La entrada en Jerusalén

Mons. Jaume Pujol           El Domingo de Ramos celebramos la entrada de Jesús en Jerusalén, que aun siendo la última vez que allí acudía, fue la primera en la que se deja aclamar como el Mesías deseado. Mucha gente salió al encuentro del Señor y sus apóstoles, extendiendo sus mantos en el suelo y agitando hojas de palma y ramas de olivo, escena que recuerdan peregrinos de todo el mundo que llegan por estas fechas a la Ciudad Santa.

Los Evangelios nos cuentan que Jesús cabalgaba en un pollino prestado. No escogió un caballo de raza, elegante y vistoso, como los que montaban los generales romanos cuando entraban en una ciudad bajo el arco del triunfo, al regresar de una batalla victoriosa. Jesús quiso para él un humilde asno, también para que se cumpliera la profecía mesiánica de Zacarías: «Salta de gozo, Sión; ¡alégrate, Jerusalén! Mira que viene tu rey, justo y triunfador; pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna» (Zac 9,9).

Chesterton dedicó un bello poema, The Donkey, a este asno: «Vagabundo andrajoso de la tierra, trabajando sin fin he de vivir, sufriendo hambre y desprecio […] y siempre mudo me guardo mi secreto para mí, porque vosotros olvidáis mi hora, que fue inmortal, tremenda y dulce. Allí alzaban todos a mi paso palmas y aleluyas al Hijo de David.»

Jesús de Nazaret entró en Jerusalén en medio de la alegría popular, pero sabiendo que iba al encuentro de su Pasión redentora por nuestros pecados. Es un pensamiento que hemos de tener estos días. Cuenta santa Teresa de Jesús que, un día, entró en el oratorio y vio una imagen del Señor lleno de heridas, y se quedó impactada. Ella misma dice que el corazón parecía como si se le partiera. Se arrojó junto a Él y empezó a llorar mientras pedía al Señor que le fortaleciera para no ofenderle nunca más.

En la puerta de esta Semana Santa miremos a Jesús, meditemos sobre estos días previos a su muerte y resurrección y hagamos firmes propósitos de gratitud y de conducirnos de acuerdo con los deseos de quien dio su vida en rescate nuestro.

Las diversas procesiones que recorren nuestras calles, desde la del Borriquillo hasta la impresionante del Viernes Santo, no solamente son manifestaciones artísticas con gran seguimiento popular y una tradición de siglos; son también ocasión de que renovemos nuestra piedad, de que le digamos al Señor que nos guiaremos por sus enseñanzas no solo en esta semana sino durante todo el año. De este modo viviremos en la felicidad que él nos conquistó con su dolorosa pasión.

 

† Jaume Pujol Balcells

Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado
Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei.CARGOS PASTORALESFue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad.Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión.Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc.El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004.Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.