Un camio solo tiene sentido si conduce a una Ermita (Fiodor Dostoievski)

Mons. Francisco Cerro                 Me encantó el pregón de D. Ciriaco Benavente en la Catedral de Coria, sobre la Virgen de Argeme, patrona de Coria y su Diócesis. Citó esta frase de Fiodor Dostoievski, escritor ruso, que sirve de título a este artículo y que el escritor pone en boca de uno de los protagonistas de uno de sus libros. Una madre que le dice a su hijo: un camino solo tiene sentido si conduce a una ermita.

¿Cuántas ermitas conocemos diseminadas por la geografía diocesana? Los caminos que conducen a ellas, sean de la índole que sean, de fácil acceso, sinuosos, empinados, siempre nos recuerdan esta verdad el sentido de ese camino y es que nos conduce a una ermita. ¿No será esta la intuición de la religiosidad popular de sensus fidei del pueblo de Dios que han visto en María un sendero humilde que conduce al Corazón de su Hijo?

Tres son las claves de la auténtica devoción a la Madre de Dios que el pueblo de Dios, humilde, sencillo y con buen olfato, percibe sobre María y que ha sido recogido en nuestro XIV Sínodo Diocesano:

  1. HUMILDAD. Los caminos que conducen al Señor siempre tienen el sello evangélico de la humildad. Los caminos de nuestras ermitas que conducen a los Cristos, a la Madre de Dios o a los santos, todos tienen el recorrido de la sencillez y de la humildad. No son autopistas. A veces, son caminos de tierra o arena que, cuando llueve, nos embarran. No es menos cierto que podemos ir con atuendo sencillo, cómodo y sabemos que siempre hay “Alguien” que nos espera. Comprendemos el mensaje que tiene que ver con el sufrimiento aceptado, con la lógica del don con amor en gratitud, con unas lágrimas de dolor y, sobre todo, con el tremendo sufrimiento de que se sabe en medio del dolor aceptado en la fe.
  2. TERNURA. Por estos caminos que conducen a la ermita, que conducen a nuestra profunda fe tejida como la de nuestras madres de la profunda pobreza y pone unas lágrimas, unas flores, unos recuerdos que el Señor ha pasado y pasa por nuestra vida y queremos agradecer y pedir por todo aquello que nos preocupa y nos deja en un sufrimiento sin esperanza. Nos resistimos a tirar la toalla y buscamos la solución desde la fe.
  3. ACOGIDA. Estos lugares, estos santuarios, estas ermitas, siempre deben ser lugares de acogida. Muy bien cuidados. Rebosando austeridad y sencillez. Cuidando todos los detalles que hacen que la fe y la esperanza nos lleven a un amor probado.

Cuando conduce siempre a la ermita donde la Madre nos espera y siempre lleva el nombre que evoca nuestra tierra, nuestros amores, nuestras esperanzas. Entonces, solo entonces, se cumple la misión que tiene la ermita.

Bendigo a todos los que cuidan de las ermitas y a todos los que hacen que sean lugar de fiesta, de encuentro y de perdón.

 

+ Francisco Cerro Chaves,

Obispo de Coria-Cáceres

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.