“Visión cristiana del trabajo”

Mos. José Mª Gil Tamayo           En la próxima semana celebraremos el 1º de Mayo, el Día de los Trabajadores, y para la Iglesia además fiesta de San José Obrero. Por eso me ha parecido apropiado traer a esta reflexión unas breves consideraciones sobre el valor cristiano del trabajo.

Y es que tal vez haya mucha gente de la opinión de don José Ortega y Gasset, el gran filósofo español del siglo XX, quien decía  que “quien trabaja lo hace con la esperanza de ganar con ello un día la liberación de su vida, de poder en su hora dejar de trabajar y… comenzar de verdad a vivir”. Otro gran español, don Santiago Ramón y Cajal, abunda en esta observación y es más concreto ya que llegó a decir que “el ideal del español de buena parte de la clase media –decía él–  es jubilarse tras breves años de trabajo, y, si es posible, antes de trabajar” (Luis Señor  González. Diccionario de citas celebres, pág. 123. Espasa. Madrid 1998).

Aunque estas palabras  no están exentas de fina observación de la realidad y, por otra parte, quienes las pronunciaron fueron grandes trabajadores en sus respectivos campos del pensamiento y de la investigación médica, pienso que a ellos les pesa más, como quizá a nosotros, al final de la jornada la concepción del trabajo como un “castigo” del que hay que liberarse. Se han fijado más  en aquello de “ganarás el pan con el sudor de tu frente” (Gn 3, 19) de la sentencia bíblica condenatoria de Dios  enfurecido por el pecado de Adán y Eva. Incluso en esta línea se han imaginado el paraíso y como consecuencia de él la felicidad como un “no dar golpe”. El ser humano, ya antes del pecado original, estaba destinado al trabajo, a dominar la creación y sacar de ella su sustento, colaborando con Dios, de quien provienen todos los bienes (cfr. Gn 1,28).

El trabajo constituye por ello una de las realidades humanas que más nos ennoblecen hasta el punto de ser un derecho de todos los ciudadanos. Con él se perfecciona la persona, se consigue el necesario sustento de uno mismo y de la familia y se contribuye al bien común de la sociedad como un auténtico servicio.

En esta línea va la visión cristiana del trabajo y así lo expone el Catecismo de la Iglesia (n. 2.427) que señala además que “el trabajo honra los dones del Creador y los talentos recibidos. Puede ser también redentor. Soportando el peso del trabajo (cfr. Gn 3,14-19), en unión con Jesús, el carpintero de Nazaret y el crucificado del Calvario, el hombre colabora en cierta manera con el Hijo de Dios en su obra redentora. Se muestra discípulo de Cristo llevando la Cruz cada día, en la actividad que está llamado a realizar. El trabajo puede ser un medio de santificación y una animación de las realidades terrenas en el espíritu de Cristo.”

Por otro lado y pensando también en el necesario carácter reivindicativo que la jornada del 1º de Mayo tiene,  Cáritas, Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Justicia y Paz, Juventud Estudiante Católica (JEC) y Juventud Obrera Cristiana (JOC) han unido sus voces en la iniciativa “Por un trabajo decente” para, además de “celebrar el sentido creador del trabajo” al que me he referido antes,  reclamar mediante un comunicado conjunto para este día la erradicación de “la lacra de la precariedad laboral que caracteriza el actual sistema de relaciones labores y que lesiona los derechos de las personas trabajadoras y de sus familias”.

Ojalá que se consiga y veamos cada vez más el trabajo con la visión positiva del cristianismo, la de la Doctrina Social de la Iglesia: como un medio de servir a los demás y de ser mejores cada día, haciendo mejor y más próspera nuestra sociedad. Empecemos por ofrecerle cada día a Dios el trabajo bien hecho que vamos a realizar. Y no cejemos en el empeño de contribuir, además de a unas condiciones dignas para quienes tienen trabajo, a hacer también posible un empleo estable para los que carecen de él, seguro que ellos no piensan que la felicidad está en no trabajar. No podemos resignarnos a los niveles persistentes de desempleo en España, en nuestra región de Castilla y León, y en nuestra provincia. Sólo por poner un ejemplo cercano en la ciudad de Ávila a marzo del presente año se eleva la triste cifra con a 3.894 desempleados (15,87% de tasa), con rostros y familias concretas sufriendo esta situación. Recemos y trabajamos para superar esta endémica e injusta situación, especialmente para los más jóvenes. ¡Que san José Obrero nos ayude!

Con mi bendición, les deseo una feliz semana.

+ José María Gil Tamayo,

Obispo de Ávila

Mons. Jose Mª Gil Tamayo
Acerca de Mons. Jose Mª Gil Tamayo 12 Artículos
Nacido el 5 de junio de 1957 en Zalamea de la Serena (Badajoz), José María Gil pertenece, desde su ordenación sacerdotal el 7 de septiembre de 1980, al clero de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, en cuyo Seminario realizó los estudios sacerdotales, licenciándose posteriormente en Estudios Eclesiásticos en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.Desarrolló su labor pastoral durante nueve años en pueblos rurales y se licenció en Ciencias de la Información en la Universidad de Navarra. En 1992 se hizo cargo de la dirección de la delegación de Medios de Comunicación y de la Oficina de Información de su diócesis, de la que es canónigo de la Catedral Metropolitana de Badajoz.Ha sido profesor del título de postgrado de “Experto en Comunicación” de la Universidad Pontificia de Salamanca y de la Diplomatura en Comunicación Social, promovida en las diócesis cubanas por el Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales y la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. Ha sido profesor visitante de la Universidad Católica de El Salvador y ha dictado conferencias en Puerto Rico.En el ámbito internacional ha sido (2001-2011) experto del Comité Episcopal Europeo de Medios de Comunicación (CEEM); colaborador de la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL) y ha asesorado sobre temas de pastoral de las comunicaciones a los obispos de las Conferencias Episcopales de El Salvador y de Chile. Ha sido miembro del Comité internacional preparatorio del Congreso Mundial de TV Católicas, celebrado en Madrid en octubre de 2006, dirigiendo también la oficina de prensa de dicho evento.Ha sido portavoz en lengua española de la XIII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrado del 7 al 28 de octubre de 2012.Ha desempeñado la tarea de adjunto para lengua española del Portavoz de la Santa Sede durante el periodo de renuncia de Benedicto XVI, Sede Vacante, Cónclave y elección del Papa Francisco, en febrero y marzo de 2013.En la Curia Romana ha sido Consultor del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales (2006-2016).OTROS DATOS DE INTERÉSDurante 13 años (1998-2011) fue Director del Secretariado de la Comisión de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española. Ha dirigido también el Servicio de Información de la Iglesia católica en España (SIC)(www.agenciasic.es).Ha sido secretario general de la Conferencia Episcopal Española en el quinquenio 2013-2018.El 6 de noviembre de 2018 se hace público su nombramiento como obispo de Ávila. Sede de la que tomará posesión el 15 de diciembre.