Ascensión del Señor: Tiempo de testigos

Mons.  Francesc Pardo i Artigas                   Jesús se despide de los discípulos: El Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecadosVOSOTROS SOIS TESTIGOS DE ELLO”. En el libro de los Hechos de los Apóstoles se lee: “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir y SERÉIS MIS TESTIGOS…”

Desde la Ascensión – Glorificación de Jesús hasta su segunda venida gloriosa al final de los tiempos es el tiempo de los testimonios.

El papa Francisco, en su exhortación “La alegría del Evangelio” manifiesta que TODOS SOMOS DISCÍPULOS MISIONEROS. No dice que algunos de los discípulos son misioneros, sino que todos los discípulos, todos los cristianos, somos misioneros. Ser misionero y ser testigo son conceptos equivalentes. La misión siempre significa ser testigo de Jesucristo por medio de la vida, palabras y hechos.

El testigo es aquel que por medio de su vida y de sus palabras anuncia y hace visible su experiencia personal de encuentro con Jesucristo, y de cómo dicha experiencia ha cambiado y ha dado sentido a su vida. No son suficientes las expresiones “a mí me han enseñado, he aprendido, me han dicho…”. Dar testimonio no se puede reducir a comunicar una doctrina, una manera de ser y de actuar sin aportar la dimensión personal.

¿CUÁNDO Y DE QUÉ FORMA ACTUAMOS COMO TESTIGOS?

En la vida ordinaria: familia, trabajo, escuela, vecindario, pueblo, diversión, grupos de amigos, parroquia, responsabilidades cívicas.

Hemos de serlo en ésta nuestra sociedad que valora la felicidad, la salud, la libertad, la fraternidad; pero a la que le falta experiencia de Dios. No reconoce a Jesús como aquel que nos da vida y nos salva. Una sociedad que está necesitada de amor, de esperanza, de consuelo en el sufrimiento y en el dolor, y que puede perder la dimensión humana y los valores fundamentales para la convivencia.

Por ello es necesario que seamos:

Testigos de Jesucristo. Quien ha dado la vida por nosotros para ofrecernos vida, esperanza, fuerza, salvación. Hemos de hablar de Jesús, hemos de darlo a conocer. Padres, abuelos, cristianos… no dimitamos de esta responsabilidad.

El silencio sobre Dios, no hablar de Jesús, no hace que las personas sean más libres ni más fraternales, ni mejores ciudadanos…sino personas sin respuestas a los grandes interrogantes de la vida y, por ello, menos libres y sin fundamentos.

Testigos de que creer nos hace felices. Dios quiere nuestra felicidad. Ahora bien esta felicidad no consiste en poseer mucho, poseer de todo,  sino en acertar con nuestra vida.

Debemos sentirnos felices por ser cristianos. ¡Es una gran suerte!

Testigos de esperanza en el dolor y ante el sufrimiento actuando con misericordia. Ello significa atención a los que sufren y ayudar a vivir verdaderamente a las personas de nuestro entorno.

Testigos de las actitudes evangélicas en nuestras responsabilidades familiares, profesionales, ciudadanas…

Testigos en el servicio a los demás. Amar es servir y para servir hay que estar atentos a las personas y a sus necesidades.

Los testigos de nuestro tiempo son multitud y con frecuencia desde el anonimato.

En las familias, entre los marginados, inmigrantes, enfermos, ancianos, en los territorios faltos de recursos, en los centros de trabajo y de estudio, en organismos sociales, deportivos, políticos, en espacios de diversión…, en todos ellos hallamos testigos de Jesucristo que lo hacen presente tal y como nos encargó.

 

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 431 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.