Celebrar la Pascua

Mons. Francisco Conesa          Queridos diocesanos: En la tarde del día 14 de Nisán eran sacrificados en el templo de Jerusalén los corderos que la noche siguiente serían servidos en la cena con que se rememoraba la Pascua de Israel. Presididos por el cabeza de familia, se reunían todos para celebrar la Pascua comiendo cordero y pan ácimo.  De esta manera recordaban y agradecían a Dios el “paso” (pascua) de Israel a través del mar Rojo hacia la tierra de promisión. Este acontecimiento del pasado significaba el paso del hombre de la esclavitud a la libertad, del vicio a la virtud.

Después de la muerte de Jesús la comunidad cristiana –que estaba formada principalmente por gentes venidas del judaísmo- comenzó a pensar que en la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret había ocurrido algo mucho más importante que el paso por el mar Rojo. Jesús había pasado (pascua) a través de la muerte y había alcanzado la vida para siempre. Además, estos acontecimientos tuvieron lugar precisamente en Jerusalén, durante las fiestas judías de la Pascua. Por eso, desde muy pronto los cristianos pensaron que la verdadera Pascua había acontecido con el paso de Jesús de este mundo al Padre. Él es el verdadero cordero de Pascua que, con su sacrificio, libera al hombre de la mayor de las esclavitudes, que es el pecado. Un autor del siglo II, Melitón de Sardes, dirá que la Pascua de Israel fue sólo profecía de la verdadera Pascua, que acontece en la muerte y resurrección de Jesús.

En una carta escrita apenas veinte años después de la muerte de Cristo, decía San Pablo: “Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así pues celebremos la Pascua no con la levadura vieja, sino con los panes ácimos de la sinceridad y la verdad” (1 Cor 5, 7-8). Ahora ya no es necesario comer cordero y panes ácimos. El único cordero inmolado es Cristo y los ácimos son los cristianos mismos.

El mismo Pablo dice otra cosa muy importante: nosotros estamos vinculados a esta Pascua de Jesús desde que recibimos el bautismo porque –como proclamamos en la noche de Pascua- el bautismo nos ha unido a Él en su paso a través de la muerte hacia la vida (cf. Rom 6, 3-11), de manera que ahora ya no podemos vivir como antes, sino que hemos de “andar en una vida nueva”. El bautismo es un comenzar de nuevo. El viejo estilo de vida queda atrás. Ahora nuestra vida ha de ser vivida en Cristo y con Cristo para Dios, nuestro Padre.

Cada año –y también cada domingo- los cristianos celebramos la Pascua de Jesús y la nuestra. Pero sólo se puede celebrar esta Pascua si, de verdad, comenzamos a vivir como hombres nuevos. Que el Señor os conceda vivir así esta Pascua que ahora comienza. Muy feliz Pascua.

+ Francesc Conesa,

Obispo de Menorca

Mons. Francisco Conesa Ferrer
Acerca de Mons. Francisco Conesa Ferrer 47 artículos
Rector de la Basílica de Santa María de Elche desde 2014 Francisco Simón Conesa Ferrer nació en Elche el 25 de agosto de 1961. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario diocesano y fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1985. Es doctor en Teología (1994) y en Filosofía (1995) por la Universidad de Navarra. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Orihuela-Alicante, donde ha desempeñado los siguientes cargos: vicario parroquial de la parroquia ilicitana de Nuestra Señora del Carmen (1985-1987), de la Inmaculada de San Vicente del Raspeig (1994-1996) y de Nuestra Señora de Gracia de Alicante (1997). Desde 1998 al 2014 fue el vicario general de la diócesis. En la actualidad es profesor del seminario diocesano, donde imparte Filosofía del Lenguaje y Teología Fundamental, desde 1992; profesor asociado de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, desde 1994; canónigo magistral de la Catedral de Orihuela, desde 2001; y rector de la Basílica de Santa María de Elche, desde 2014. Fue nombrado prelado de honor de su Santidad en el año 2012.