Mons. Sebastián Chico ya es obispo auxiliar de Cartagena

Mons. Sebastián Chico Martínez ya es obispo auxiliar de la diócesis de Cartagena. A las 14:00 horas del sábado 12 de mayo finalizaba la celebración de su ordenación episcopal en la Catedral de Murcia, a la que han asistido más de 2.500 personas.

A las 9:30 horas se abrían las puertas de la Catedral para acoger a los fieles. Ha presidido la celebración y actuado como ordenante principal el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, y como concelebrantes principales el Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Renzo Fratini, y el arzobispo de Valencia, cardenal Antonio Cañizares.

Han participado también los arzobispos de Granada y de la Seu de Urgel y obispos de Cuenca, Asidonia-Jerez, Santander, Cádiz-Ceuta, Getafe, Orihuela-Alicante, Almería, Albacete, Guadix, Canarias y de Idiofa (República del Congo); auxiliares de Barcelona, Madrid y Valencia; y los eméritos de Burgos, Zaragoza y los dos de Orihuela-Alicante.

Tras invocar al Espíritu Santo con el canto del “Veni Creator”, los dos sacerdotes que acompañaban a Mons. Chico –directores espirituales del Seminario San Fulgencio– han pedido a Mons. Lorca que lo ordenara obispo, momento en el que el obispo de Cartagena ha mandado que se leyera la bula papal del nombramiento.

En su homilía, el obispo de Cartagena ha destacado que el ordenando está llamado en su nuevo ministerio al servicio y le ha animado a tener siempre de referente a Jesús, “modelo de fidelidad” y ser así “instrumento de comunión y de paz”; y a imitar a María para “responder ante las sorpresas de Dios con generosidad”.

De las cualidades del nuevo ministerio que Mons. Chico afronta a partir de hoy también le ha hablado en su homilía: de la cercanía, la sencillez, la humildad, la alegría y la dulzura de carácter; y todo, para dar fruto: “Un obispo no puede ser de secano, está llamado a dar frutos y en su rostro se deben manifestar las señales de la intrepidez y de la valentía para hacer patente la abundancia de la gracia y la misericordia de Dios; está llamado a cuidar de los hermanos para que permanezcan unidos y es promotor de caridad, porque es testigo del amor más grande del mundo”.

Una vez más, Mons. Lorca ha destacado que, con la presencia de Mons. Chico, podrá estar más cercano a la Iglesia que pastorea, contando también con la ayuda de Mons. Francisco Gil, arzobispo emérito de Burgos, que desde su jubilación reside en Murcia. “Nos pondremos en marcha los dos; con parresía, los dos; con la ilusión por la misión, los dos; hasta que nos falten las fuerzas a los dos. Por servir a todos, que para eso nos ha llamado el Señor. Ya sabes que contamos con la ayuda inestimable de nuestro hermano mayor, Mons. Francisco Gil Hellín, un arzobispo que vive en el júbilo de estar siempre disponible”.

El Obispo recordó a los sacerdotes enfermos y pidió a toda la Iglesia diocesana mantenerse en comunión: “Os pido caminar juntos, mirar el presente y el futuro juntos; celebrar la fe en comunión y en caridad y vivir con un solo corazón y una sola alma. Dios os bendiga”.

La celebración ha continuado con el rito de la ordenación. En un primer lugar con la promesa del elegido y la letanía de los santos en la que, mientras se canta, el elegido, como signo de humildad, se postra en tierra. El rito principal de la ordenación es la imposición de manos. Después de hacerlo Mons. Lorca, todos los obispos han impuesto las manos sobre el ordenando, que es el gesto por excelencia con el que la liturgia invoca al Espíritu Santo sobre una persona. Después, el celebrante principal ha ungido la cabeza del elegido con el Santo Crisma y le ha entregado el libro de los evangelios y los signos episcopales: el anillo, la mitra y el báculo. Tras el abrazo de los obispos, como acogida dentro del episcopado ha transcurrido la liturgia eucarística.

Uno de los momentos especiales ha sido cuando, tras la comunión, el nuevo obispo ha recorrido el templo catedralicio bendiciendo a los fieles, acompañado por el Arzobispo emérito de Burgos y el Arzobispo emérito de Zaragoza, Mons. Manuel Ureña (quien siendo obispo de Cartagena ordenó sacerdote a Mons. Chico).

