Cristo vive (II)

 Mons. Enrique Benavent               Si la Iglesia está llamada a ser en medio de nuestro mundo signo y presencia del Señor resucitado, que es la “verdadera juventud de un mundo envejecido y de un universo que espera con dolores de parto ser revestido con su luz y con su vida” (32); y si en ella todos deben encontrar a Cristo, “compañero y amigo de los jóvenes; tendrá que manifestar en su vida y en sus acciones esa juventud de Cristo si quiere que los jóvenes encuentren en el Señor la fuente de una vida verdadera y auténtica.

La juventud no es únicamente una etapa biológica. Es, ante todo, un modo de afrontar la existencia, “un estado del corazón” (34). La juventud de la Iglesia se percibe cuando los cristianos damos testimonio de nuestra fe con ilusión, alegría, convicción y autenticidad. Quien vive la fe desde estas actitudes está manifestando una veracidad que provoca interrogantes en aquellos que buscan un sentido a su vida. La pérdida de la juventud no es solo cumplir más años: deja de ser joven aquel que pierde la ilusión por lo bueno, lo verdadero o lo auténticamente bello; quien se cansa de la vida y de los demás; quien se encierra en sus egoísmos y únicamente piensa en sí mismo; quien se queda indiferente ante el otro que necesita su ayuda; quien no vive en el deseo de ser cada día mejor y de crecer en el amor y en la solidaridad; quien no siente la necesidad de profundizar en la amistad con el Señor. En la Iglesia he conocido a personas a quien el paso de los años ha llevado a crecer en esa juventud espiritual y son auténticos testimonios para los jóvenes. No olvidemos que el correr del tiempo no debe arrebatarnos la juventud, sino que nos tiene que hacer crecer en ella.

La Iglesia como institución está llamada a visibilizar la juventud de Cristo y, por tanto, debe perder el miedo a estar en constante renovación para serle más fiel. Para ello debe abrirse a “la fuerza siempre nueva de la Palabra de Dios, de la Eucaristía, de la presencia de Cristo y de su Espíritu cada día”. Si es capaz de alimentarse sin cesar en estas fuentes no cederá a dos tentaciones que pueden paralizarla: esclerotizarse en el pasado quedando inmóvil ante las nuevas situaciones o ceder “a todo lo que el mundo le ofrece, creer que se renueva porque esconde su mensaje y se mimetiza con los demás” (35). Los cristianos estamos llamados a actuar de modo que todos nos sientan “hermanos y cercanos” (36) y, al mismo tiempo, “tenemos que atrevernos a ser distintos, a mostrar otros sueños que este mundo no ofrece, a testimoniar la belleza de la generosidad, del Servicio, de la pureza, de la Fortaleza, del perdón, de la fidelidad a la propia vocación, de la oración, de la lucha por la justicia y el bien común, del amor a los pobres, de la amistad social” (36).

A lo largo de la historia no han faltado santos que han testimoniado al mundo la juventud de la Iglesia: María “es el gran modelo para una Iglesia joven” (43). Junto a Ella el Papa nos recuerda algunos ejemplos de jóvenes santos que entregaron su vida por Cristo, muchos de ellos hasta el martirio. Que su testimonio despierte en nosotros el deseo de vivir la fe con renovada ilusión.

Que este sea el fruto de la Pascua que estamos viviendo.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.