Pobres sacerdotes…

Mons. Francesc Pardo i Artigas          Desde hace tiempo que vengo escuchando la expresión “pobres sacerdotes” debido al grave problema de las acusaciones de pederastia a miembros de la clarecía.

Dicha expresión debe entenderse como la voluntad de salvaguarda del buen nombre de muchos y muchos sacerdotes que viven con fidelidad y dignidad su opción y compromiso con el celibato. ¿Por qué recuerdo tales hechos en estos momentos? ¿Y por qué en este domingo cuarto del tiempo pascual? Porque es el domingo conocido como el del Buen Pastor, que se refiere a Jesucristo, pero también tradicionalmente es un día en que se recuerda a los sacerdotes y su misión, a semejanza del Buen Pastor. También este día se corresponde al día de plegaria por las vocaciones. Es por todo ello que me ha parecido oportuno realizar una breve reflexión pensando sobre todo en los sacerdotes y en los hechos que desde hace meses tienen gran repercusión mediática.

Es cierto que desde hace tiempo vivimos el dolor, la vergüenza y las consecuencias de estos pecados y delitos, que afectan a toda la Iglesia. En primer lugar a los que somos obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos… pero también a todos los que somos Iglesia. Cuando un miembro de este cuerpo actúa mal y peca, todos quedamos de alguna forma afectados. Cuando alguien ha sido acusado y condenado por pederastia es toda la Iglesia la que queda afectada en su credibilidad y testimonio. Por eso el sufrimiento es de toda la Iglesia quedando afectada  su credibilidad, y muy especialmente la clarecía, que puede considerarse “bajo sospecha”.

Los que son culpables, tras la investigación pertinente, han de cumplir las penas que la Santa Sede (Roma) y la justicia civil de cada país decida. Pero, ¿y la mayoría que no es culpable? La mayoría de sacerdotes que viven con fidelidad y dignidad su opción por el celibato, tienen la sensación de ser contemplados como sospechosos o al menos no dignos de confianza. Esta sospecha de desconfianza genera sufrimiento y afecta a su misión.

Por su misión como “pastores del Pueblo de Dios”, predicadores del Evangelio, maestros de la fe, y como guías del espíritu, necesitan ser considerados dignos de credibilidad y de coherencia.

Este domingo, pensando en la mayoría de sacerdotes que no aparecen como noticia en los medios de comunicación, es necesario renovar nuestra confianza hacia ellos. Que cada cual piense en aquellos que conoce más, y que le han acompañado en muchos momentos de su vida.

Muchos hemos hallado en los sacerdotes, hombres que nos han ayudado, que han bautizado, ayudado a creer, que han ofrecido el tesoro de la Eucaristía; que han orado con nosotros y por nosotros en los momentos de alegría y en los de sufrimiento, que se han preocupado por la vida de las personas y de los pueblos. En definitiva es Jesús quien ha continuado su presencia y acción por medio de ellos.  Es Jesús quien habla a través de su boca, es Jesús quien por medio de ellos convierte el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre, absuelve los pecados, bendice con sus manos, fortalece a los enfermos con la Santa Unción y el Viático, aconseja, acompaña, escucha, ama, sirve…

Que los pecados y delitos de algunos, que deben responder ante la Iglesia y la sociedad, no oscurezcan y hagan olvidar el servicio y testimonio de muchos otros.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.