Antes de finalizar la celebración, el obispo auxiliar de Cartagena se ha dirigido a los presentes. Su acción de gracias ha comenzado refiriéndose a Dios, “por el don del Espíritu Santo” recibido en la Ordenación. Ha tenido palabras de agradecimiento también para el papa Francisco por su nombramiento; para el Nuncio de Su Santidad, el Cardenal, arzobispos y obispos presentes en la celebración.

Emotivas han sido las palabras dirigidas al obispo de Cartagena “por la paternidad que siempre me ha manifestado”; y para los sacerdotes del presbiterio diocesano, “¡Qué orgulloso me siento de ser uno de vosotros e iniciar mi ministerio junto a vosotros!”.

También se ha dirigido a su familia, a los seminaristas, religiosos y religiosas, así como a los más de 90 voluntarios que han colaborado en la celebración y al coro y la orquesta, con 80 personas de diferentes corales y coros parroquiales. Al Cabildo le agradeció la presencia de la Virgen de la Fuensanta, patrona de Murcia en la Catedral, que ha retrasado el regreso a su santuario para estar en esta celebración.

Homilía de Mons. Lorca Planes para la Ordenación Episcopal de Mons. Sebastián Chico Martínez Obispo Auxiliar de Cartagena

Santa Iglesia Catedral de Murcia, a 11 de mayo del 2019

Emmo. Sr. Cardenal, Excmo. Sr. Nuncio Apostólico. Excmos. Sres. Arzobispos y obispos. Sacerdotes, religiosos, seminaristas. Excmas. e Ilmas. Autoridades civiles, académicas, militares y judiciales.

Queridos fieles asistentes, familiares y amigos del Obispo auxiliar, especialmente saludo a su madre en este momento de tantas emociones.

Tengo presente a todos los ancianos, enfermos y amigos que nos estáis siguiendo por la Cadena Cope, Radio María, así como a los que nos estáis viendo por Trece TV y Popular TV.

Hermanos

Les voy a contar una confidencia. Me ha resultado difícil buscar las palabras adecuadas para este momento, porque he tenido que superar la tentación del protagonismo del corazón y de los sentimientos, para centrarme en la responsabilidad de la ordenación de un obispo. Les aseguro que para resolver este dilema me he apoyado en el Señor. Él me ha mantenido atento, despierto, gozoso y en una constante acción de gracias. No había día en estos meses, en el ejercicio de las diversas actividades pastorales, que no me acordara de este momento y me dijera, estando Sebastián ya ordenado será mejor, porque podremos llegar a más, ir más lejos, remar mar adentro y podremos estar presentes en muchas más labores de servicio, en la hermosa aventura de la evangelización, dando la vida, gastándonos y desgastándonos por todos con el alma disponible, como señalaba el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Christus Vivit, hablando de la Santísima Virgen María.

Querido hermano, ¡por fin!, descansa, que hoy vas a recibir un don muy grande, un hermoso regalo de Dios para que vivas en caridad permanente. Entras en el episcopado en el octavo aniversario del terremoto de Lorca, tan presente en nuestras vidas y afortunadamente ya es una historia pasada y una ciudad reconstruida. Tú, querido hermano, sabes que el protagonista de tu historia ha sido el Altísimo, porque te conoce más que tú mismo. Él te ha elegido, aunque tú te veas frágil y débil. Habrás podido comprobar en el refugio de la oración y en el silencio de la contemplación, cómo Dios te ha dado las respuestas a tus preguntas más íntimas diciéndote: “¡Te basta mi gracia!”, y has descansado confiado. Fue Dios mismo quien te dio el titular de tu lema y la sabiduría 2 para conocer cómo ha plantado su tienda en ti. Mucho ánimo, porque el Señor es tu valedor y te ha hecho capaz. Jesús ha vuelto a sorprenderte, lo mismo que les pasó a sus discípulos cuando les dio lecciones de pesca después de sus fracasos en la noche cerrada del lago, cuando sacaron de aquellas aguas secas una gran cantidad de peces (Jn 21, 1- 14). Sí, es verdad, Jesús siempre nos sorprende, por eso te ha llamado al episcopado para ser un instrumento de comunión, de paz, de servicio. La Iglesia te pide hoy que sigas confiando, porque en el ejercicio del ministerio y con la fuerza de la oración mantendrás tu respuesta positiva. Nunca olvides a lo que te comprometes, que el episcopado es, en palabras del Papa Francisco, “el nombre de un servicio, no de un honor. Al obispo le compete más el servir que el dominar, según el mandamiento del Maestro: el que sea el más grande entre vosotros se vuelva como el más pequeño, quien gobierna como aquel que sirve” (1) . A todo esto has dicho que sí, porque te has fiado y porque sabes que te basta su gracia.

