Del Concilio de Jerusalén al Concilio de Cataluña

Mons. Francesc Pardo i Artigas                 A lo largo de 1995, el próximo año se cumplirá el vigesimoquinto aniversario, tuvo lugar el Concilio Provincial Tarraconense, conocido como el Concilio de Cataluña.

La lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles de este domingo nos ha informado sobre el primer concilio de la historia de la Iglesia, el Concilio de Jerusalén en el tiempo de los apóstoles, y sobre el porqué de la celebración de dicho Concilio en el que participaron san Pablo, san Pedro, san Jaime, otros apóstoles y dirigentes de la comunidad. ¿Por qué la celebración de este primer Concilio? Pues porque algunos cristianos judíos exigían que los nuevos cristianos no judíos se hiciesen primero judíos, se circuncidaran, cumpliesen la ley de Moisés, antes de ser cristianos. Pablo y Bernabé con la experiencia adquirida en el curso de sus viajes misioneros y después de haber convertido y bautizado a no judíos sin necesidad de aceptar el judaísmo, defendían que para ser cristiano solo es necesaria la conversión a Jesucristo, ser salvados por la gracia de Jesús, el Señor. Para tratar dicha cuestión se reunieron en Jerusalén. Se debía decidir si los no judíos podían convertirse en cristianos sin condición previa alguna. En definitiva se jugaba el futuro del cristianismo, dado que o quedaba cerrado en el judaísmo o se abría a todo el mundo.

Tras discusiones muy vivas y apasionadas, Pedro y Jaime deben intervenir desde su autoridad. Pedro defendiendo que no era necesario imponer un yugo, el judaísmo, muy difícil de soportar; Jaime también optando por no imponer obstáculos a la conversión, pero recomendando de abstenerse de tres prácticas para no escandalizar: no comer carne sacrificada a los ídolos, consumir sangre y animales ahogados, y de relaciones sexuales ilegítimas.

Los obispados con sede en Cataluña celebraron un Concilio el año 1995, tras años de experiencias en la aplicación del Concilio Vaticano II de 1965, para decidir propuestas que ayudasen a seguir aplicándolo teniendo presente la realidad social y eclesial de Cataluña. Habían transcurrido treinta años, estábamos a las puertas del tercer milenio y era necesario hallar respuestas a la pregunta: “Espíritu, ¿qué dices a las Iglesias de la Tarraconense?

Ciertamente que se había hecho un gran esfuerzo en la aplicación del Vaticano II, pero se debía continuar teniendo presente los nuevos signos de los tiempos ante las nuevas situaciones marcadas por la secularización y el pluralismo. También de alguna manera se aprovechaba para revisar y valorar como se había realizado su aplicación hasta el momento.

Hay que remarcar la importancia que tuvo la Etapa diocesana de Reflexión, en la que intervinieron 2.466 grupos (26.149 participantes), en los cuatro temas propuestos. Al efecto se habían recogido 61.000 respuestas en una encuesta previa.

Los cuatro temas eran: Anunciar el Evangelio a nuestra sociedad, la Palabra de Dios y los sacramentos, la atención de nuestras Iglesias para con los más pobres y marginados y la comunión eclesial y la coordinación interdiocesana de nuestras Iglesias.

De alguna manera los cuatro temas manifestaban los retos pastorales más solicitados y urgentes.

En la etapa de reflexión diocesana y especialmente durante el Concilio (enero-junio de 1995) se trabajó con espíritu generoso y con conciencia “sinodal”, es decir haciendo “camino en común”. Fruto de aquel trabajo fueron las 170 propuestas aprobadas, primero por medio del voto consultivo de los conciliares y posteriormente ratificadas y aprobadas por todos los obispos.

Cabe recordar la finalidad del Concilio y que coincide con la exhortación el papa Francisco “La alegría del Evangelio”. “Sentimos el gozo y la responsabilidad de hacer llegar el mensaje de Cristo a todo el país, integrado por personas y grupos muy diversos que tienen actitudes y niveles bien distintos de fe y cultura”.

¡El Concilio sigue vigente!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.