Bendito el que viene

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Mons. Francisco Conesa           Queridos diocesanos: Cuando las gentes de Jerusalén y los discípulos de Jesús salieron a recibirle le aclamaron con las palabras del salmo 118: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!” Son palabras con las que se daba la bienvenida a los peregrinos cuando entraban en Jerusalén o cuando llegaban al templo. La segunda parte de este versículo añade: “Os bendecimos desde la casa del Señor”. Era una bendición que los sacerdotes daban a los peregrinos.

Pero en aquella ocasión estas palabras tuvieron un significado especial, porque sirvieron para que la muchedumbre aclamara al Nazareno como Mesías de Israel. Tenían la esperanza de que aquel Profeta instaurara de nuevo el reino de David y, con ello, el reinado de Dios sobre Israel. Por eso acompañaron sus palabras con gestos como extender los mantos para que caminara sobre ellos y llevar en sus manos palmas y ramos. El grito “¡Hosanna!”, que originalmente se usaba para pedir ayuda, se había convertido ya en tiempos de Jesús en una aclamación de gozo. Con este grito alababan a Dios por la entrada de su Mesías a la Ciudad Santa de Jerusalén.

Nosotros nos uniremos este domingo a la aclamación del pueblo y diremos con nuestras voces y nuestro corazón: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene! “Hoy honramos a Cristo rey triunfador llevando estos ramos”, dirá el sacerdote. Con las palmas y ramos aclamamos a Jesús como el Mesías y reconocemos que con su muerte en cruz destruyó la muerte. Hoy se abre la semana grande de la fe cristiana, en la que tendremos la oportunidad de acompañar a Jesús en el misterio de su pasión, muerte y resurrección. Es muy importante que vivamos en silencio y recogimiento estos días, para poder vivir estos misterios con profundidad.

En la rica liturgia de estos días no recordamos sólo un acontecimiento del pasado. No somos unos nostálgicos ni unos frikis que rememoran lo que sucedió hace dos mil años. La liturgia permite que aquellos acontecimientos se hagan actuales, que lo que sucedió entonces siga actuando en nuestros días, que la salvación alcanzada por la entrega libre de Jesús en la cruz nos siga llenando de vida. Por eso la Iglesia nos enseña a acoger la presencia de Cristo con estas palabras: bendito el que viene. Así como el Señor entró en Jerusalén a lomos de un sencillo asno, así viene realmente cada Eucaristía bajo la humilde apariencia de pan y vino. Jesús viene también esta semana que comenzamos, sobre todo en la celebración del Triduo de Pascua. Está en nuestras manos acogerlo y dejar que su gracia vaya actuando en nosotros.

Pero aún debemos considerar otra cosa importante, porque Jesús no es sólo el que ha venido y el que viene, sino también el que vendrá. Jesús volverá “en poder y gloria” y ese día nosotros volveremos a repetir con el salmista: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! La celebración de la entrada de Jesús en Jerusalén nos hace mirar al futuro, esperando la consumación de nuestra salvación. Por eso en la oración de bendición de los ramos diremos: “A cuantos vamos a acompañar a Cristo aclamándolo con cantos, concédenos entrar en la Jerusalén del cielo por medio de él”.

Francesc Conesa

Obispo de Menorca

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