Antes de continuar, me gustaría que mirases la imagen de la Virgen de la Fuensanta o que refresques en tu memoria a la patrona de tu pueblo, la Virgen de las Maravillas, o a la Caridad de Cartagena. Mira a María y dile al Señor junto a Ella: ¡aquí está tu esclavo, que se haga tu voluntad!, porque la Señora te ha enseñado a confiar, a responder ante las sorpresas de Dios con generosidad, haciéndote pequeño. Acércate siempre a la Madre y aprende de Ella, que el “fiat” que le dio a Dios y sus ganas de servir fueron tan fuertes, que, si la imitas, tendrás siempre el alma disponible, aunque te asalten dudas o dificultades (cf. CV,44). Tú, que quieres ser un hombre de esperanza, habrás leído lo que ha dicho el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica dedicada a los jóvenes, que María es “la gran custodia de la esperanza” (cf CV,45), pues ya tienes otra razón para mantenerte junto a Ella, de su mano, en esta tarea que Dios te encomienda: llevar a los hombres la luz de la verdad, anunciarles el acontecimiento de Dios con nosotros, que ha venido para curar los corazones desgarrados.

Predica a todos sin descanso esa esperanza durante tu ministerio, para que le llegue a todo el mundo la Buena Noticia de que nadie está perdido para siempre, que tenemos la certeza de que la mano misericordiosa del Señor nos sostiene y que todos podremos rehacer la vida. ¿No te emociona pensar que vas a anunciar a la gente que el Señor jamás se cansa de perdonar? Dile a la gente que no tenga miedo de pedir perdón, de acercarse al Señor, porque Él no nos reprocha nuestras fragilidades y heridas, sino que directamente nos escucha, nos cura y nos acoge con la medicina de la misericordia. Esto es lo que aprendemos en la escuela de Jesucristo, este es el rostro de la Iglesia. A los hermanos hay que ayudarles a recuperar el ánimo para que se encuentren con la Vida, con la Luz, con el aire fresco de sus esperanzas perdidas, porque Dios está con los brazos abiertos invitándonos a sentarnos a la mesa de los hijos, a volver a su casa, a la Iglesia. En el fondo, la gente necesita de palabras de esperanza, incluso aquellos que hicieron la opción de vivir alejados, instalados en su finitud. Las palabras de esperanza vendrán bien a todo el mundo, porque ¿quién no anhela lo grande, lo bueno, la justicia, el amor, la paz? Todo el mundo desea que se supere la pobreza y el sufrimiento, que todos los hombres encuentren la alegría. Está cada vez más claro, que, aunque no conozca a Dios, el mundo sigue gritando: “Sí, háblame de algo o de alguien más grande que nosotros. Háblame de… Dios” (2).

Querido hermano Sebastián, en estos tres meses te habrás dicho muchas veces, ¿por qué a mí, Señor, si lo que me pides me supera? Has hecho bien en lanzarte, que Dios hace bien las cosas, por eso, procura fijarte en Jesús y lo que veas que hace el Señor, hazlo tú. Que Jesús es modelo de fidelidad y ha querido hacer la voluntad del Padre, haz como Él; que sabes que está cerca y atento a los más desfavorecidos y necesitados, haz como Él. La Sagrada Escritura nos anima a estar como el árbol plantado al borde de la acequia, con raíces profundas, firmes y bien cimentadas en el amor de Dios, pues espabila y plántate junto a Dios, junto al manantial de agua viva que te asegurará el crecimiento. Un obispo no puede ser de secano, está llamado a dar frutos y en su rostro se deben manifestar las señales de la intrepidez y de la valentía para hacer patente la abundancia de la gracia y la misericordia de Dios; está llamado a cuidar de los hermanos para que permanezcan unidos y es promotor de caridad, porque es testigo del amor más grande del mundo.

