Tirar la primera piedra

Mons. Àngel Saiz Meneses             El evangelio del quinto domingo de cuaresma nos ofrece una nueva oportunidad de reflexionar sobre la manera como Jesús trata a las personas. En el atrio del Templo de Jerusalén, lugar donde Jesús enseñaba, los escribas y los fariseos le llevan a una mujer que había sido sorprendida en adulterio. Su intención es ponerlo a prueba, conseguir que cometa un error grave, y con ese fin le piden que juzgue a esta mujer pecadora, recordándole que la ley de Moisés preveía la lapidación para quien cometiera dicha falta. Si su respuesta contradice la ley de Moisés, está poniendo en peligro su propia vida porque le hubieran acusado de blasfemia. Si la respuesta es que se aplique la ley de Moisés y se lapide a aquella pobre mujer, quedará ensombrecida la imagen que tienen sus discípulos de un Maestro compasivo y misericordioso, que enseña a perdonar siempre. Por otra parte, también lo podrían denunciar al gobernador romano por aplicar el derecho de la pena capital, un derecho que estaba reservado a los romanos.

La situación es, pues,  complicada y dramática. Aquellos acusadores hipócritas no querían resolver una cuestión jurídica o moral, ni su objetivo principal era la lapidación de aquella mujer; en el fondo, lo que pretenden es comprometer y acusar a Jesús, y de esta manera  acabar con él. Y sucede que mientras los acusadores lo interrogan, Jesús se inclina y se pone a escribir con el dedo en el suelo, con un gesto cargado de misterio. Ante su insistencia,  Jesús se incorpora y les responde con una sentencia absolutamente inesperada y desconcertante para ellos: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra»; es decir, el que esté sin pecado, el que sea puro, el que no haya cometido falta alguna, que comience el apedreo. Jesús conoce el corazón de cada persona, ve en lo profundo de su interior, y por eso los desarma con su respuesta. Y entonces, conscientes  ellos que también son pecadores y que podrían ser condenados, uno a uno se alejan del lugar.

 Al final del texto se quedan solos Jesús y la mujer. Después de un diálogo tan breve como entrañable, no la condena por su pecado, sino que la introduce en una vida nueva: «Tampoco yo te condeno; vete y en adelante no peques más». Aunque el relato es muy sobrio en los detalles, podemos imaginar la mirada de Jesús a aquella mujer que había pecado, y después había sido humillada y convertida en objeto de escarnio público. Es la mirada del amor incondicional que se fija en la persona más allá de sus valores o méritos, más allá de su pecado, una mirada gratuita de amor eterno, que permanece siempre fiel. En otros pasajes evangélicos, la mirada a Zaqueo reavivó su esperanza, y le llevó a la conversión del corazón; a Pedro fue una mirada entristecida, pero sobre todo compasiva, una llamada a levantarse; a esta mujer sorprendida en adulterio significó devolverle su dignidad e introducirla en una nueva vida. La mirada de Jesús desde la cruz fue de entrega total, de amor y de perdón.

Hoy pedimos al Señor que nos enseñe a mirar a las personas como las mira Él; que nos enseñe a no juzgar al prójimo, a no condenar a los demás; que nos ayude a no transigir con el pecado, pero a ser comprensivos con las personas, porque todos somos pecadores ante Dios. Hoy hacemos nuestras las palabras de san Pablo que escuchamos en la segunda lectura de este mismo domingo: “Todo lo estimo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía -la de la Ley-, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe” (Flp 3, 8-9). El encuentro con Cristo cambia la vida, lo cambia absolutamente todo. No tengamos, pues, miedo a la nueva vida que Cristo nos ofrece.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa.

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.