La nueva Iglesia (I)

Mons. Agustí Cortés             Hemos escuchado frecuentemente, entre los que animan al compromiso social, la expresión “otro mundo es posible”. Y una misma declaración entre los preocupados por las reformas en la Iglesia: “otra Iglesia es posible”. Estas palabras suelen ir acompañadas de críticas y proyectos positivos de acción.

Si hacemos caso a la Palabra de Dios, no tendríamos que decir que otro mundo y otra Iglesia, son posibles, sino que son realidad. Y no precisamente porque hayamos encontrado vías factibles de cambios, sino porque esa nueva realidad se nos ha dado. Alguien nos la ha regalado.

Los oídos de los fieles en una Iglesia maltrecha pudieron escuchar del profeta del Apocalipsis un bellísimo y estimulante mensaje que venía del mismo Dios:

Vi después un cielo nuevo y una tierra nueva; el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, y también el mar… El que estaba sentado en el trono dijo: “Yo hago nuevas todas las cosas.” Y también dijo: “Escribe, porque estas palabras son verdaderas y dignas de confianza” (Ap 21,1.5)

Este mensaje viene a satisfacer dos anhelos, dos urgencias acuciantes, que tenemos hoy: el ansia de palabras “verdaderas y dignas de confianza” y la avidez de novedad. El ansia de palabras verdaderas y dignas de confianza está justificada por el hecho de vernos rodeados de falsedades, palabrería, medias verdades y discursos interesados. La avidez de novedad se alimenta de un descontento respecto del presente y obedece a un impulso natural de progreso. Lástima que en la modernidad este impulso se haya convertido en obsesión y contribuya a crear un mito: como si todo lo nuevo fuera automáticamente mejor… Lo saben bien los entendidos en marketing: basta que un producto se presente como “nuevo” para tener asegurada su venta, al menos mientras dure la novedad…

El lenguaje que nos transmite la Revelación, y que los creyentes usamos para expresar nuestra fe, está empapado del adjetivo “nuevo”. Nuevo Testamento, Nueva Alianza, Nueva Ley, Hombre nuevo, Nuevo Pueblo, Nueva Jerusalén, Nuevo Templo, Sacerdote y Sacrificio, Cántico Nuevo, Nueva Justicia, Nuevo Amor, cielo y tierra nuevos. Nadie podrá negar que nuestra fe se funda en la “Novedad radical de Jesucristo”. Una novedad que se ha de entender en contraste con lo que denominamos mundo pagano (sin Dios o con dioses falsos) y con el régimen anterior a Él, es decir, el judaísmo. Así lo vivieron nuestros primeros hermanos y de ello les vino su identidad, su gloria y su sufrimiento.

Con Él comenzó el mundo nuevo, el cielo y la tierra nuevos. ¿Qué significa aquí “nuevo”? “Yo hago todas las cosas nuevas” no quiere decir que las cosas, la sociedad, la cultura, la economía, los seres humanos, el cosmos, los cuerpos, la ciencia, etc., todo muera y comiencen a existir unos seres distintos, sino que este mundo y estos seres inician una existencia nueva, son radicalmente renovados, recreados, transformados.

La Iglesia comenzó a existir como Nuevo Pueblo de Dios. Nació de la novedad del Hombre Nuevo que es Jesucristo. Aquella novedad no fue tal solo hace dos mil años, sino que sigue siendo hoy y aquí, una novedad constantemente estrenada por el Espíritu de Jesucristo vivo y presente.

Hoy en la Iglesia somos los que somos. La Iglesia tiene su historia y su futuro. Cada brote de vida del Espíritu en ella es una maravillosa novedad.

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.