“El más grande acontecimiento de la historia del mundo: La pasión, muerte y resurrección del Redentor de la humanidad.”

Mons. Rafael Zornoza             Pasan las semanas de esta Cuaresma y nos acercamos a la Semana Santa. Muchos llevan tiempo preparando sus procesiones y poniendo todo a punto. Pero, también hemos de hacerlo interiormente.  Se trata del tiempo más sagrado del año litúrgico, la semana más venerable del año, la Semana Mayor, como decían los cristianos de los primeros siglos. “No porque tenga más días que las demás –comentaba San Juan Crisóstomo—, ni porque los días tengan mayor número de horas, sino por la grandeza de los misterios que en ella se celebran”. Nosotros la llamamos Semana Santa por la santidad de los sucesos que en ella se conmemoran, y porque sus días son días de santificación. En efecto, en ella libró Jesucristo a los hombres de la tiranía del demonio; en ella satisfizo plenamente por nuestros pecados; en ella instituyó el sacrificio del altar.

La Semana Santa es el fin de un recorrido, es el momento culminante de nuestra peregrinación anual, el Santo de los Santos de la liturgia, porque nos introduce en la Pascua. De ella nace todo el año litúrgico; históricamente, es el núcleo central; litúrgicamente, es la finalidad última. La Semana Santa está consagrada al recuerdo de la Pasión y Resurrección del Señor, dos hechos inseparables. La obra redentora de Cristo no se acaba con su muerte, sino que se prolonga con la victoria de la resurrección. La Pasión del Señor es el camino que conduce a su triunfo. La liturgia de esta semana no tiene, por otra parte, únicamente el aspecto sombrío que solemos considerar, sino que a él se junta el acento de exaltación y de regocijo, que salta a la vista aun en los momentos más trágicos: en las palmas de la procesión de los Ramos; con la conmemoración de la Cena Eucarística; con la adoración de la Cruz; con la bendición del fuego y del cirio. El misterio pascual se celebra en la Iglesia cada domingo, pero una vez al año se conmemora y revive con particular solemnidad. “La santa madre Iglesia -leemos en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia- considera deber suyo celebrar con un sagrado recuerdo, en días determinados a través del año, la obra salvífica de su divino Esposo. Cada semana, en el día que llamó “del Señor”, conmemoramos su Resurrección, que una vez al año celebra también, con su Santa Pasión, en la máxima solemnidad de la Pascua” (SC nº 102).

La celebración anual del Misterio pascual, al que nos ha ido preparando la Cuaresma, culmina en la Vigilia pascual, pero se extiende a toda la semana que precede al domingo de Resurrección. Esta Semana, rica en textos impresionantes del Antiguo y Nuevo Testamento y en signos e imágenes vivas, se distingue netamente de todas las demás. Ocupa a toda la comunidad eclesial en celebraciones sagradas. Ante nuestros ojos se desarrolla, con dramatismo emocionante, el más grande acontecimiento de la historia del mundo: La Pasión, muerte y resurrección del Redentor de la humanidad.

Preparémonos desde ahora viviendo la liturgia y leyendo la Pasión. Al final del camino cuaresmal entraremos en el clima mismo que Jesús vivió entonces en Jerusalén. Queremos despertar en nosotros la memoria viva de los sufrimientos que el Señor padeció por nosotros y prepararnos para celebrar con alegría la verdadera Pascua en la que la Iglesia celebra la fiesta que constituye el origen de todas las fiestas. Que el camino que comenzó considerando las cenizas, lo caduco de nuestra vida, acabe convertido en el fuego de la Vigilia Pascual, luz y amor para el mundo entero. El amor es más fuerte que el odio, ha vencido y tenemos que asociarnos a esta victoria del amor. Por tanto, tenemos que volver a comenzar a partir de Cristo y trabajar en comunión con él por un mundo basado en la paz, en la justicia y en el amor.

+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.