Anota en tu cuaderno de ruta que nunca podrás olvidar la intercesión por la Iglesia, tienes que rezar por el Papa, por tus hermanos obispos, por los sacerdotes, religiosos, por todos los laicos y voluntarios que colaboran en la vida de la Iglesia; suscita vocaciones, procura estar cercano a los alejados, próximo a los que no conocen a Dios y a los que le rechazan; reza por los gobernantes y por los servidores públicos; trabaja y ora por la paz de las naciones, los derechos de los pueblos, por la libertad y justicia entre las personas y los pueblos; preocúpate de que se cuide y respete a las familias y la vida de las personas; pide a Dios que libre al mundo de todos los errores y violencias, aleje las enfermedades, destierre el hambre, abra las prisiones injustas, rompa las cadenas, conceda la seguridad a los caminantes, retorno a casa a los peregrinos, la salud a los enfermos y la salvación a los moribundos… todo lo que pedimos en la liturgia de la Iglesia.

¿Qué? ¿Quién puede decir que vas a vivir aburrido o desocupado, que estarás solo? Tú nunca estarás solo, porque tienes que estar preparado para atender a quien te necesite, escuchar a quien reclama tu atención, visitas pastorales, el cuidado de todas las iglesias, la preparación de las homilías con el tiempo necesario, por respeto a la gente… y mantener la unidad y la comunión entre los diocesanos… todo con sencillez, con humildad de corazón, siempre con una sonrisa y con dulzura de carácter… Bueno, de eso estoy seguro que lo harás, porque Dios te ha concedido buen carácter. Pero, por si te faltaba algo, tendrás que colaborar conmigo en esta etapa de tu ministerio. Tú me conoces y sabes que soy incapaz de “amargarte” la vida, porque serás mi hermano antes que el colaborador que me ha regalado el Santo Padre, el Papa Francisco. Nos pondremos en marcha los dos; con parresía, los dos; con la ilusión por la misión, los dos, hasta que nos falten las fuerzas a los dos… por servir a todos, que para eso nos ha llamado el Señor. Ya sabes que contamos con la ayuda inestimable de nuestro hermano mayor, Don Francisco Gil Hellín, un arzobispo que vive en el júbilo de estar siempre disponible. Gracias, Don Francisco.

Mucho ánimo, hermano, mucho ánimo también a todos vosotros, queridos sacerdotes, en mi recuerdo estáis los que estáis enfermos: Víctor, Juan Pedro, Bibiano, Esteban, Pedro, Miguel Ángel, José María, Alberto y Manuel. Mucho ánimo a los religiosos y consagrados de esta Diócesis milenaria de Cartagena en la Región de Murcia; mucho ánimo a todos los laicos para seguir trabajando por el Reino de Dios. Os pido caminar juntos, mirar el presente y el futuro juntos; celebrar la fe en comunión y en caridad y vivir con un solo corazón y una sola alma. Dios os bendiga.

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

1 PAPA FRANCISCO, Homilía en la Ordenación episcopal de monseñor Angelo De Donatis,

2 Cf. Henri J.M. Nouwen, “Tu eres mi amado, la vida espiritual de un mundo secular”, 9 de noviembre del 2015.

Palabras de Mons. Chico Martínez

Acción de gracias en mi ordenación episcopal

Acción de gracias en mi ordenación episcopal 11 de mayo de 2019 Queridos hermanos, he sido “elegido por el Padre para el cuidado de su familia, por lo que he de tener siempre ante mis ojos al Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y es conocido por ellas, y no dudó en dar su vida por el rebaño”. Pedid por mí, para que en mi rostro se puedan contemplar las cualidades de las bienaventuranzas, signo de la santidad del Buen Pastor: “la pobreza, la mansedumbre, la pasión por la justicia, la misericordia del Padre, la pureza de quien pone su atención constante y únicamente en Dios, la cercanía con los afligidos y la fortaleza y el gozo en los momentos de persecución a causa de testimoniar la verdad del Evangelio”. En especial, deseo vivir una gran dedicación de “bondad y comprensión” “con los pobres, los inmigrantes y con todos los necesitados”.

