«Cristo vive»

Card. Juan José Omella         ¡Cristo está vivo y camina entre nosotros! Ayer en la vigilia y hoy domingo de Pascua muchos catecúmenos adultos habrán recibido los sacramentos de la Iniciación Cristiana. Esta buena noticia me ha hecho recordar las palabras del profeta Isaías: «No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?» (Is 43,18-19a). Estas palabras han resonado en mi corazón leyendo las cartas que me han dirigido los catecúmenos de nuestra archidiócesis.

Esta cincuentena de adultos, que han pasado por el Servicio Diocesano para el Catecumenado, es un signo de la vida nueva que el Señor está generando en nuestra Iglesia. Son un signo de que Cristo está vivo, y tal como dice el Papa Francisco en la reciente exhortación apostólica postsinodal Christus vivit: «Si Él vive eso es una garantía de que el bien puede hacerse camino en nuestra vida, y de que nuestros cansancios servirán para algo. Entonces podemos abandonar los lamentos y mirar para adelante, porque con Él siempre se puede. Esa es la seguridad que tenemos. Jesús es el eterno viviente. Aferrados a Él viviremos y atravesaremos todas las formas de muerte y de violencia que acechan en el camino.» (n. 127)

En muchas conversaciones pastorales nos lamentamos de que bajen las estadísticas de bautismos, de primeras comuniones, confirmaciones y de matrimonios por la Iglesia. Parece que esto se acaba. Y es verdad que bajan las estadísticas, pero aumentan las conversiones.

Leyendo las cartas de los catecúmenos, donde muchos me cuentan su experiencia, agradezco al Señor que haya adultos que hoy quieran abrazar la fe. Me ha impresionado el testimonio de algunos que vienen de una educación donde la fe cristiana ha estado totalmente ausente. Sus padres, a pesar de estar bautizados, optaron en su momento por no educarlos en la fe. Estos hijos son los que ahora han experimentado el anhelo de Dios en el corazón. Por ejemplo, me ha impactado leer el testimonio de un catecúmeno que decía: «Yo no creía en Dios, pero me sentí tan desbordado, tan débil, que me puse a orar… y percibí que el Señor me escuchaba… a la tercera vez que esto me pasó, vi que tenía que hacer un gesto hacia Dios y pensé que quizá debía bautizarme».

Ciertamente, el Señor nos sorprende, algo nuevo está naciendo… Los catecúmenos son un bien para la Iglesia, porque nos invitan a ser Iglesia en salida, a aprender a acoger y a no prejuzgar a aquellos que llegan a una parroquia por primera vez para ser bautizados.

¡Qué oportunas son las indicaciones del Santo Padre! En Christus vivit, nos dice que la pastoral juvenil implica dos grandes líneas: la primera, relativa a la búsqueda, la convocatoria, la llamada; y la segunda, centrada en el acompañamiento, en el camino de maduración de la fe (CV 209). Los catecúmenos nos invitan a priorizar el anuncio de Cristo y a hacer una búsqueda más profunda de la persona. Acoger es proponer caminos de crecimiento y maduración en esta fe inicial, para que puedan descubrir que el Señor los ama infinitamente y puedan sentirse parte de la gran familia de la Iglesia.

¡Feliz Pascua! ¡Realmente el Señor ha resucitado, está vivo! ¡Aleluya!

+ Card. Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.