Pascua: Felicitémonos ¡Aleluya!

Mons. Francesc Pardo i Artigas          Sí, ciertamente, en Pascua nos podemos felicitar mutuamente. Es lo que solemos hacer tras la Vigilia Pascual y las celebraciones. Lo he vivido durante muchos años especialmente al concluir la celebración de la vigilia en les parroquias y participando en la Pascua Joven. Alguien podría pensar: ¿Y ahora porqué se felicitan deseándose una feliz Pascua abrazándose y dándose la mano, con sonrisas…? Pues, por un único motivo: porque Jesús, el crucificado, ¡ha resucitado! ¿Y ello es motivo de tanta alegría?

Al comentar nuestra fe en la resurrección de Jesucristo, durante una reunión formativa con los padres de los niños y niñas que asisten a la catequesis de primera comunión, me hicieron una pregunta y una afirmación. La pregunta: ¿Cómo lo sabe? Y la afirmación: ¡Pues no parece que haya resucitado, tal como va el mundo!

Intenté responder a ambas cuestiones explicitando qué afirmamos cuando hablamos de la resurrección, mostrando signos de resurrección que podemos experimentar en nuestra vida y al tiempo en la historia de la humanidad.

Es equivocado pensar que la resurrección es un retorno a la vida terrenal. Cuando hablamos de la resurrección de Jesús manifestamos que su persona inicia una nueva manera de ser, de vivir en plenitud la Vida junto a Dios. El Cristo resucitado que muestra las heridas del crucificado no está ligado al tiempo ni al espacio. Es por ello que los evangelios nos dicen que podía pasar a través de puertas cerradas, presentándose con un aspecto bajo el cual no lo reconocen de inmediato, aparece y desaparece, pero al mismo tiempo les pide comida para mostrar que es él mismo, los instruye y les enseña las heridas de la pasión y de la crucifixión.

Ahora bien, es necesario mostrar “signos de resurrección” como contrapunto a la constatación de “tal como va el mundo”:

  • El testimonio de los apóstoles, de los primeros mártires y de los mártires de todas las generaciones que, sin querer morir, prefirieron permanecer fieles a Jesús Resucitado, confirmando su fe antes que prolongar unos años su vida humana.
  • La existencia y la misión de la Iglesia, de sus comunidades e instituciones, desde Jesús Resucitado hasta hoy, por todo el mundo. Hemos superado dificultades, persecuciones, limitaciones humanas, pecados personales e institucionales, dificultades políticas… Se trata de un hecho tan significativo que no se puede entender sin la presencia y la acción del Espíritu Santo, la promesa y el regalo de Jesús Resucitado. Si Jesús no hubiese resucitado haría mucho tiempo que la Iglesia no existiría tal como ha sido y es.
  • La vida ordinaria de multitud de personas vivida con fe, esperanza y mucho amor hasta el perdón. Pensemos en personas conocidas que se han mantenido fieles a Jesucristo en la Iglesia, pese a situaciones dramáticas vividas que ponían en cuestión su fe.
  • La multitud de hombres y mujeres que han consagrado sus vidas a Dios siguiendo los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, dispuestos a darlo todo a cambio de nada.
  • La vitalidad de las comunidades cristianas que han vivido y viven su fe en Cristo acogiendo siempre a los pobres de los más pobres en cualquier parte del mundo, proclamando su confianza en la Resurrección de Jesús y de los que mueren, encarnando el Evangelio en la cultura de cada momento por medio del pensamiento, del arte, de la música… y sobre todo en su lucha en favor de la dignidad de las personas y de la justicia.

¡Con total certeza nos podemos alegrar y felicitar!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 349 artículos
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.