Doy gracias a Dios por haberme llamado al Ministerio Episcopal, por haberme conferido hoy, a través de la Ordenación, el don del Espíritu Santo. Soy consciente de que es una “llamada valiosa y urgente a cooperar con su acción en la comunión eclesial y en la misión universal”, pero sé que “sólo cuando camine en su presencia, siendo un hombre de Dios, seré verdaderamente ministro de la comunión y de la esperanza para su pueblo santo”.

Agradezco al Santo Padre, el Papa Francisco, la confianza que ha depositado en mí, nombrándome Obispo auxiliar de esta Diócesis de Cartagena. El abrazo de acogida que de él recibí, el día que me presenté ante su persona en Roma, fue para mí, al igual que como para Pablo, cuando visitó a Pedro en Jerusalén, la confirmación de la “llamada de Dios a la misión apostólica” y el calor del respaldo de toda la Iglesia universal.

Sr. Nuncio, Mons. Renzo Fratini, agradezco sus palabras, y su presencia entre nosotros y su participación como uno de los obispos principales de mi ordenación, junto con el Cardenal D. Antonio Cañizares. Transmita, nuevamente, al Santo Padre mi total lealtad y fidelidad a su persona y a su Magisterio.

Sr. Cardenal, arzobispos y obispos que me acompañan, gracias por el esfuerzo que han realizado para estar hoy junto a mí, su hermano pequeño, en este momento tan importante de mi vida. Su presencia me conforta y me fortalece. Guardo con gran gozo la acogida que me dieron en la inauguración de la última Plenaria. El Ministerio que he recibido traspasa los límites de la Iglesia local, por lo que, desde estos primeros momentos, me pongo al servicio de ustedes, de todo el Colegio Episcopal, y de toda la Iglesia universal.

Me siento dichoso por haber recibido de mi Obispo diocesano, como ordenante principal, junto con ustedes, la Ordenación Episcopal. En cuya línea apostólica soy incorporado cerca de dos grandes santos a los cuales encomiendo mi Ministerio: san Pablo VI y san Pío X. Gracias D. José Manuel por acogerme junto a usted, como su auxiliar en su episcopado, por la paternidad que siempre me ha manifestado, y de una manera especial e intensa, durante estos tres meses de preparación para mi ordenación. ¡Qué feliz me siento de iniciar este camino junto a usted! Estoy convencido de que me ayudará a ser un buen servidor de “la viña del Señor”, deseo ardientemente estar a la altura de la ayuda que usted, y nuestra Diócesis, necesita.

Gracias a mi presbiterio diocesano, donde he crecido como sacerdote y donde he nacido como obispo, Dios se ha fijado en nosotros y en mi persona ha llamado a un hermano vuestro para ser Apóstol. ¡Qué orgulloso me siento de ser uno de vosotros e iniciar mi ministerio junto a vosotros! Deseo responder con toda humildad y con todas mis fuerzas al “don” que Dios nos ha concedido. Sé que cuento con la Gracia de Dios, pero estoy convencido que, también, voy a contar con vuestra fraternidad. He tenido muy presente, a lo largo de la celebración, a todos aquellos hermanos nuestros que, de una forma u otra, estáis postrados por algún tipo de sufrimiento o enfermedad. Que el Señor os bendiga y os fortalezca.

A todos los sacerdotes que habéis venido de otras diócesis a vivir este momento junto a nosotros, en especial los que servís en la formación sacerdotal en los distintos seminarios de España, ¡gracias por vuestra cercanía, por vuestro calor y vuestra oración! Pido al Buen Pastor que mande obreros a su mies, que enriquezca nuestras Iglesias con abundantes vocaciones a la vida sacerdotal y me ayude a que en mi vida siempre haya una dedicación especial para crear una cultura vocacional, donde los jóvenes encuentren las herramientas suficientes para hallar el “plan de Dios” en sus vidas.

