Citados a juicio por causa de Jesús

Mons. Francesc Pardo i Artigas            Durante el tiempo de Pascua, la Iglesia nos propone en las misas dominicales la lectura de fragmentos del libro “los hechos de los apóstoles”.  Y esta semana se nos habla de un juicio.

Los apóstoles fueron citados a juicio por el tribunal supremo de los judíos, el Sanedrín, el mismo que había sentenciado a muerte a Jesús. La acusación era muy clara: habían llenado Jerusalén de propaganda de Jesús, acusando además al tribunal de su muerte. Estaban advertidos y amenazados por los propios jueces de guardar silencio sobre aquel caso y de no hablar de él.

Cuando comienza el juicio y escuchan la acusación, Pedro y los apóstoles se defienden invocando a Dios: “HAY QUE OBEDECER A DIOS ANTES QUE A LOS HOMBRES”. E incluso aprovechan la ocasión de la defensa para anunciar y remarcar que aquel al que habían condenado a muerte en la cruz ha resucitado siendo el Salvador para otorgar al pueblo de Israel el perdón de los pecados si se convierten.

Añaden que ellos son testigos fortalecidos por el Espíritu Santo que han recibido y que en definitiva lo que hacen es obedecerle.

La cuestión clave o el argumento principal sobre el que nos conviene reflexionar y profundizar es: “HAY QUE OBEDECER A DIOS ANTES QUE A LOS HOMBRES”.

Esta respuesta se ha utilizado a lo largo de la historia de la Iglesia en diversas ocasiones. Ha servido para justificar y defender la proclamación del Evangelio y el derecho a profesar la religión en situaciones de persecución y de falta de respeto a la libertad religiosa. Se ha empleado para justificar creencias y comportamientos frente a otras opiniones. Se ha utilizado para oponerse a algunas leyes civiles que pudieran ir en contra de valores evangélicos. En otros momentos se invoca para justificar criterios personales, confundiéndolos con la voluntad de Dios, como contraposición a otras formar de contemplar y comprender la vida en su complejidad.

Ciertamente la expresión se puede utilizar y así ha sido en múltiples ocasiones, pero, ¿cuándo realmente la podemos hacer nuestra con toda sinceridad porque estemos convencidos que obedecer a Dios es lo primero ante cualquier otra consideración? Dicho de otra forma: ¿cuándo podemos tener la seguridad que aquello que manifestamos y defendemos es la voluntad de Dios y debemos obedecerlo?

Los apóstoles lo tenían muy claro, ya que se trataba de cumplir el mandato que les había dado Jesús. El hecho es que a nosotros se nos hace más difícil y hay que ser muy cuidadosos en su utilización.

Seguro que nos hallaremos ante situaciones a las que deberemos dar la misma respuesta, ahora bien debemos estar convencidos de que es la más adecuada. Para ser obedientes a Dios hay que vivir intensamente la vida cristiana, hay que orar con frecuencia pidiendo la luz y la inspiración del Espíritu Santo, hay que reflexionar sobre si lo que manifestamos está de acuerdo con la doctrina y la tradición de la Iglesia, hay que buscar “la salvación” de las personas. Haciéndolo con misericordia, sin prepotencia, para así ser fieles a la verdad… tal como lo hacía Jesús.

Ahora bien, debemos estar alerta a una confusión que se convierte en tentación: querer que Dios esté de acuerdo con lo que yo pienso, y no al revés. Por ello siempre que sea necesario expresar en voz alta o decidir interiormente que lo primero es obedecer a Dios antes que otras normas, es importante pedir ayuda y consultar a los demás.

El cristiano en algunos momentos habrá de estar dispuesto a sentirse maltratado y no reconocido por causa del nombre de Jesús. Así lo vivieron los primes discípulos.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.