La persona unificada

Card. Carlos Osoro       Estamos en los últimos meses del curso escolar y, a pesar de todos los trabajos que afrontan alumnos y profesores, a pesar de las preocupaciones de los padres sobre sus hijos y de estos sobre cómo terminarán su curso, son tiempos de esperanza. Sí, esperanza de que todos están realizando un camino de luz, un camino de verdad, de buscar que el ser humano sea más y viva conforme a la verdad de lo que él es. Qué bien suena eso de que toda persona está en el camino de la verdad. Y la verdad siempre es combativa, pero también es combatida. Hemos de decir que la verdad no es una cosa, sino esa adhesión de mi corazón a aquello que da pleno sentido a mi vida.

Seamos conscientes de que todo ser humano quiere caminar en la luz de la verdad. Ahora, en esta Pascua, estamos viendo cómo los apóstoles fueron perseguidos por la verdad; ellos nunca quisieron negociar con la verdad. En medio de las persecuciones que sufrieron incluso hasta dar la vida, ante tantas miradas combativas que les pedían que abandonasen el anuncio de Cristo en el que ellos habían descubierto el Camino, la Verdad y la Vida, mirad con qué fuerza afirmaban lo que para ellos era piedra de fundamento: «Hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres». Hemos conocido a quien nos ha dado una nueva vida que nos compromete en la transformación de la historia viviendo de su misma fuerza que es su Amor.

¿Por qué os digo esto? Porque siempre nos está asediando la mentira. Y entre la verdad, que es hija de la luz, y la mentira, que es hija de las tinieblas, está toda una gama de semiverdades en el mercado de nuestra historia; son verdades a medias que no engendran la unificación de la persona humana. Para que se dé esa unificación hay dos puntos siempre que es imprescindible que estén unidos: la espiritualidad y el compromiso. Hoy se dan dos situaciones extremas: una espiritualidad que aísla de la realidad, pues está orientada a lo que yo llamaría el confort espiritual, desentendiéndose del mundo, y, en el otro extremo, un activismo o compromiso que nos lanza a un trabajo por una sociedad más justa, pero olvida el compromiso interior, revierte hacia lo exterior y llega un momento que seca mi vida y la deja sin sentido.

Como veis, en la vida siempre aparecen las tinieblas disfrazadas de luz, pero no son más que flashes, que no dan alegría ni esperanza, ni profundidad, ni capacidad de compromiso por todos. La luz verdadera viene y permanece cuando se dan esas dos categorías que unifican a la persona: la espiritualidad y el compromiso. Ambas categorías unidas revierten en una formulación del ser humano unificado. A mí me gusta decir que se educa cuando se hace sentir al educando que es una persona en la que no se dan separaciones ni enfrentamientos interiores, ni exteriores; todo está integrado. Sienten su persona como unidad: todo está aceptado, integrado, iluminado, y esa unidad es un gran bien, que genera paz, reconciliación y comprensión.

Para que la persona viva con esas dos categorías imprescindibles, os propongo un modo de educar que, durante XXI siglos, levantó  a la humanidad e hizo descubrir la dignidad del ser humano, pues alimentó la conciencia con principios, la cultura con comportamientos coherentes y la organización de la sociedad al invitar a construir la familia humana como hermanos:

1-. Déjate poseer por Jesucristo que es el Camino, la Verdad y la Vida. Esto engendra en tu vida tal fuerza que te convierte en un testigo suyo. Te hará ver que siempre vendrán dificultades, pero estas nunca pueden llevarnos a la desilusión, a no anunciar, a no proclamar, porque sabemos que dejar entrar a Jesucristo en la vida es sanador, es salvador, es regenerador y rehabilitador de la existencia y las relaciones. ¡Qué hondura adquiere la vida humana cuando nos sabemos testigos de una Persona que nos da su vida, su fuerza, su gracia, su amor y su pasión! Cambia todo: a nuestro alrededor vemos hermanos, vemos hijos de Dios, vemos imágenes de Dios a quienes hay que dar la mano, a quienes no hay que poner muros, sino ofrecerles el mismo juicio que hizo Cristo sobre todos los hombres: amarlos incondicionalmente.

2-. Entra en un diálogo constante con el Señor, pero hazlo sin aislarte de las situaciones que viven los hombres. En medio de todas las situaciones repite la oración que Cristo nos enseñó; te da espiritualidad y compromiso, te hace entrar en lo más hondo de tu vida y salir al mundo no solo para mirarlo, sino para poner manos a la obra: 1) Padre nuestro, lo eres de todos los hombres, por eso todos estos que me encuentro son mis hermanos; 2) que estás en el cielo, que para encontrarme contigo he de salir de mí mismo, como tú, Señor, lo hiciste tocando todas las llagas y heridas de los hombres; 3) santificado sea tu nombre, tu santidad y tus huellas están en todos los caminos de los hombres, también en nuestra vida personal; 4) venga tu reino, necesitamos que venga, pues el que tenemos los hombres y hacemos no nos gusta, engendra deterioro en nuestras relaciones y en nuestro corazón, hemos de dejar que las armas tuyas entren en nuestro corazón y así entren en este mundo y se vea la hondura de tu reino, y 5) hágase tu voluntad, que es lo mismo que decir: «Aquí me tienes, Señor, me pongo a tu disposición , cuenta conmigo». A partir de esto, pide al Señor lo que quieras, hazlo como un pobre que pide, con la seguridad de que Él te dará respuesta.

3-. Asume el compromiso de dar la luz, la confianza, el amor mismo de Cristo. No puedes dar otra cosa más que su Luz. Él es la luz; la oscuridad o la tiniebla no pueden entrar en nuestra vida. Lo nuestro no es la oscuridad, no es la noche, es el día. Y todo porque Cristo ha resucitado. Está entre nosotros y, con cariño, nos dice como a Pedro: «¿Me amas más que estos?, ¿me amas?, ¿me quieres?». Son preguntas que nos sigue haciendo el Señor para conquistar nuestro corazón y para que dispongamos nuestra vida en la dirección que Él nos marca: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Espiritualidad y compromiso nos unifican, nos dan el ser y el modo de hacer y comportarnos. El encuentro con Dios me hace ir al prójimo, me hace hacer lo que Él hizo, que siendo Dios se acercó a los hombres haciéndose hombre.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos Card. Osoro
Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco.El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal.Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente.Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas.El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014.Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea.El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario.El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano.En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid.Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.