos án­geles que, viéndoles así inacti­vos, pen­sando en que Jesús se ha marchado, les van a recordar la urgencia de la misión que tiene a partir de ahora con aquellas palabras de los Hechos de los Apóstoles: «Galileos, ¿qué ha­céis ahí plantados mirando al cielo?»

Les vienen a recordar: ¿no tenéis una misión que el Señor os ha encar­gado ¿Qué hacéis ahí sin cumplirla? «El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto mar­charse al cielo»

También a nosotros nos recuerdan la misión que tenemos y la urgencia que tenemos de cumplirla, por eso no podemos quedarnos ensimisma­dos con otras ocupaciones, con otros intereses que no sean los de anunciar el mensaje salvador.

Tomemos nuestra responsabili­dad en el anuncio de la salvación de Dios y cumplamos con ella con todo nuestro tiempo, con nuestra alma y nuestro cuerpo, de tal manera que el Señor, cuando vuelva y nos pida cuentas de cómo lo hemos cumplido, nos podamos presentar ante Él con las manos llenas.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.