“Este es el día que hizo el Señor”

Mons. Braulio Rodríguez           Es Pascua, esto es, Cristo ha roto las puertas del infierno, los muertos se levantan como de un sueño. Cristo se levanta, Él que es la resurrección de los muertos, y viene a despertar a Adán. Cristo, resurrección de todos los muertos, se levanta y viene a liberar a Eva de la maldición. Cristo se levanta, Él que es la resurrección, y transfigura en belleza lo que no tenía aspecto atrayente. De este modo se expresaba la Iglesia de los primeros siglos, y de todos los siglos. También nosotros, que renovamos el Bautismo y la iniciación cristiana, sentimos lo mismo, con nuestros nuevos cristianos, bautizados ya en la pasada Vigilia Pascual; ellos y nosotros hemos pasado de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz. Cristo ha resucitado y está con nosotros. ¡Feliz Pascua! Cincuenta días de gozo pascual.

Qué nos narraron las lecturas del Domingo de Resurrección, en la alegría de la Pascua? Primero: un anuncio. Este anuncio: “El Señor ha resucitado”. Este anuncio que, desde los primeros tiempos de los cristianos iba de boca en boca, era su saludo: “El Señor ha resucitado”. Porque las mujeres, que fueron a ungir el cuerpo del Señor, se encontraron frente a una sorpresa. La sorpresa… Los anuncios de Dios son siempre sorpresas, porque nuestro Dios es el Dios de las sorpresas. Y así desde el inicio de la historia de la salvación, desde nuestro padre Abraham, Dios te sorprende: «Pero ve, ve, deja, vete de tu tierra». Y siempre hay una sorpresa detrás de la otra. Dios no sabe hacer un anuncio sin sorprendernos. Y la sorpresa es lo que te conmueve el corazón, lo que te toca precisamente allí, donde tú no lo esperas. Para decirlo un poco con un lenguaje de los jóvenes: la sorpresa es un golpe bajo; tú no te lo esperas. Y Él va y te conmueve. Primero: el anuncio hecho sorpresa.

Segundo: nos hablaban las lecturas de ese Domingo de una prisa. Las mujeres corren, van deprisa a decir a los Doce y otros discípulos: «¡Pero hemos encontrado esto, no el Cuerpo de Jesús!». Las sorpresas de Dios nos ponen en camino, inmediatamente, sin esperar. Y así corren ellas para ver. Y Pedro y Juan corren. Los pastores la noche de Navidad corren: «Vamos a Belén a ver lo que nos han dicho los ángeles». Y la Samaritana, corre para decir a su gente: «Esta es una novedad: he encontrado a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho». Y la gente sabía las cosas que ella había hecho. Y aquella gente, corre, deja lo que está haciendo, también la ama de casa deja las patatas en la cazuela —las encontrará quemadas— pero lo importante es ir, correr, para ver esa sorpresa, ese anuncio. También hoy sucede, pero debería suceder más. En nuestros barrios, en los pueblos cuando sucede algo extraordinario, la gente corre a ver. Ir deprisa. Andrés no perdió tiempo y fue deprisa donde Pedro a decirle: «Hemos encontrado al Mesías».

Las sorpresas, las buenas noticias, se dan siempre así: deprisa. En el Evangelio hay uno que no corre, que se toma un poco de tiempo; no quiere arriesgar. Pero el Señor es bueno, lo espera con amor. Es Tomás. «Yo creeré cuando vea las llagas», dice. También el Señor tiene paciencia para aquellos que no van tan deprisa. El anuncio es sorpresa, y la respuesta deprisa.

Y, en tercer lugar, después de escuchar a la Escritura, surge una pregunta: “«¿Y yo qué? ¿Tengo el corazón abierto a las sorpresas de Dios? ¿Soy capaz de ir deprisa, o siempre estoy con esa cantilena, “veré mañana, mañana”? ¿Qué me dice a mí la sorpresa?». Juan y Pedro fueron deprisa al sepulcro. De Juan el Evangelio nos dice: «Creed». También Pedro dice: «Creed», pero a su modo, con la fe un poco mezclada con el remordimiento de haber negado al Señor. El anuncio causó en ellos y en otros una sorpresa, la carrera/ir deprisa y la pregunta “¿qué hacer?”. ¿Y yo hoy en esta Pascua de 2019 qué hago? ¿Cómo he vivido esta Semana Santa? ¿Tú, qué has hecho? ¿Qué vas a hacer? La Pascua está abierta a todos. Son cincuenta días hasta Pentecostés, muchos para gozar del Resucitado y seguirle más de cerca, con los tuyos, con tu Iglesia, en tu comunidad cristiana, en tu parroquia. “Este es el día (50 días) que hizo el Señor”, para ti.

 

+Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo, Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.