Estas semanas han sido muy intensas para vosotros, mi familia, especialmente para ti madre. He visto en vuestras caras la alegría del paso de Dios por nuestra casa, pero también la preocupación y el temor ante la misión que se me encomienda. Gracias por vuestro amor, por el apoyo que me estáis dando y la cercanía con la que siempre habéis vivido mi vocación. Hay preguntas que no tienen respuesta, como la que me habéis hecho a lo largo de estos días: “¿Qué ha visto Dios en nuestra familia para que nos colme con un regalo tan grande?”. Ante esta realidad solo cabe la confianza y el agradecimiento. No temáis nunca ante las cosas de Dios y disfrutad del don con que nos ha bendecido, fortaleciendo vuestra fe y vuestro testimonio siempre humilde.

Estimados religiosos y religiosas, sois una gran riqueza para nuestra Iglesia diocesana y, de una forma especial, para mí. Pues, en vuestra oración he confiado y descansando mi vida. ¡Qué dicha vivir las etapas de mi ministerio sacerdotal siempre cerca de una comunidad religiosa! Contad con mi disponibilidad y mi oración.

Es sorprendente contemplar cómo Dios hace las cosas. No entendía por qué “a mí” se me llamaba para servir en la formación de los futuros sacerdotes, siendo rector de los seminarios mayor y menor. Ahora entiendo que han sido necesarios estos ocho años para prepararme y acoger con gozo y generosidad esta nueva llamada que Dios me ha hecho. Gracias queridos seminaristas, gracias queridos hijos, por el bien que me habéis hecho. La frescura de vuestro testimonio de entrega, de valentía, de nobleza, de generosidad, me ha preparado para el “fiat” ante la nueva etapa que comienzo. Estos tres meses han sido muy intensos y junto a vosotros me he mantenido en pie, he vivido la alegría de la entrega y la fortaleza de la unidad.

Agradezco la presencia y la cercanía de todas las autoridades civiles, militares y académicas que nos acompañáis en este acontecimiento tan importante de nuestra Iglesia Católica; y de todos los que, desde los distintos puntos cardinales de nuestra Diócesis, y de fuera, os habéis desplazado para acompañarme y vivir esta celebración; y de los que a través de los distintos medios de comunicación os hacéis presentes. Sois la Iglesia, sois mi esposa, con la que hoy he sido desposado y a la que me quiero entregar plenamente. Os ruego que pidáis por mí, “para que siempre permanezca fiel en la entrega a la Esposa Santa de Dios”.

Estoy abrumado ante todos vosotros, los voluntarios y los que habéis apoyado la celebración desde el magnífico coro que habéis realizado para este evento. Desde hace semanas estáis trabajando, los unos y los otros, para que todo pueda desarrollarse en condiciones y vivamos intensamente este momento, este gran acontecimiento. Sois muchos y me consta que lo estáis viviendo con gran alegría y servicio, no a mi persona, sino para que todo sea para mayor gloria de Dios. ¡Qué gran regalo! Os felicito por vuestro trabajo, por vuestro esfuerzo, y pido a Dios que esta gran catequesis que estáis viviendo, y el esfuerzo que estáis realizado, lo colme en vuestras vidas con abundantes frutos.

A vosotros, hermanos canónigos del Ilustrísimo Cabildo Catedralicio, os agradezco vuestra cercanía y la sabiduría con la que me habéis ayudado a crecer durante estos años. Gracias, porque desde el primer instante de mi nombramiento quisisteis, e hicisteis posible, que la patrona de Murcia, la Virgen de la Fuensanta, estuviera hoy presente en esta celebración presidiendo este altar. ¡Qué gran generosidad la de todos los murcianos! Y qué gozo que nuestra Madre esté una semana más junto a nosotros.

A Ella, a su maternidad, encomiendo todo mi ministerio, pidiéndole que siempre, como Ella se dejó, me deje “iluminar por la luz de la Trinidad, siendo signo de la bondad misericordiosa del Padre, imagen viva de la caridad del Hijo, transparente hombre del Espíritu, consagrado y enviado para conducir al Pueblo de Dios por las sendas del tiempo en la peregrinación hacia la eternidad”. Amen.

+ Sebastián Chico Martínez

Obispo auxiliar de Cartagena

(Diócesis de Cartagena)

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